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sábado, 13 de junio de 2026

Meddle


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Pink Floyd fue una de las bandas más influyentes en la historia del rock, conocida por combinar experimentación sonora, letras filosóficas y grandes espectáculos visuales. Alcanzó fama mundial con álbumes como “The Dark Side Of The Moon”, “Wish You Were Here” y “The Wall”, que se consideran clásicos del rock progresivo. A Roger Waters y compañía los conocí, cómo no, gracias a mi hermano.

 

Etiquetado como una obra de transición, “Meddle” logró equilibrar su pasado psicodélico y experimental con la ambición compositiva que caracterizaría a sus discos posteriores. Sofisticado y transgresor, este álbum representó el acercamiento de la banda a la sofisticación sonora de sus clásicos de los setenta.

 

Pese a algunos tropiezos como “Seamus”, aquí brillaron canciones como “Fearless”, “One Of These Days” y “Echoes”, considerada como la obra maestra de “Meddle”. Sin lugar a dudas, significó una ruptura con relación al rock típico de la época.

 

Lo más interesante de “Meddle” es que nos permitió escuchar a una banda que, poco a poco, descubrió su propia identidad. Cada tema aportó una pieza distinta a ese proceso: desde la energía inquietante de “One Of These Days” hasta la serenidad de “Fearless”, Pink Floyd demostró una confianza creciente en su capacidad para crear paisajes sonoros complejos y envolventes. No fue un álbum tan inmediato como sus obras más célebres, pero precisamente ahí residió gran parte de su encanto.

 

La experiencia culminó con “Echoes”, una composición monumental que ocupó toda la segunda cara del disco y que anticipó muchas de las ideas que la banda desarrollaría en los años siguientes. Sus cambios de atmósfera, pasajes instrumentales y momentos de tensión convirtieron a la canción en un viaje emocional que recompensó la escucha atenta.

 

Por ello, más que un simple puente entre etapas, “Meddle” puede entenderse como el primer gran indicio de la grandeza que Pink Floyd alcanzaría durante la década de los setenta.

Marilyn Monroe a cien años de su nacimiento


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Hablar o escribir de Marilyn Monroe es casi referirse al símbolo sexual por excelencia del cine. Error fatal: detrás de esa mujer hermosa hubo una mente inteligente que se esforzó, desde sus orígenes humildes, por llegar a ser un ícono de Hollywood y que fue una luchadora incansable contra las injusticias que le tocó vivir y presenciar en su tiempo.

 

Marilyn Monroe nació en Los Ángeles el 1.º de junio de 1926. Tuvo una infancia inestable que transcurrió entre orfanatos y hogares temporales, y se casó por primera vez a los 16 años. Fue descubierta accidentalmente por un fotógrafo mientras trabajaba en una fábrica. A partir de ahí comenzó a modelar como chica pin-up. Hubo que hacer sacrificios: se divorció y cambió su cabello castaño por el rubio platinado con el que saltó al estrellato. Su primer contrato llegó con Fox y, antes de cumplir los treinta años, ya era una estrella mundial.

 

En un mundo misógino que intentó demeritar su trabajo, en 1950 se negó rotundamente a trabajar en el musical The Girl in Pink Tights por considerar mediocres sus líneas en el guion. Además, ganaba mucho menos que el protagonista masculino, que era nada más y nada menos que Frank Sinatra. También, medio siglo antes del movimiento #MeToo, denunció a productores, representantes y otras figuras de la industria por abusar de su estatus y poder al ofrecer oportunidades de trabajo a jóvenes a cambio de favores sexuales.

