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sábado, 5 de septiembre de 2026

Hail To The Thief


 Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Sin temor a equivocarme, puedo asegurarles, estimados lectores, que Radiohead es una de las bandas de música alternativa más grandes que hayamos escuchado jamás. Originarios de Oxfordshire, Inglaterra, el grupo comenzó a tocar a mediados de los años ochenta, cuando Thom Yorke, Ed O'Brien, Phil Selway y Colin Greenwood se reunieron para tocar juntos bajo el nombre On A Friday; posteriormente se incorporó Jonny Greenwood y, en 1991, el grupo adoptó definitivamente el nombre con el que lograron la perfección y el estrellato.

 

Después del majestuoso “OK Computer”, lanzado en 1997, y los asombrosos “Kid A” y “Amnesiac”, grabados y comercializados entre 2000 y 2001, Radiohead giró en diferentes direcciones para distinguirse como una banda que ayudó a transformar la relación entre el rock y la tecnología. “Hail To The Thief” fue un álbum que reconcilió las dos partes de la agrupación que durante años habían parecido separarse: los cinco músicos que tocaron juntos y el laboratorio electrónico que construyeron en el estudio.

 

Resulta importantísimo señalar que, al momento de grabar este disco, Thom Yorke sufría de una cargada ansiedad política. Como si se tratara de una parodia de la expresión Hail to the Chief, el himno asociado a la presidencia estadounidense, “Hail To The Thief” fue, en realidad, un trabajo mucho más amplio, pues habló de una sensación de miedo, intolerancia, propaganda, manipulación y pérdida de control que se intensificó después del 11 de septiembre y durante la llamada “guerra contra el terrorismo”. Por ello, el título funcionó porque resumió precisamente esa contradicción: una frase solemne, casi patriótica, aplicada a una situación absurda y perturbadora.

 

Contrario a los larguísimos procesos de grabación de “Kid A” y “Amnesiac”, “Hail To The Thief” se registró en un tiempo récord. En lugar de construir las canciones pieza por pieza durante meses, capturaron interpretaciones completas sin recurrir a las sobregrabaciones.

 

El álbum, uno de los más extensos en su discografía, abrigó un montón de elementos: rock, electrónica, ambientación, baladas, guitarras, ritmos programados, canciones agresivas, momentos casi infantiles y otros directamente amenazantes. Todo resultó un tanto desigual, aunque la prensa y el público aceptaron a “Hail To The Thief” con todo y sus detrimentos.

 

Los temas que sobresalieron fueron “2 + 2 = 5”, que tomó la idea orwelliana de aceptar una falsedad como verdad para transformarla en un gran arranque; “There There”, una pinche rolototota con su percusión escalonada, guitarras estridentes y atmósfera hipnótica; “A Wolf At The Door”, una canción inquietante en la que Yorke abandonó el canto convencional para recitar casi como si estuviera contando una pesadilla; “Sail To The Moon”, quizá el tema más sobresaliente; “Where I End And You Begin”, con bajo contundente, electrónica, guitarra y una tensión que nunca termina de resolverse; y “Mixomatosis”, con su riff de guitarra, pero que está construido alrededor de un sonido de bajo sintetizado.

 

Con una portada tan seductora como desagradable al mismo tiempo, este discazo nos mostró un mapa que se parece a una ciudad gobernada por señales. Cada palabra atrapó nuestra atención. Cada anuncio prometió, amenazó o vendió algo. Y en medio de ese ruido aparecieron palabras asociadas a las preocupaciones de Yorke.

 

Imperfecto, pero tremendamente humano, “Hail To The Thief” es un trabajo que debe revalorarse cada vez más. Uno de mis favoritos, sin lugar a dudas.

We Started Nothing


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

The Ting Tings es un dúo inglés formado por Katie White y Jules De Martino que surgió de Dear Eskiimo, un proyecto con una orientación trip hop que llegó a firmar con Mercury Records, pero que terminó desapareciendo sin publicar el álbum que se esperaba de él. Después de que la pareja se instalara en Islington Mill, una antigua fábrica de algodón de Salford convertida en comunidad artística, ambos compusieron, ensayaron y grabaron “We Started Nothing”, el material discográfico que los llevó al estrellato en 2008.

 

Con la ayuda de una computadora con GarageBand, un par de amplificadores, guitarras, una batería y un teclado, registraron sus propias maquetas y las pusieron en MySpace. No hicieron las cosas como se suponía que debían hacerse. En lugar de esperar a que una compañía discográfica les dijera qué canciones grabar, cómo presentarse o qué imagen vender, tomaron el control de la situación.

