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sábado, 24 de octubre de 2026

Antes de tiempo: músicos que el rock perdió demasiado pronto


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

Hablar de muertes muy prematuras en el mundo del rock implica remitirse casi obligatoriamente al célebre Club de los 27, integrado por aquellos artistas que se nos adelantaron a la mítica edad de 27 años. Robert Johnson, un músico de blues muy influyente en el género y en el rock, fue uno de los primeros artistas cuya muerte se asoció con esta trágica coincidencia: falleció en 1938.

 

Sin embargo, ha habido casos de muertes prematuras que no ocurrieron precisamente a los 27 años. Músicos que realmente murieron muy jóvenes y cuya partida nos privó de conocer hasta dónde habría llegado su arte. Hoy, en estas festividades próximas del Día de Muertos, platicaremos sobre algunos personajes que se nos adelantaron al más allá, cuyas edades al morir oscilaban entre los 20 y los 30 años.

 

Toño De la Villa

 

Su nombre real era Juan Antonio Verdes Sánchez y nació en París, Francia, el 22 de febrero de 1940. Fue la voz principal de Los Locos del Ritmo, una agrupación pionera del rock and roll en México. De su voz podemos escuchar algunos de los primeros himnos del rock mexicano: la bella balada "Tus Ojos" y el gran rockanrolazo "Yo no Soy Un Rebelde", piezas compuestas, respectivamente, por Rafael Acosta y Jesús González, integrantes de la banda.

 

De la Villa tenía 22 años cuando le diagnosticaron cáncer de garganta, enfermedad que acabó con su vida el 5 de mayo de 1962. Su legado dejó una huella imborrable en la historia del rock mexicano.

 

Alan Wilson

 

Alan Christie Wilson, mejor conocido como Alan "Blind Owl" Wilson, nació el 4 de julio de 1943 en Massachusetts. Fue uno de los grandes guitarristas y, desgraciadamente, uno de los más ignorados por las masas, que prefieren a Clapton o Page. Wilson era un maestro de las seis cuerdas, con un feeling insuperable para interpretar blues y boogie. Además, fue fundador de esa gran banda llamada Canned Heat, una agrupación extraordinaria que dio cátedra en dos festivales legendarios: el Monterey Pop Festival, en 1967, y Woodstock, en 1969.

 

Desgraciadamente, el 3 de septiembre de 1970, el "Búho Ciego" fue encontrado muerto detrás de la casa de su compañero Bob Hite. Según la autopsia, la causa de su muerte fue una intoxicación por barbitúricos, aunque también se ha planteado la posibilidad de un suicidio. Tenía 27 años y, por increíble que parezca, su nombre suele quedar fuera de algunas listas dedicadas al mítico Club.

 

Buddy Holly

 

Siempre he escuchado que, en 1964, con la llegada de The Beatles a Estados Unidos, nadie podía competir con ellos. Estoy en desacuerdo: si el texano Buddy Holly hubiera vivido hasta esos años, habría podido competir tranquilamente con el cuarteto inglés.

 

Holly era un genio, un artista adelantado a su tiempo, un compositor excepcional que también exploró nuevas posibilidades musicales hasta su muerte. Charles Hardin Holley nació en Lubbock, Texas, el 7 de septiembre de 1936. Fue uno de los pioneros del rock and roll que componían sus propios temas y, además, participaban en su producción. Un verdadero genio que nos dejó joyas como "Maybe Baby", "Peggy Sue" y "Words of Love".

 

Es considerado una de las fuerzas creativas más influyentes del rock and roll primigenio. Su música fue decisiva para artistas y agrupaciones como The Beatles, Bob Dylan, Bruce Springsteen, The Rolling Stones, Weezer y un largo etcétera.

 

Tenía 22 años cuando, en febrero de 1959, sufrió un terrible accidente aéreo. La avioneta en la que viajaba se estrelló debido a las condiciones climáticas y a errores en la operación del vuelo.

