Por Oscar Fernández Herrera
Sin temor a equivocarme, puedo
asegurarles, estimados lectores, que Radiohead es una de las bandas de música
alternativa más grandes que hayamos escuchado jamás. Originarios de
Oxfordshire, Inglaterra, el grupo comenzó a tocar a mediados de los años
ochenta, cuando Thom Yorke, Ed O'Brien, Phil Selway y Colin Greenwood se
reunieron para tocar juntos bajo el nombre On A Friday; posteriormente se
incorporó Jonny Greenwood y, en 1991, el grupo adoptó definitivamente el nombre
con el que lograron la perfección y el estrellato.
Después del majestuoso “OK
Computer”, lanzado en 1997, y los asombrosos “Kid A” y “Amnesiac”, grabados y
comercializados entre 2000 y 2001, Radiohead giró en diferentes direcciones
para distinguirse como una banda que ayudó a transformar la relación entre el
rock y la tecnología. “Hail To The Thief” fue un álbum que reconcilió las dos
partes de la agrupación que durante años habían parecido separarse: los cinco
músicos que tocaron juntos y el laboratorio electrónico que construyeron en el
estudio.
Resulta importantísimo señalar que,
al momento de grabar este disco, Thom Yorke sufría de una cargada ansiedad
política. Como si se tratara de una parodia de la expresión Hail to the Chief, el himno asociado a
la presidencia estadounidense, “Hail To The Thief” fue, en realidad, un trabajo
mucho más amplio, pues habló de una sensación de miedo, intolerancia,
propaganda, manipulación y pérdida de control que se intensificó después del 11
de septiembre y durante la llamada “guerra contra el terrorismo”. Por ello, el
título funcionó porque resumió precisamente esa contradicción: una frase
solemne, casi patriótica, aplicada a una situación absurda y perturbadora.
Contrario a los larguísimos
procesos de grabación de “Kid A” y “Amnesiac”, “Hail To The Thief” se registró
en un tiempo récord. En lugar de construir las canciones pieza por pieza
durante meses, capturaron interpretaciones completas sin recurrir a las
sobregrabaciones.
El álbum, uno de los más extensos
en su discografía, abrigó un montón de elementos: rock, electrónica,
ambientación, baladas, guitarras, ritmos programados, canciones agresivas,
momentos casi infantiles y otros directamente amenazantes. Todo resultó un
tanto desigual, aunque la prensa y el público aceptaron a “Hail To The Thief”
con todo y sus detrimentos.
Los temas que sobresalieron fueron
“2 + 2 = 5”, que tomó la idea orwelliana de aceptar una falsedad como verdad
para transformarla en un gran arranque; “There There”, una pinche rolototota
con su percusión escalonada, guitarras estridentes y atmósfera hipnótica; “A
Wolf At The Door”, una canción inquietante en la que Yorke abandonó el canto
convencional para recitar casi como si estuviera contando una pesadilla; “Sail
To The Moon”, quizá el tema más sobresaliente; “Where I End And You Begin”, con
bajo contundente, electrónica, guitarra y una tensión que nunca termina de
resolverse; y “Mixomatosis”, con su riff de guitarra, pero que está construido
alrededor de un sonido de bajo sintetizado.
Con una portada tan seductora como
desagradable al mismo tiempo, este discazo nos mostró un mapa que se parece a
una ciudad gobernada por señales. Cada palabra atrapó nuestra atención. Cada
anuncio prometió, amenazó o vendió algo. Y en medio de ese ruido aparecieron
palabras asociadas a las preocupaciones de Yorke.
Imperfecto, pero tremendamente
humano, “Hail To The Thief” es un trabajo que debe revalorarse cada vez más.
Uno de mis favoritos, sin lugar a dudas.

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