 

El proceso tuvo algo casi artesanal. Su música comenzó a circular antes de que existiera una verdadera campaña discográfica detrás de ellos. Publicaron material en cantidades muy pequeñas y organizaron fiestas y conciertos en Islington Mill. La respuesta del público fue inmediata, y entonces aparecieron los representantes de compañías discográficas entre el público.

 

Esto también explicó muy bien el título de “We Started Nothing”. No fue simplemente una frase ingeniosa, pues reflejó la sensación de haber empezado sin el respaldo de nadie. El disco se grabó con tremenda rapidez, ya que The Ting Tings quería mantener la energía de una idea cuando todavía estaba fresca.

 

Todo cambió con “That’s Not My Name”, una rola de Dear Eskiimo que De Martino apreciaba muchísimo por razones personales. No hablaba de que alguien confundiera su nombre, sino de la sensación de ser ignorado, etiquetado o tratado como alguien que no tiene voz propia.

 

Cuando “We Started Nothing” llegó a las tiendas, la recepción fue positiva, aunque no unánime ni universal. El crítico Alexis Petridis consideró que el dúo, con rolas como “That's Not My Name”, “Great DJ” y “Shut Up And Let Me Go”, demostró una capacidad extraordinaria para fabricar pop inmediato, pero encontró que algunas de sus canciones restantes eran menos contundentes.

 

Con todo, el álbum llegó al mercado estadounidense, donde se posicionó bastante bien. Como resultado, The Ting Tings se fueron de gira por todo el mundo.

 

Les recomiendo “That’s Not My Name”, un temazo en el que la frustración de White con la industria se hizo súper viral gracias a un estribillo casi infantil, repetitivo y tremendamente efectivo; “Great DJ”, una fusión de percusión, guitarra, electrónica y actitud juguetona que resumió muy bien esa mezcla entre indie, dance y pop; “Shut Up And Let Me Go”, un exitazo que escaló alto en las listas de popularidad; “Fruit Machine”, una canción que representó el espíritu do it yourself que está detrás del disco; y “We Walk”, un tema que gozó de un carácter más melancólico y que funcionó como contrapunto dentro del disco.

 

Quizá “We Started Nothing” no alborotó el panorama del pop internacional, pero vaya que lo disfrutamos en aquel momento. Fue y sigue siendo un trabajo explosivo, desenfadado y contundente.

Timeless


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

El fandom esperó con ansiedad la reedición de “Parade”, debido a que cumplía cuarenta años desde su primera aparición y, tristemente, también coincidía con el décimo aniversario luctuoso de Prince, un auténtico genio de la música que se caracterizó, entre otras cosas, por la desmedida cantidad de canciones que grabó antes de morir en 2016. Por ello, el anuncio de “Timeless” dividió a la comunidad de fanáticos y generó opiniones bastante divididas.

 

“Timeless” no es un disco que el Genio de Minneapolis haya concebido como tal. Se trata de una obra póstuma que se construyó a partir de grabaciones procedentes de diferentes momentos de su vida. El concepto consistió en seleccionar diez piezas que facilitaran un recorrido por casi cuatro décadas de transformación sonora: desde 1977, cuando Prince apenas tenía 19 años, hasta 2016, pocos meses antes de su muerte.

 

Por ello, el álbum reunió nueve grabaciones de estudio y una actuación en directo. La compilación fue producida por L. Londell McMillan, Charles F. Spicer Jr. y Chris James, mientras que James, antiguo ingeniero de Prince, se encargó de la mezcla y masterización. Tora Bliss figuró como responsable de la dirección artística. Es importante decir que los temas nacieron con propósitos muy diferentes, pues algunos fueron descartados de proyectos concretos; otros estaban destinados a otros artistas; alguno fue posteriormente regrabado y publicado; otro es una actuación de su última gira.

 

Pese a lo interesante del proyecto, “Timeless” resultó una obra dispar e insuficiente, pues no posee la cohesión natural de una producción concebida por su autor. La prensa ya señaló esa tensión. Rockol, por ejemplo, consideró que el orden cronológico tiene sentido precisamente porque permite reconstruir sintéticamente la carrera de Prince, aunque reconoció que diez canciones son pocas teniendo en cuenta la magnitud del archivo. Quizá la mejor forma de escucharlo sea como una ventana abierta a su increíble proceso creativo.

