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sábado, 27 de junio de 2026

Catene


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Mina Mazzini es considerada una de las artistas más destacadas y reconocidas de la música pop internacional. Llamada “La Tigresa de Cremona”, sobresale por la fuerza, la riqueza y la flexibilidad de su voz, lo que le ha permitido interpretar con gran maestría estilos tan diversos como el pop, el jazz, el swing, el rock and roll y la canción romántica italiana. Se trata de una de las mujeres que más admiro y venero.

 

Publicado en noviembre de 1984, “Catene” es uno de los trabajos más representativos de la etapa más fructífera de Mina. Concebido como un álbum doble y grabado en los estudios PDU de Lugano, el proyecto combinó una amplia variedad de estilos —desde el pop y el jazz hasta el rock y la música disco— e incluyó canciones interpretadas en varios idiomas.

 

La producción estuvo a cargo de Massimiliano Pani, hijo de la cantante, mientras que los arreglos fueron realizados por destacados músicos italianos como Celso Valli, Victor Bach y Paolo Gianolio. El disco alcanzó una notable acogida comercial en la península itálica, donde llegó a situarse entre los álbumes más vendidos de su año.

 

El crítico Gino Castaldo destacó el carácter casi misterioso de Mina, ya retirada de los escenarios. Según él, el disco jugó con la idea de los “vínculos” y las “ataduras” sugeridos por el título, pues “Catene” significa “cadenas” en español. Por otra parte, sobresalió por sus reinterpretaciones de clásicos internacionales y por sus canciones más personales e introspectivas.

 

Sin lugar a dudas, este es uno de los álbumes ochenteros más impresionantes de quien alguna vez fue llamada la regina degli urlatori (“La reina de los gritones”), gracias a lo ambicioso y variado de su repertorio. Pese a sus dimensiones, “Catene” no suele figurar entre los grandes clásicos de Mina.

 

En este discazo encontramos perlas como “Rose Su Rose”, el sencillo principal, que destacó por su producción melancólica y sofisticada; “Comincia Tu”, un tema con arreglos de Celso Valli que equilibran sintetizadores y melodía clásica italiana; “Hey Jude”, una reinterpretación sumamente ambiciosa del clásico de The Beatles; “Strangers In The Night”, otro clásico que aportó sensualidad y una mayor flexibilidad melódica; “Acqua Azzurra, Acqua Chiara”, un gran homenaje al maestro Lucio Battisti; “Ballando, Ballando”, una canción ligera, rítmica y bien producida; “Brigitte Bardot”, del brasileño Miguel Gustavo, con un tono juguetón y casi teatral; “Banana Boat”, popularizada por Harry Belafonte, una curiosidad con sabor a fiesta; “E La Chiamano Estate”, de Bruno Martino, un temazo de enorme contención emocional; y “Gimme A Little Sign”, de Brenton Wood, que en México popularizó Roberto Jordán, una de las canciones más ligeras y radiables del álbum.

 

En conjunto, “Catene” fue una obra ambiciosa que reflejó la extraordinaria versatilidad de Mina y su capacidad para apropiarse de repertorios muy distintos sin perder su identidad artística. Aunque rara vez ocupa el lugar que merecería entre los títulos más célebres de su discografía, este álbum permanece como una muestra del talento interpretativo de una de las voces más importantes de la música italiana.

Índia


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Gal Costa, nombre artístico de Maria da Graça Costa Penna Burgos, fue una de las voces más importantes e influyentes de la música popular brasileña y una figura esencial del movimiento tropicalista, junto a artistas como Caetano Veloso, Gilberto Gil y Maria Bethânia. Dotada de una voz de increíble expresividad, versatilidad y refinamiento técnico, construyó una trayectoria de casi seis décadas en la que transitó con naturalidad por la bossa nova, la samba, el rock, el pop y hasta la música experimental. Su capacidad para reinventarse la transformaron en un referente indiscutible de la cultura brasilera y en una de las intérpretes más admiradas de la música latinoamericana.