 

Monroe era consciente de su atractivo físico. Odiaba la forma en que era catalogada y estereotipada, pero supo aprovechar esa tipificación de manera muy inteligente. Su enorme popularidad también contribuyó a ello, y citó la siguiente anécdota para ejemplificarlo. En 1954 obligó a los dueños del club nocturno Mocambo, en Hollywood, a cumplir un contrato con la cantante Ella Fitzgerald que amenazaban con romper. Ella llamó personalmente al propietario del local y le pidió que no anulara el contrato, sino que contratara de inmediato a la cantante. Además, le aseguró que, si lo hacía, ella ocuparía una mesa en primera fila todas las noches. Y eso fue exactamente lo que sucedió. Vaya paradoja: una mujer rubia enfrentándose al racismo, pero sobre todo al sexismo y al clasismo. Eso era tener empatía, conciencia social y feminismo. Recordemos que hablamos de los años cincuenta y de un contexto social muy diferente al actual.

 

¿Cómo hubiera sido la participación de Monroe en los años sesenta, una década agitada y de grandes cambios? No le tocó presenciar plenamente la lucha por los derechos civiles; posiblemente hubiera participado activamente en el movimiento. ¿O qué postura habría tomado ante la infame guerra en el sudeste asiático? Jamás lo sabremos.

 

La artista, que enamoró a la leyenda del béisbol Joe DiMaggio y cantó el "Feliz cumpleaños" al presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden, falleció el 4 de agosto de 1962, a los 36 años, por una sobredosis de barbitúricos.

Rock de garage


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Este género nació durante los años sesenta, aproximadamente entre 1963 y 1964. Muchos consideran que fue la respuesta norteamericana a la invasión británica; a mi parecer, no. Más bien, los grupos ingleses provocaron la inspiración para que estos jóvenes conocieran su propia música, aquella que de alguna manera habían ignorado u olvidado: el blues, el R&B y el rock and roll. Los jóvenes ingleses, por el contrario, escucharon, apreciaron y, por supuesto, hicieron versiones de estos temas. Los oyentes norteamericanos compraron los discos de The Beatles, The Rolling Stones, The Kinks, The Who y The Animals, pero también se dieron a la tarea de buscar aquellas viejas canciones en las versiones de sus intérpretes originales.

 

Pero no solo se conformaron con los discos; también sintieron la necesidad de interpretar esa música. Así fue como nacieron miles de bandas garageras, conocidas o denominadas de esa manera porque la gran mayoría ensayaba en el garaje de la casa paterna. En estas condiciones surgió un sonido amateur, nada profesional, pero a la vez una música cruda y energética, casi siempre grabada de manera casera o en estudios independientes que tenían una calidad lo-fi que se convertiría en la marca distintiva del género. Con el tiempo, esta se convertiría en una expresión de rebeldía juvenil.

 

La gran mayoría de estas bandas no obtuvo más que un reconocimiento local. Agrupaciones como The Sonics, ? and The Mysterians, The Electric Prunes, The Standells, 13th Floor Elevators y, por supuesto, The Kingsmen, que con "Louie Louie" quizá fueron la excepción, alcanzaron la fama a nivel nacional e internacional con su versión del tema de Richard Berry. Llegaron a tener tanta notoriedad que incluso el FBI los siguió de cerca e interpuso una demanda contra la agrupación por considerar inmorales las letras de la canción.

 

La semilla estaba sembrada y empezó a dar frutos rápidamente; fue imposible detenerla. El rock de garage es más que un estilo o una etiqueta: es una actitud. Fue el desahogo de una generación de jóvenes que, en su gran mayoría, no tenía ninguna formación musical; sin embargo, tenía energía, rabia, pasión y entusiasmo, y no estaba dispuesta a tolerar basura como la de Ricky Nelson, Pat Boone, Paul Anka y demás baladistas que no los representaban en lo absoluto.

