Por Edgar Fernández
Herrera
Escuché por primera vez a los Flaming Lips
por ahí de 1993 o 1994, en la radio. Lo más seguro es que haya sido en
Radioactivo 98.5 de FM; era la única onda radial donde podías escuchar este
tipo de grupos. No había muchas opciones para conocer y escuchar bandas
recientes de esos años.
Sin embargo, no recuerdo si me gustaron o no
los oriundos de Oklahoma City. En esos días estaba sumergido —unos dirán que
aún estoy— en las sonoridades oscuras de The Cure. Tendrían que pasar unos años
más para escuchar con fervor a Wayne Coyne y compañía.
Corría el año 2002 y The Flaming Lips
publicaban su décimo álbum, el flamante “Yoshimi Battles the Pink Robots”, un
disco conceptual entre comillas, ya que solo un par de canciones narran la
pelea de Yoshimi contra unos robots rosados que pretenden acabar con la
humanidad. Sin embargo, a lo largo del disco hay temas que no tienen ninguna
relación con el supuesto tema principal, pero funcionan. En una entrevista,
Coyne explica que no era la intención hacer un álbum conceptual. Él tenía la
idea y, al final, me parece que lo logró: que tuviera esa idea conceptual sin
serlo al 100%, algo así como el Sargento Pimienta de The Beatles, un disco con
un tema, pero también con melodías independientes que no contrastaran con el
producto final. Y repito, los Flaming Lips lo lograron.
El disco, en su momento y con el paso de los
años, ha sido objeto de reseñas positivas, que resaltan la capacidad de sus
letras para evocar emociones que inspiraron a músicos y muchos oyentes —me
incluyo—, con temas tan universales como el amor, la melancolía y la lucha
contra alguna enfermedad.
La pieza abridora es la fantástica “Fight
Test”, la cual tiene acordes muy similares a una canción llamada “Father and
Son”, de Cat Stevens, también conocido como Yusuf Islam por su simpatía hacia
la religión islámica. A pesar de que se le advirtió a Wayne Coyne de esta
similitud, lo ignoró por completo y así se publicó, lo que ocasionó que Yusuf
Islam facturara, hasta la fecha, pagos por derechos de autor, recibiendo el 75%
de las regalías por la canción, además de ser acreditado como coautor.
Yoshimi es un personaje real. Su nombre es
Yoshimi P-We, es amiga de la banda y fue miembro de una banda llamada Boredoms.
Y no solamente toman prestado su nombre para esta aventura; ella también
participó al prestar su voz o gritar en algunas canciones.
Yoshimi es una chica japonesa que sabe karate
y no duda en utilizarlo para defender a la humanidad de una amenaza
terrorífica. Llegan a la Tierra unos robots rosados dispuestos a aniquilar a
los seres humanos, toda una historia de cómic, pero tiene un significado más
siniestro —no sé si sea apropiado este adjetivo— y triste, y por lo cual me
“caló muy hondo” este disco. Además de ser un álbum de una gran calidad
letrística y musical, me identifiqué con la temática del disco, pues resulta
que la pelea de nuestra protagonista contra los robots es una metáfora, ya que
la lucha es contra el cáncer. El papá de Wayne Coyne sufría de un cáncer
terminal y todo ese proceso lo plasmó en las letras de un par de canciones. Yo
tenía muy poco de haber pasado por un proceso similar y, pues, no fue tan
difícil conectar con el “Yoshimi Battles the Pink Robots”.
“Yoshimi Battles the Pink Robots, Pt. 1” la
escribió durante el momento en que su padre perdía la batalla contra la
enfermedad. En la canción, ella defiende la ciudad con toda su energía, trata
de no agotarse ni perder el entusiasmo, pero empieza a notar que todos a su
alrededor la cuestionan y muy pocos le dan su voto de confianza. Para ellos, la
pelea está perdida. Aunque no recuerdo haber escuchado a algún familiar o amigo
hacer algún comentario que bajara nuestras defensas y ánimos, sin embargo, de
repente sí llegué a notar pesimismo ante la situación.
La parte 2 de esta canción, según explica
Wayne Coyne, ya que es un tema instrumental, deja la batalla abierta: todo
puede ocurrir, un triunfo o una derrota.
Pero no todo en el disco, fue sobre la
enfermedad terminal del padre de Wayne Coyne, también notaremos lazos de
amistad. Uno de los momentos más hermosos del disco lo encontramos en la
extraordinaria “Do You Realize??”. No solamente Coyne atravesaba por momentos
difíciles; Steven Drozd, baterista de la agrupación, recién había perdido a su
padre en un accidente automovilístico y, en su depresión, caía en un espiral de
drogas. La canción se le dedicó a Drozd, con una letra que lo invita a un mundo
sobrio. Ahí lo estarán esperando sus amigos para apoyarlo.
Como decíamos con anterioridad, no todo el
álbum trata de la batalla contra los robots. También encontramos canciones con
temas distintos, pero muy emocionales, como la bellísima “It’s Summertime”, que
nos remite a algún verano de nuestra niñez, al recuerdo de estar de vacaciones
con la familia o convivir con los amigos. Un tema muy simple, pero
reconfortante y nostálgico.
La producción de un álbum tan fundamental
corrió a cargo de Dave Fridmann.
En 2022, con motivo del vigésimo aniversario
y para celebrarlo con bombos y platillos, se publicó un box set que remasterizó
el disco y se complementó con B-sides, demos y presentaciones en concierto,
toda una experiencia totalizadora.
“Yoshimi Battles the
Pink Robots” es una joya de la música de este nuevo milenio, un disco de gran
calidad que muestra lo poderoso que puede ser el pop bien trabajado. Por esta
razón y, además, por identificarme en una cuestión muy personal, se convirtió
en un álbum fundamental en mi vida.



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