 

Escuchamos, en el lado uno, “I Am You”, una grabación de 1977 que se trabajó en los estudios Sound 80, en Minneapolis, y que sobresale por sus elementos: funk, sensualidad, cambios de dinámica y una sorprendente seguridad musical para alguien que apenas comenzaba; “Tick Tick Bang”, una pista de la era de “Controversy”, mucho más cruda y enérgica que la versión que apareció en “Graffiti Bridge”, casi diez años después; “Heaven”, una de las mejores canciones del proyecto y que data de la época de “Around The World In A Day”; “I Wonder”, un temazo que se remonta a una época de enorme actividad creativa alrededor de los soundtracks de “Batman” y “Graffiti Bridge”; y “With This Tear”, una hermosa balada grabada en Paisley Park en noviembre de 1991, con él a cargo de las voces y prácticamente toda la instrumentación. Posteriormente, la canción fue regrabada por Céline Dion con sus propios músicos y apareció en su álbum homónimo de 1992.

 

En la segunda cara de esta discutida propuesta sonora, escuchamos “Stone”, un track trabajado a partir de una composición de Sandra St. Victor, Tom Hammer y Jules Van Even, cuando el geniecillo púrpura grabó “The Gold Experience”; “Calabama”, uno de los mejores temas de “Timeless”, que se grabó el 24 de junio de 2003 mientras se desarrollaba “Musicology”; “The Guilty Ones”, una rola que parcialmente emergió durante la promoción del libro “21 Nights”; “Bestest Friend”, grabada el 3 de septiembre de 2012 en Paisley Park; y “How Come You Don't Call Me Anymore?”, una interpretación en directo registrada el 4 de marzo de 2016 en el Oracle Arena de Oakland, durante la gira “Piano & A Microphone”.

 

La recepción ha sido tremendamente dispar. Por un lado, hay críticos que disfrutan la posibilidad de recorrer la carrera de Prince de esta manera. Por el otro, algunos han señalado que solo algunas canciones lograron un nivel verdaderamente sobresaliente.

 

Con todo, resulta importantísimo señalar que esta colección es un documento del proceso creativo de Prince y, sobre todo, una demostración de que su capacidad de generar ideas era tan desbordante que incluso una selección relativamente pequeña de material archivado puede ofrecer distintas versiones de él mismo.

 

El público, por otra parte, se ha mostrado entusiasmado con la oportunidad de escuchar nuevas canciones de un músico tan asombroso como Prince, aunque ha reprobado, de forma casi unánime, la portada, que partió de una fotografía de Neil Lupin, tomada durante la actuación de Prince en el Hop Farm Festival, en Inglaterra, el 3 de julio de 2011. Sin embargo, la imagen que aparece en “Timeless” fue bruscamente manipulada hasta convertir a su intérprete en una figura prácticamente silueteada. La dirección artística se atribuyó a Tora Bliss.

 

En lo personal, me sentí muy decepcionado de que no se anunciara una versión extendida de “Parade”; sin embargo, “Timeless” tiene joyitas increíbles que, sin duda, agradarán al público en general. Eso sí, aquí no escucharemos una sola obra maestra. Mis favoritas son “I Am You”, “I Wonder” y “Calabama”.

Angela Davis


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

Angela, you soon will be

Returning to your sisters and

Brothers of the world…

 

El pasado 26 de agosto, la máxima casa de estudios del país, la Universidad Nacional Autónoma de México, tuvo dentro de sus instalaciones a la filósofa, figura política de tendencia marxista y antirracista Angela Davis para una conferencia.

 

Angela Yvonne Davis nació en Birmingham, Alabama, un 26 de enero de 1944. Es conocida por su activismo político durante la década de los años 60 y por su contribución al feminismo de una manera muy particular e interesante, ya que siempre lo ha analizado desde un punto de vista marxista. Consciente desde su niñez de la segregación, se interesó y luchó por los derechos de la comunidad y de su sexo.

 

En 1969 fue expulsada de la Universidad de California, donde impartía clases de Filosofía como profesora auxiliar, al descubrirse su afiliación al Partido Comunista de los Estados Unidos, y en 1972 fue acusada de asesinato y secuestro, un caso que tuvo gran repercusión mundial y por el que recibió apoyo de numerosos activistas y artistas; tras pasar un año en prisión, fue declarada inocente en 1973. Hoy en día, sigue con su activismo firme, como hace más de 50 años.

 

Pues esta gran mujer visitó la UNAM y fue tal el impacto que la Universidad tuvo que habilitar salas y hasta una explanada por la alta afluencia; la Sala Miguel Covarrubias resultó insuficiente.