 

El gran periodo del rock de garage se dio entre 1964 y 1968. Sin embargo, con el paso de los años fue el germen de otros movimientos, como el proto-punk, el glam, el punk, el post-punk, el grunge y el indie, además de todos los revivals que ha tenido a lo largo de diferentes décadas.

sábado, 23 de mayo de 2026

Standing On A Beach. Felices cuarenta años


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Quizás fue el primer disco que escuché de The Cure; debió ser a finales de la década de los 80, por ahí del 89. Un vecino lo tenía en elepé. No recuerdo que haya sido un gran fan de la banda, pero pues lo tenía, y es fácil de deducir: es una de las pocas compilaciones que hay. Hay que aclarar que, contrario a lo que la gran mayoría de la gente piensa, no se trata de una recopilación de grandes éxitos, sino que es un compilado de los singles o sencillos que publicó la banda desde 1979 hasta 1985, y se trata de uno de los pocos discos de ese tipo que encontrarás en las listas de publicaciones especializadas en música. Es prácticamente la entrada al mundo de Robert Smith y compañía; casi puedo asegurar que la gran mayoría de los que hoy gustan del sonido de The Cure los conocieron por este disco.

 

Y yo no fui la excepción. Como decía líneas arriba, un vecino tenía el acetato. Escarbando en su colección encontré “Standing On A Beach”; me llamó poderosamente la atención por la portada: es un hombre de tercera edad que está sobre un paisaje desolado, frío y nublado. Me preguntó: “¿Los conoces?”. Respondí que no, a lo que de inmediato mi amigo lo puso en el tocadiscos y sonó “Boys Don’t Cry”, y pues desde ahí empezó mi amor por The Cure.

 

Con el paso de los años fui adquiriendo discos, casetes, bootlegs, posters, recortes de revistas (tenía amigas que compraban revistas y, si había una noticia o reportaje de la banda, me lo mostraban y en muchas ocasiones me regalaban las fotografías que traía la revista), playeras, películas y, obvio, ir a conciertos. Pero además de eso, el gusto por la música de The Cure ha ocasionado conocer gente lindísima que también aprecia y gusta de la banda oriunda de Crawley, Inglaterra.

 

Este mítico disco salió publicado en mayo de 1986. En ese momento se podía conseguir en dos formatos: elepé y casete, y con el paso de los años pasaría al formato CD. El elepé o acetato es la versión más sencilla; su versión en disco compacto incluye cuatro temas que no se incluyeron en el LP y, por cierto, salió con un nombre distinto: “Staring At The Sea”.

 

Pero la verdadera joya, y casi diría el Santo Grial, hoy en día prácticamente no se puede conseguir: es el formato casete, porque además de contener las canciones del elepé incluía doce caras B que, hasta 2004, con la publicación del box set “Join The Dots: B - Sides & Rarities”, no se conseguían tan fácilmente. Por cierto, en este formato se titulaba “Standing On A Beach – The Singles (And Unavailable B - Sides)”. Esta presentación la compré alrededor de 1993 o 1994 y fue un golpe de suerte: fue en Mixup de Plaza Lindavista. Fui de cacería de discos con mi amigo Ademir Villalobos, otro fan de La Cura, y pues al estar revisando los estantes lo encontré. No recuerdo el precio, pero aún lo sigo conservando.

 

Aparte de la buena selección de temas que tiene el disco, también posee una de las portadas más icónicas. Contrario a lo que se cree o se piensa, el señor que aparece en la portada no es el padre de Robert Smith; se trata de un pescador de nombre John Button, ya un hombre jubilado que accedió a prestar su imagen para “ayudar a estos jóvenes”, y también accedió a salir en el videoclip de “Killing an Arab”. La fotografía y el video tuvieron como escenario un día gris en la playa de Budleigh Beach, en Devon, Inglaterra.

 

El disco se publicó para conmemorar los diez años de fundación de la banda. Es, por excelencia, el disco que uno debe escuchar para poder sumergirse en los sonidos de The Cure; muy recomendable.