 

Publicado en 1973, “Índia” representó uno de los momentos más importantes en la trayectoria de Gal Costa y fue considerado una obra fundamental de la música popular brasileña. Editado por el sello Philips y con la dirección musical del maestro Gilberto Gil, el disco contó con arreglos de figuras tan importantes como Rogério Duprat y Arthur Verocai, quienes dotaron al repertorio de una sonoridad sofisticada y diversa. Gracias a un cuidadoso equilibrio entre tradición y modernidad, el álbum reunió composiciones de autores tan célebres como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Tom Jobim y Lupicínio Rodrigues, entre otros, y confirmó la madurez artística de una intérprete en pleno dominio de sus facultades.

 

La crítica especializada coincidió en que “Índia” marcó una nueva etapa para Gal Costa. Sin abandonar por completo el espíritu innovador que caracterizó al movimiento tropicalista, la cantante orientó su propuesta hacia un lenguaje más melódico y refinado, en el que convergen la bossa nova, la samba, el pop y otros géneros de la música carioca. Su interpretación fue ampliamente elogiada por la expresividad, el control vocal y la sensibilidad con la que resignificó cada composición, pues tomó canciones ya conocidas para apropiárselas de una forma casi prodigiosa.

 

“Índia” también adquirió un importante significado cultural debido a la polémica que rodeó su portada original. La imagen, en la que Gal Costa aparece con un diminuto bikini de inspiración indígena, fue objeto de censura durante la dictadura militar brasileña por considerarse provocadora para la época. Lejos de perjudicar al álbum, este episodio terminó por reforzar su carácter emblemático y lo convirtió en un símbolo de la libertad artística frente a la represión.

 

Con el paso de los años, el disco ha consolidado su prestigio hasta ser reconocido como uno de los títulos imprescindibles de la discografía de Gal Costa y una referencia obligada para comprender la evolución de la música brasileña en la década de los setenta.

 

En esta obra maestra encontramos temazos como “Da Maior Importância”, una composición de Veloso que se destacó por su sensualidad y elegancia; “Índia”, una interpretación que pasa de la delicadeza al dramatismo con absoluta naturalidad; “Relance”, una samba funk con un ritmo súper contagioso; “Pontos De Luz”, una joyita arreglada por Arthur Verocai; “Milho Verde”, una canción tradicional portuguesa que incorporó percusiones brasileñas y un elaborado trabajo vocal; y “Desafinado”, un gran homenaje al clásico de Tom Jobim y Newton Mendonça.

 

“Índia”, un disco que debe escucharse sí o sí.

sábado, 13 de junio de 2026

Meddle


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Pink Floyd fue una de las bandas más influyentes en la historia del rock, conocida por combinar experimentación sonora, letras filosóficas y grandes espectáculos visuales. Alcanzó fama mundial con álbumes como “The Dark Side Of The Moon”, “Wish You Were Here” y “The Wall”, que se consideran clásicos del rock progresivo. A Roger Waters y compañía los conocí, cómo no, gracias a mi hermano.

 

Etiquetado como una obra de transición, “Meddle” logró equilibrar su pasado psicodélico y experimental con la ambición compositiva que caracterizaría a sus discos posteriores. Sofisticado y transgresor, este álbum representó el acercamiento de la banda a la sofisticación sonora de sus clásicos de los setenta.

 

Pese a algunos tropiezos como “Seamus”, aquí brillaron canciones como “Fearless”, “One Of These Days” y “Echoes”, considerada como la obra maestra de “Meddle”. Sin lugar a dudas, significó una ruptura con relación al rock típico de la época.

 

Lo más interesante de “Meddle” es que nos permitió escuchar a una banda que, poco a poco, descubrió su propia identidad. Cada tema aportó una pieza distinta a ese proceso: desde la energía inquietante de “One Of These Days” hasta la serenidad de “Fearless”, Pink Floyd demostró una confianza creciente en su capacidad para crear paisajes sonoros complejos y envolventes. No fue un álbum tan inmediato como sus obras más célebres, pero precisamente ahí residió gran parte de su encanto.

