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sábado, 17 de enero de 2026

Earthling

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

En los años noventa, David Bowie recuperó su relevancia artística tras un periodo irregular en los ochenta gracias a una reinvención consciente que lo devolvió a la vanguardia cultural, ya que asumió riesgos creativos, dialogó con la electrónica, el industrial y el arte contemporáneo, y rechazó la nostalgia fácil de sus éxitos pasados.

 

Obras como “Black Tie White Noise” y “Outside” mostraron a un artista atento a los sonidos urbanos y tecnológicos de la época, capaz de influir en nuevas generaciones sin intentar imitarlas, mientras su imagen pública pasó de icono pop a figura experimental respetada. Esta etapa consolidó a Bowie no solo como una estrella del pasado, sino como un creador dominante que entendió el cambio como motor central de su obra y reafirmó su legado como uno de los músicos más innovadores del siglo XX.

 

Después del experimental, oscuro y vanguardista “Outside”, el entusiasmo con relación a qué dirección seguiría el camaleón se encontraba en un altísimo punto. “Earthling”, lanzado en 1997, sorprendió a muchos, calló bocas y desobedeció las reglas una vez más con su energía y su producción imprudentemente detallada.

 

Se trató del primer disco del camaleón que pude comprar a tiempo, pues lo había descubierto con “Outside” un par de años antes, así que me encontraba en primera fila para comprarlo y disfrutarlo, y vaya que lo hice. Todo en él era desconocido, ajeno, incomparable… a pesar de que el público lo odio y amó por su superabundante drum and bass.

 

“Earthling” mostró a un Bowie que exploró con audacia la electrónica y el drum and bass sin perder su identidad rock, lo que dio lugar a uno de sus discos más experimentales de los noventa. Aunque no fue un éxito comercial masivo, la crítica valoró su energía, modernidad y capacidad para absorber las tendencias del momento, reafirmándolo como un artista en constante reinvención.

 

“Little Wonder”, con su fusión de ritmos electrónicos y rock, destacó como uno de los sencillos más exitosos del álbum. “Dead Man Walking”, un homenaje al rock clásico, combinó efectos electrónicos y técnicas de producción modernas, lo que permitió a Bowie reflexionar sobre el paso del tiempo. “Seven Years In Tibet”, inspirada en su interés por la cultura tibetana, incorporó loops, sintetizadores y elementos de música industrial, e incluso tuvo una versión china. Por su parte, “I'm Afraid Of Americans”, coescrita con Brian Eno y producida por Trent Rezno, consolidó su estatus como una crítica aguda de la cultura estadounidense y se convirtió en una obra emblemática de uno de los períodos más experimentales y electrónicos de Bowie.

 

Quizá no sea un clásico, pero “Earthling” es un trabajo que merece escucharse, apreciarse y coleccionarse con muchísimo entusiasmo.

 

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