Michael Jackson: The Stripped Mixes


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Michael Jackson fue el responsable de mi amor desmedido por la música, pues gracias a él aprendí a estimar una obra sonora, atesorarla y, si era posible, compartirla. ¿Quién lograría resistirse a genialidades como “Thriller” o “Dangerous”? Yo no; y si bien mi curiosidad por este arte creció al punto de descubrir a otros genios, le guardo un lugar muy especial en mi corazón.

 

Con el fatídico deceso de El Rey del Pop en 2009, apareció “The Stripped Mixes”, una colección de éxitos “desnudos” de la era Motown que confrontó a críticos y a fanáticos por su infortunada notabilidad. Las críticas se centraron en la eliminación de las instrumentaciones, lo que dejó a grandes clásicos, como “I Want You Back” y “ABC” con una sensación “incompleta” y algo simplona.

 

El oportunismo también fue un aspecto que numeraron tanto la prensa como el público, pues calificaron de mal gusto su comercialización poco tiempo después de la muerte del gran Michael Jackson.

 

Pese a lo anterior, hubo un amplio grupo de comentaristas que se mostró entusiasmado con este álbum debido a que en él se puede apreciar con creces la aptitud vocal y emocional del pequeño Michael. PR Newswire elogió “The Stripped Mixes” por “arrojar una luz fresca” sobre sus primeras interpretaciones, mientras que críticos como Jeff Dorgay, de Tone Publications, señalaron que el material ofreció una mirada poco común a clásicos de los Jackson 5 y recomendaron el disco incluso a oyentes no fanáticos.

 

Una colección agradable, con reinvenciones tan placenteras como las de “I’ll Be There”, “Never Can Say Goodbye”, “Got To Be There”, “ABC” y, por supuesto, “I Want You Back”.

Revueltas: El pensador y luchador social por excelencia


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Supe de la existencia de este gran mexicano al leer que fue una figura importante y de inspiración; es considerado el ideólogo del Movimiento Estudiantil Mexicano de 1968.

 

José Maximiliano Revueltas Sánchez, conocido como José Revueltas (Santiago Papasquiaro, Durango, 20 de noviembre de 1914), fue un escritor, filósofo, revolucionario y activista político mexicano, reconocido por obras como El apando, Los muros de agua y El luto humano, entre otras, además de su trabajo como guionista durante la llamada Época de Oro del cine mexicano. En su haber tuvo alrededor de 18 películas en las que trabajó con el enorme Roberto Gavaldón.

 

Pero, sin duda, lo que me sedujo de él fue su activismo político. Era un comunista declarado, pero no el clásico comunista que pensaba que los obreros y campesinos desfilaban a gusto y sonrientes, cantando “La Internacional” y complacidos por las victorias que tanto cacareaban los dirigentes y pensadores del Partido Comunista Mexicano. Revueltas criticó estas posturas y alentó a que en verdad se luchara por los desfavorecidos; fue la voz de los marginados y cuestionó sin concesiones las estructuras de poder y las certezas ideológicas, sin importar si se trataba del Estado o de su propia organización. Esto le valió una separación total del Partido Comunista Mexicano.

 

Al salir de esta organización, decidió trabajar en el cine, pero sin abandonar sus ideales.

 

A finales de los años cincuenta decidió volver a la militancia. Fiel a sus ideas y convicciones, se dio cuenta de que las luchas obreras y campesinas habían sido derrotadas; entonces volteó a ver otro terreno fértil, ávido de cambios, donde las ideas fluían y empataban con las suyas. Por ello decidió juntarse, dialogar y debatir con el estudiantado. Ya eran los años sesenta, la década de los grandes cambios.

 

Revueltas participó, siguió puntualmente el movimiento del 68 y reflexionó sobre su significación como un fenómeno social que fue más allá de sus resonancias inmediatas y nacionales. En México 68: juventud y revolución pueden leerse ensayos preparados por el escritor sobre el movimiento estudiantil, y se aprecia lo sucedido durante esos días, además de denunciar las atrocidades que el Estado cometió contra estudiantes y luchadores sociales.