 

La conferencia tenía hora programada de inicio a las 18:00 h; hubo un retraso ante unas protestas de personas que acusaban a la UNAM de un ambiente represor. Los moderadores, al igual que el público, instaron a los protestantes a detener sus actividades y dejar que iniciara el evento. A las 18:30 h, Angela Davis, ante un aplauso generoso, inició su participación magistral sobre feminismo. También tocó el tema de los feminicidios que se sufren en México, además de invocar a las mujeres palestinas y latinoamericanas a la liberación mundial.

 

Además de Angela Davis, participó Gina Dent, académica estadounidense. Ambas son coautoras del libro Abolición, feminismo, ¡ahora!, editado por la UNAM en coedición con la librería U-Tópicas, del centro de Coyoacán.

 

Algo que quiero destacar y que me alegró demasiado es que Angela Davis elogió el poder transformador de la lectura. Pero quizás lo más fuerte, sensato e inspirador que expresó ayer esta gran mujer fue: “En una época marcada por campañas antifeministas, antigénero y con gobiernos semifascistas o fascistas en el mundo, la desesperanza no es una opción”.

 

Mujer inspiradora, ante la cual hasta grandes artistas se rindieron, como Pablo Milanés al escribirle “Canción para Angela” (1971), la hermosa “Sweet Black Angel”, de Jagger y Richards, aparecida en su gran Exile on Main St., y, por supuesto, John Lennon y Yoko Ono con “Angela”, en su flamante y bastante infravalorado elepé Some Time in New York City.

 

Esta magistral charla se puede ver en los canales de YouTube de la UNAM; les aseguro que será un gran alimento para el conocimiento y sin ningún desperdicio.

sábado, 22 de agosto de 2026

La Llorona


 

Por Oscar Fernández Herrera


Para mis padres y hermanos

 

 

 

Uno de los recuerdos más bellos de mi niñez incluye a “Mariana”, de Óscar Chávez, un relato cantado que apareció en el álbum “Mariguana”, de 1969, uno de sus éxitos que usó el enamoramiento como pretexto para construir una sucesión de disparates, conocimientos, exageraciones y fanfarronerías. Esta canción fue siempre mi preferida hasta que escuché “La Llorona”. Sin lugar a dudas, mi buen tocayo, un actor, director escénico, compositor, investigador e intérprete de música popular mexicana y latinoamericana, nos regaló música asombrosa, casi inmortal.

 

Publicado en 1972 por el sello Polydor, “La Llorona” es un disco con el que Chávez buscaba la reivindicación de la música tradicional mexicana. Para lograrlo, reunió ocho piezas relacionadas con el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca: “La Llorona”, “Úrsula”, “La Juanita”, “La Tortuga”, “Son Del ombligo”, “La Ixhuateca” y “El Gorrión Hermoso”, además de la segunda parte de la canción que da título a la producción.

 

Son pocos los datos técnicos conocidos con relación a esta obra, aunque sí se sabe que Benjamín Correa fue el director musical y el propio Óscar Chávez se encargó de los arreglos. “La Llorona” se dividió en dos caras y abrió y cerró con el tema homónimo, presentado en dos partes de más de diez minutos de duración, pues su intérprete le dio el suficiente espacio para desarrollarse.

 

El gran atractivo de este álbum es su representación artística. “La Llorona” no tiene un autor único reconocido ni una letra fija. Sus versos han ido cambiando y acumulándose a lo largo del tiempo. El investigador Rodrigo Bazán señaló que el “Cancionero Folklórico de México” cuenta con 134 coplas relacionadas con esta canción. Quizá esa fue la razón por la que Óscar se enfrentó a todo un reto: lograr una interpretación personal de un tema que pertenece a todos los mexicanos.

 

Y vaya que lo logró. El cantante le dio a “La Llorona” un trato especial, susceptible de ser ordenado, seleccionado y reinterpretado. Se la devolvió al público contemporáneo, pues. Este disco se creó más como un ejercicio de memoria que como una simple colección de adaptaciones o relecturas. Fue tal su notoriedad que después la cantaron grandes artistas, desde Chavela Vargas hasta Lila Downs.

 

Con todo y los elogios y cumplidos, en aquella época Óscar Chávez se dedicó a seleccionar versos, organizar canciones, hacer arreglos y encontrar un equilibrio entre su personalidad y la identidad de una comunidad musical para garantizar su aceptación.