 

La experiencia culminó con “Echoes”, una composición monumental que ocupó toda la segunda cara del disco y que anticipó muchas de las ideas que la banda desarrollaría en los años siguientes. Sus cambios de atmósfera, pasajes instrumentales y momentos de tensión convirtieron a la canción en un viaje emocional que recompensó la escucha atenta.

 

Por ello, más que un simple puente entre etapas, “Meddle” puede entenderse como el primer gran indicio de la grandeza que Pink Floyd alcanzaría durante la década de los setenta.

Marilyn Monroe a cien años de su nacimiento


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Hablar o escribir de Marilyn Monroe es casi referirse al símbolo sexual por excelencia del cine. Error fatal: detrás de esa mujer hermosa hubo una mente inteligente que se esforzó, desde sus orígenes humildes, por llegar a ser un ícono de Hollywood y que fue una luchadora incansable contra las injusticias que le tocó vivir y presenciar en su tiempo.

 

Marilyn Monroe nació en Los Ángeles el 1.º de junio de 1926. Tuvo una infancia inestable que transcurrió entre orfanatos y hogares temporales, y se casó por primera vez a los 16 años. Fue descubierta accidentalmente por un fotógrafo mientras trabajaba en una fábrica. A partir de ahí comenzó a modelar como chica pin-up. Hubo que hacer sacrificios: se divorció y cambió su cabello castaño por el rubio platinado con el que saltó al estrellato. Su primer contrato llegó con Fox y, antes de cumplir los treinta años, ya era una estrella mundial.

 

En un mundo misógino que intentó demeritar su trabajo, en 1950 se negó rotundamente a trabajar en el musical The Girl in Pink Tights por considerar mediocres sus líneas en el guion. Además, ganaba mucho menos que el protagonista masculino, que era nada más y nada menos que Frank Sinatra. También, medio siglo antes del movimiento #MeToo, denunció a productores, representantes y otras figuras de la industria por abusar de su estatus y poder al ofrecer oportunidades de trabajo a jóvenes a cambio de favores sexuales.

 

Monroe era consciente de su atractivo físico. Odiaba la forma en que era catalogada y estereotipada, pero supo aprovechar esa tipificación de manera muy inteligente. Su enorme popularidad también contribuyó a ello, y citó la siguiente anécdota para ejemplificarlo. En 1954 obligó a los dueños del club nocturno Mocambo, en Hollywood, a cumplir un contrato con la cantante Ella Fitzgerald que amenazaban con romper. Ella llamó personalmente al propietario del local y le pidió que no anulara el contrato, sino que contratara de inmediato a la cantante. Además, le aseguró que, si lo hacía, ella ocuparía una mesa en primera fila todas las noches. Y eso fue exactamente lo que sucedió. Vaya paradoja: una mujer rubia enfrentándose al racismo, pero sobre todo al sexismo y al clasismo. Eso era tener empatía, conciencia social y feminismo. Recordemos que hablamos de los años cincuenta y de un contexto social muy diferente al actual.

 

¿Cómo hubiera sido la participación de Monroe en los años sesenta, una década agitada y de grandes cambios? No le tocó presenciar plenamente la lucha por los derechos civiles; posiblemente hubiera participado activamente en el movimiento. ¿O qué postura habría tomado ante la infame guerra en el sudeste asiático? Jamás lo sabremos.

 

La artista, que enamoró a la leyenda del béisbol Joe DiMaggio y cantó el "Feliz cumpleaños" al presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden, falleció el 4 de agosto de 1962, a los 36 años, por una sobredosis de barbitúricos.