 

Debido a sus ideas y acciones políticas, a los 15 años fue recluido en una correccional; también estuvo preso dos veces en las Islas Marías y, entre noviembre de 1968 y mayo de 1971, fue encarcelado en el Palacio Negro de Lecumberri por su participación en el movimiento estudiantil. De esos oscuros días en Lecumberri escribió su novela El apando.

 

Al salir del siniestro Palacio Negro, su salud se mermó demasiado; le costó mucho integrarse a la vida pública y finalmente, el 14 de abril de 1976, falleció el gran José Revueltas.

 

Independientemente de la militancia que siempre mostró durante su vida, Revueltas enriqueció la literatura mexicana a través de novelas, cuentos, poesía, periodismo y ensayo político. Obras como Los muros de agua, Luto humano, Dios en la tierra, México: democracia bárbara y, obviamente, El apando. De esta última, por cierto, surgió la película dirigida en 1973 por Felipe Cazals, con guion de otro gran escritor, José Agustín, quien coincidió con Revueltas en Lecumberri en 1971.

 

Cómo se extraña a José Revueltas, uno de los escritores mexicanos más relevantes del siglo XX, además de haber sido un destacado líder político de izquierda, no como los “grilleros” que nos gobiernan actualmente.

Venus & Mars


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Publicado en 1975, “Venus & Mars” es otro de los discos más controvertidos de Paul McCartney y Wings debido a su malograda composición de ideas, sus saltos incoherentes y sus canciones desiguales. Curiosamente, este fue el sucesor de “Band On The Run”, la obra suprema de Macca.

 

Con todo, en él también abundan las delicias roqueras, animadas e incluso instrumentales. Quizá sea un álbum mediano, pero aun así deja ver el pulso creativo de McCartney y Wings en piezas como “Listen To What The Man Said” o la suite que abre el disco, donde la experimentación y el espíritu lúdico se imponen sobre la coherencia formal.

 

Lejos de la solidez casi impecable de “Band On The Run”, “Venus & Mars” funcionó más como un collage sonoro que alterna aciertos pegadizos con momentos dispersos y que, en conjunto, reflejó la libertad creativa —y también las tensiones internas— de una etapa trascendental en la carrera posterior a The Beatles de Sir Paul.

 

Personal y casi hogareño, este álbum supuso el desprendimiento de lo que representaba el Cuarteto de Liverpool. Le facilitó a Macca las herramientas para llegar al corazón de un público aún desconfiado y receloso, pese a momentos tan risibles como “Magneto And Titanium Man”.

 

Publicada el 16 de mayo de 1975 como sencillo principal de “Venus & Mars”, “Listen To What The Man Said” se convirtió en uno de los mayores éxitos comerciales del disco al alcanzar el número uno del Billboard Hot 100 y posicionarse también entre los primeros lugares en Reino Unido.

 

Grabada entre Nueva Orleans y Los Ángeles, la canción combinó un enfoque pop accesible con matices de soft rock y un groove característico de la época, enriquecida por la participación de músicos invitados como Dave Mason en la guitarra y Tom Scott en el saxofón. El solo de este último terminó por convertirse en un elemento decisivo de su identidad sonora.

 

La versión de lujo incluye muchísimo material adicional; no obstante, resaltan “Junior’s Farm”, un rock explosivo y enérgico; “Sally G”, un tema de estilo country grabado en Nashville con músicos locales; “4th Of July”, una balada acústica muy íntima; “My Carnival”, un ejercicio caótico y muy relajado; y “Soily”, un instrumental funk de altísimo poder.

 

“Walking In The Park With Eloise”, “Hey Diddle / Ernie Winfrey Mix” y “Bridge On The River Suite” también se encuentran entre mis favoritas.

Meddle

  Por Oscar Fernández Herrera       Pink Floyd fue una de las bandas más influyentes en la historia del rock, conocida por combinar ...