 

Hay algo especialmente hermoso en que el disco se llame “La Llorona” y que la propia canción aparezca al principio y al final. Es como si Chávez hubiera construido un círculo: entramos al álbum a través de una de las melodías más conocidas de México, viajamos por otras voces del Istmo de Tehuantepec y finalmente regresamos a ella. Pero cuando vuelve a sonar, ya no la escuchamos exactamente igual.

 

En una obra tan soberbia y bellamente cuidada resaltan “La Llorona, Primera Parte”, un son solemne, íntimo y dramático; “La Ixhuateca”, una especie de “hermana siamesa” de “La Llorona” dentro de la propuesta de Chávez; “La Juanita”, una canción enérgica y puntual; “Son Del Ombligo”, que bien representa una faceta mucho más festiva; y “Úrsula”, una melodía amorosa y de alabanza a una mujer.

 

No recuerdo con precisión cuándo escuché “La Llorona” por primera vez, pero sí puedo asegurarles, estimadísimos lectores, que es uno de los álbumes de música tradicional mexicana más bellos que hay. No tiene desperdicio y su legado, se los aseguro, perdurará para siempre. Obligadísimo escucharlo con atención, curiosidad y desmedida adoración.

 

Para mí, “La Llorona” simboliza una herencia casi espiritual que mis padres me obsequiaron como una entrada segura para mi melomanía.

Nuevo


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Cada tanto me da por escuchar música y, en el proceso, descubrir artistas originales y sorprendentes. Un día, mientras curioseaba en los anaqueles de Mix Up, la legendaria tienda de discos de la Colonia Juárez, en la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX, me topé con “Nuevo”, de Kronos Quartet, un cuarteto de cuerdas estadounidense con un formato abierto prácticamente a cualquier música.

 

Quizá fue su portada, que emulaba el papel picado que tanto se usa en el Día de Muertos, o quizá porque en él podías escuchar un tema llamado “Gallardo: Chavosuite”, que homenajeaba y reinterpretaba las melodías que muchos latinoamericanos disfrutamos cuando nos sentábamos a ver “El Chavo del 8”, pero compré el disco sin titubear. ¡Vaya sorpresa que me llevé al escucharlo por primera vez!

 

Fundado en 1973 por el violinista David Harrington, Kronos Quartet ha trabajado con compositores contemporáneos como Philip Glass, Steve Reich, Terry Riley, Osvaldo Golijov y muchos otros, pero también ha llevado a su propio lenguaje obras de jazz, rock, música tradicional de diferentes países, bandas sonoras y repertorios populares.

 

Después del sensible fallecimiento de su hijo, Harrington encontró en México un refugio y un lugar donde cohabitan muchísimas capas culturales y musicales en un mismo espacio. Fascinado, escuchó el incontable repertorio sonoro capitalino, que le despertó una sensación de superposición. Al violinista le emocionó que en este país coincidieran pasado y presente, tradición y modernidad, lo solemne y lo popular. De esta percepción nació “Nuevo”.

 

El propio Harrington explicó que le fascinaba caminar por México y no saber qué iba a escuchar a continuación. Esta frase prácticamente funcionó como la perfecta definición del álbum, pues Kronos Quartet no quiso representar a México mediante una selección predecible de mariachis, rancheras y boleros. Su intención fue mucho más amplia: mostrar casi un siglo de música mexicana como un territorio lleno de contradicciones.

 

Como resultado, en el disco escuchamos música tradicional, son huasteco, bolero, música clásica, el lounge futurista del gran Juan García Esquivel, composiciones del maestro Silvestre Revueltas, rock de Café Tacuba, sonidos de la calle y electrónica experimental, entre otros estilos y géneros. La prensa especializada percibió esa intención. Los Angeles Times calificó el proyecto como un retrato impresionista e innovador de la música mexicana que abarcaba desde el corrido hasta la música clásica.

 

Las sesiones principales de “Nuevo” ocurrieron entre agosto de 2000 y agosto de 2001 en Skywalker Sound, en Nicasio, California. Algunas piezas y sesiones adicionales se realizaron en O'Henry Studios, en Burbank, y posteriormente hubo grabaciones directamente en México y trabajo adicional en Los Ángeles.

 

Osvaldo Golijov realizó la mayor parte de los arreglos; también participaron Stephen Prutsman y Ricardo Gallardo. Gustavo Santaolalla, Judith Sherman y David Harrington produjeron el álbum, con Aníbal Kerpel como coproductor.