Rock de garage


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Este género nació durante los años sesenta, aproximadamente entre 1963 y 1964. Muchos consideran que fue la respuesta norteamericana a la invasión británica; a mi parecer, no. Más bien, los grupos ingleses provocaron la inspiración para que estos jóvenes conocieran su propia música, aquella que de alguna manera habían ignorado u olvidado: el blues, el R&B y el rock and roll. Los jóvenes ingleses, por el contrario, escucharon, apreciaron y, por supuesto, hicieron versiones de estos temas. Los oyentes norteamericanos compraron los discos de The Beatles, The Rolling Stones, The Kinks, The Who y The Animals, pero también se dieron a la tarea de buscar aquellas viejas canciones en las versiones de sus intérpretes originales.

 

Pero no solo se conformaron con los discos; también sintieron la necesidad de interpretar esa música. Así fue como nacieron miles de bandas garageras, conocidas o denominadas de esa manera porque la gran mayoría ensayaba en el garaje de la casa paterna. En estas condiciones surgió un sonido amateur, nada profesional, pero a la vez una música cruda y energética, casi siempre grabada de manera casera o en estudios independientes que tenían una calidad lo-fi que se convertiría en la marca distintiva del género. Con el tiempo, esta se convertiría en una expresión de rebeldía juvenil.

 

La gran mayoría de estas bandas no obtuvo más que un reconocimiento local. Agrupaciones como The Sonics, ? and The Mysterians, The Electric Prunes, The Standells, 13th Floor Elevators y, por supuesto, The Kingsmen, que con "Louie Louie" quizá fueron la excepción, alcanzaron la fama a nivel nacional e internacional con su versión del tema de Richard Berry. Llegaron a tener tanta notoriedad que incluso el FBI los siguió de cerca e interpuso una demanda contra la agrupación por considerar inmorales las letras de la canción.

 

La semilla estaba sembrada y empezó a dar frutos rápidamente; fue imposible detenerla. El rock de garage es más que un estilo o una etiqueta: es una actitud. Fue el desahogo de una generación de jóvenes que, en su gran mayoría, no tenía ninguna formación musical; sin embargo, tenía energía, rabia, pasión y entusiasmo, y no estaba dispuesta a tolerar basura como la de Ricky Nelson, Pat Boone, Paul Anka y demás baladistas que no los representaban en lo absoluto.

 

El gran periodo del rock de garage se dio entre 1964 y 1968. Sin embargo, con el paso de los años fue el germen de otros movimientos, como el proto-punk, el glam, el punk, el post-punk, el grunge y el indie, además de todos los revivals que ha tenido a lo largo de diferentes décadas.

sábado, 23 de mayo de 2026

Standing On A Beach. Felices cuarenta años


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Quizás fue el primer disco que escuché de The Cure; debió ser a finales de la década de los 80, por ahí del 89. Un vecino lo tenía en elepé. No recuerdo que haya sido un gran fan de la banda, pero pues lo tenía, y es fácil de deducir: es una de las pocas compilaciones que hay. Hay que aclarar que, contrario a lo que la gran mayoría de la gente piensa, no se trata de una recopilación de grandes éxitos, sino que es un compilado de los singles o sencillos que publicó la banda desde 1979 hasta 1985, y se trata de uno de los pocos discos de ese tipo que encontrarás en las listas de publicaciones especializadas en música. Es prácticamente la entrada al mundo de Robert Smith y compañía; casi puedo asegurar que la gran mayoría de los que hoy gustan del sonido de The Cure los conocieron por este disco.

 

Y yo no fui la excepción. Como decía líneas arriba, un vecino tenía el acetato. Escarbando en su colección encontré “Standing On A Beach”; me llamó poderosamente la atención por la portada: es un hombre de tercera edad que está sobre un paisaje desolado, frío y nublado. Me preguntó: “¿Los conoces?”. Respondí que no, a lo que de inmediato mi amigo lo puso en el tocadiscos y sonó “Boys Don’t Cry”, y pues desde ahí empezó mi amor por The Cure.

 

Con el paso de los años fui adquiriendo discos, casetes, bootlegs, posters, recortes de revistas (tenía amigas que compraban revistas y, si había una noticia o reportaje de la banda, me lo mostraban y en muchas ocasiones me regalaban las fotografías que traía la revista), playeras, películas y, obvio, ir a conciertos. Pero además de eso, el gusto por la música de The Cure ha ocasionado conocer gente lindísima que también aprecia y gusta de la banda oriunda de Crawley, Inglaterra.

 

Este mítico disco salió publicado en mayo de 1986. En ese momento se podía conseguir en dos formatos: elepé y casete, y con el paso de los años pasaría al formato CD. El elepé o acetato es la versión más sencilla; su versión en disco compacto incluye cuatro temas que no se incluyeron en el LP y, por cierto, salió con un nombre distinto: “Staring At The Sea”.

 

Pero la verdadera joya, y casi diría el Santo Grial, hoy en día prácticamente no se puede conseguir: es el formato casete, porque además de contener las canciones del elepé incluía doce caras B que, hasta 2004, con la publicación del box set “Join The Dots: B - Sides & Rarities”, no se conseguían tan fácilmente. Por cierto, en este formato se titulaba “Standing On A Beach – The Singles (And Unavailable B - Sides)”. Esta presentación la compré alrededor de 1993 o 1994 y fue un golpe de suerte: fue en Mixup de Plaza Lindavista. Fui de cacería de discos con mi amigo Ademir Villalobos, otro fan de La Cura, y pues al estar revisando los estantes lo encontré. No recuerdo el precio, pero aún lo sigo conservando.

 

Aparte de la buena selección de temas que tiene el disco, también posee una de las portadas más icónicas. Contrario a lo que se cree o se piensa, el señor que aparece en la portada no es el padre de Robert Smith; se trata de un pescador de nombre John Button, ya un hombre jubilado que accedió a prestar su imagen para “ayudar a estos jóvenes”, y también accedió a salir en el videoclip de “Killing an Arab”. La fotografía y el video tuvieron como escenario un día gris en la playa de Budleigh Beach, en Devon, Inglaterra.

 

El disco se publicó para conmemorar los diez años de fundación de la banda. Es, por excelencia, el disco que uno debe escuchar para poder sumergirse en los sonidos de The Cure; muy recomendable.

Michael Jackson: The Stripped Mixes


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Michael Jackson fue el responsable de mi amor desmedido por la música, pues gracias a él aprendí a estimar una obra sonora, atesorarla y, si era posible, compartirla. ¿Quién lograría resistirse a genialidades como “Thriller” o “Dangerous”? Yo no; y si bien mi curiosidad por este arte creció al punto de descubrir a otros genios, le guardo un lugar muy especial en mi corazón.

 

Con el fatídico deceso de El Rey del Pop en 2009, apareció “The Stripped Mixes”, una colección de éxitos “desnudos” de la era Motown que confrontó a críticos y a fanáticos por su infortunada notabilidad. Las críticas se centraron en la eliminación de las instrumentaciones, lo que dejó a grandes clásicos, como “I Want You Back” y “ABC” con una sensación “incompleta” y algo simplona.

 

El oportunismo también fue un aspecto que numeraron tanto la prensa como el público, pues calificaron de mal gusto su comercialización poco tiempo después de la muerte del gran Michael Jackson.

 

Pese a lo anterior, hubo un amplio grupo de comentaristas que se mostró entusiasmado con este álbum debido a que en él se puede apreciar con creces la aptitud vocal y emocional del pequeño Michael. PR Newswire elogió “The Stripped Mixes” por “arrojar una luz fresca” sobre sus primeras interpretaciones, mientras que críticos como Jeff Dorgay, de Tone Publications, señalaron que el material ofreció una mirada poco común a clásicos de los Jackson 5 y recomendaron el disco incluso a oyentes no fanáticos.

 

Una colección agradable, con reinvenciones tan placenteras como las de “I’ll Be There”, “Never Can Say Goodbye”, “Got To Be There”, “ABC” y, por supuesto, “I Want You Back”.

Catene

  Por Oscar Fernández Herrera       Mina Mazzini es considerada una de las artistas más destacadas y reconocidas de la música pop in...