 

El público y la crítica reaccionaron con entusiasmo frente al lanzamiento de “Nuevo”, aunque un sector de algunos críticos de música clásica consideró al álbum poco más que una colección de gestos kitsch. Es necesario señalar que esta producción no fue un fenómeno de ventas multimillonarias, pero sí consiguió llevar a Kronos a un público interesado en músicas del mundo, música mexicana y crossover, y recibió reconocimiento institucional.

 

“Nuevo” se disfruta de principio a fin, aunque yo destacaría “El Sinaloense”, “Mini Skirt”, “Sensemayá”, “Chavosuite”, “Tabú”, “Perfidia” y “12/12”. Súper recomendable.

Hairless Toys


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Oriunda de Arklow, Irlanda, Róisín Murphy es una de las intérpretes más audaces de la música contemporánea. Después del lanzamiento de “Mi Senti”, un EP repleto de clásicos italianos, Murphy se encerró con Eddie Stevens, músico y productor que ya había colaborado con ella en Moloko, su proyecto anterior, para concebir “Hairless Toys”, presentado en 2015.

 

El proceso de grabación fue muy prolífico, ya que la irlandesa y Stevens llegaron a escribir y grabar alrededor de treinta y cinco temas. De todo ese material, solamente ocho terminaron en “Hairless Toys”. Esto, sin lugar a dudas, contribuyó a darle al álbum una sensación muy particular. No parece un trabajo construido alrededor de tres o cuatro sencillos y luego completado con canciones secundarias. Es más bien un mundo sonoro completo, donde cada pieza parece tener la autonomía suficiente para desarrollarse a su propio ritmo.

 

El dúo logró una conexión tremendamente especial. Murphy describió a Eddie como alguien muy disciplinado y creativo, una combinación que permitió que las sesiones fueran intensas sin volverse una experiencia rígida. En cuanto al título, este surgió cuando Stevens escuchó una guía vocal y creyó que Murphy cantaba “hairless toys”, cuando en realidad decía “careless talk”. La frase le gustó a Murphy precisamente por lo extraña que era.

 

Se trató de una obra completamente humana, pues Róisín no quiso recuperar a la Róisín de “Overpowered”. Al contrario: aceptó que aquella mujer ya no existía de la misma manera. Por ello, aquí encontramos susurros, medias voces, respiraciones y una vulnerabilidad que no aparecía en sus trabajos anteriores.

 

Inspirado por la construcción de mundos alternativos frente a una realidad que puede resultar dolorosa, frustrante o alienante, “Hairless Toys” no es un disco conceptual. La influencia más clara fue el documental “Paris Is Burning”, de 1990, que retrató la cultura de los balls de Nueva York y las comunidades negras y latinas LGBT que construyeron allí familias, identidades y espacios de pertenencia. Murphy quedó fascinada con la idea de crear una realidad propia cuando la realidad exterior no ofrece necesariamente un lugar seguro.

 

Esta asombrosa producción se nutrió del house, el disco oscuro, el funk, el jazz, el country, el soul, el gospel y la electrónica experimental. Con todo, Murphy no buscó con “Hairless Toys” la aceptación comercial, si bien tanto la prensa especializada como el público en general reaccionaron con un fenomenal entusiasmo después de su lanzamiento.

 

Sobresalieron bellezas como “Gone Fishing”, una fusión de electrónica, disco, house y elementos casi teatrales; “Evil Eyes”, una melodía sensual con un tratamiento disco que mantuvo el carácter sofisticado de Murphy; “Exploitation”, un sencillo que gira alrededor de la explotación, la manipulación, las relaciones y el propio proceso creativo; y “Unputdownable”, un temazo que usa la metáfora de un libro que uno no puede dejar de leer para hablar de una persona fascinante y difícil de comprender.

 

La portada de “Hairless Toys” también merece un comentario, pues en ella Murphy aparece con el cabello corto y rubio, vestida de rojo, sobre un fondo gris oscuro, mientras el título se superpone a su cuerpo. Está muy lejos de la extravagancia visual de “Overpowered”, cuyas portadas y fotografías convirtieron a Murphy en una especie de personaje de alta costura absurda. En este álbum, la intención fue prácticamente la contraria.

 

Para mí, esta obra sonora puede definirse como sofisticada, experimental e introspectiva. ¡Un discazo que les recomiendo a gritos!

Hail To The Thief

  Por Oscar Fernández Herrera       Sin temor a equivocarme, puedo asegurarles, estimados lectores, que Radiohead es una de las bandas...