 

Ian Curtis

 

Ian Kevin Curtis fue el líder y el alma de una de las grandes bandas de la historia de la música: la mítica y de culto Joy Division.

 

Nació el 15 de julio de 1956 en una sombría Manchester. Fue portavoz de una generación harta de los ideales hippies, golpeada por el desempleo y las escasas oportunidades. Ese contexto alimentó la rabia y el descontento de los jóvenes, y el punk emergió como una expresión de esa inconformidad. Sin embargo, Curtis, lejos de manifestar aquella incertidumbre únicamente con rabia, la canalizó a través de la introspección. Sus letras describían la angustia de aquellos días y anticipaban el vacío existencial de los años ochenta.

 

Curtis enfrentó problemas personales, las exigencias de ser el líder de una banda que crecía a pasos agigantados y dificultades de salud. Finalmente, murió el 18 de mayo de 1980, a los 23 años.

 

Otis Redding

 

Uno de los grandes artistas de todos los tiempos, Otis Ray Redding Jr., nació en Dawson, Georgia, el 9 de septiembre de 1941. Fue una de las figuras más emblemáticas del soul y del R&B, con una de las voces más influyentes y asombrosas que se han escuchado en este mundo.

 

Su vida fue demasiado corta: tenía 26 años cuando quedó truncada por un trágico accidente aéreo. La mañana del 10 de diciembre de 1967, el avión Beechcraft en el que viajaba junto con su banda se estrelló en el lago Monona, en las afueras de Madison, Wisconsin.

 

Este es un pequeño listado de grandes artistas que nos dejaron demasiado pronto y cuya partida nos impidió conocer hasta dónde habría llegado su talento.

 

Varios nombres quedaron fuera de este escrito, como el gran guitarrista Duane Allman, quien tenía 24 años cuando murió en un accidente de motocicleta; Nick Drake, quien falleció a los 26 años en la casa de sus padres por una sobredosis de antidepresivos, y el magnífico Tupac Shakur, quien tenía 25 años cuando fue asesinado después de asistir a una pelea de boxeo.

 

¿Se les ocurre otro nombre?







Songs From The Big Chair


 

Por Oscar Fernández Herrera

                                                                                                                

 

 

Cada vez que escucho "Everybody Wants To Rule The World", la piel se me eriza. Me transporta inmediatamente a mi infancia, cuando las cosas parecían más sencillas y prometedoras. Su batería programada y su movimiento rítmico constante poseen una precisión casi hipnótica; los teclados dialogan con la voz y la guitarra, elementos que caracterizaron buena parte de una década marcada por las tendencias absurdas, la Guerra Fría y las superestrellas del pop.

 

Lanzado en febrero de 1985, "Songs From The Big Chair" convirtió a Tears For Fears, un dúo británico integrado por Roland Orzabal y Curt Smith, en uno de los nombres más importantes del pop internacional de los ochenta. El disco incorporó sintetizadores, guitarras, ritmos electrónicos, arreglos ambiciosos y letras que abordaron el poder, los conflictos sociales y las contradicciones personales para definir el sonido de toda una década.

 

Después de la buena recepción que Orzabal y Smith obtuvieron con "The Hurting", su carta de presentación, el dúo no quiso repetir las fórmulas para su siguiente álbum, pese a las presiones del público y de su discográfica, que anhelaban una continuidad segura. Los músicos interrumpieron los procesos de composición y grabación para experimentar y explorar nuevas ideas.

 

El productor Chris Hughes defendió una propuesta que establecía una correspondencia entre las guitarras y una electrónica dominada por los sintetizadores. El resultado fue un sonido que combinó máquinas e instrumentos reales, ritmos precisos, arreglos expansivos, melodías accesibles y letras que invitaban a la reflexión. El uso de sintetizadores como el Prophet 5, el Jupiter 8, el DX7 y el PPG Wave, además de la caja de ritmos LinnDrum y el sistema de muestreo Fairlight CMI, fue decisivo para crear temazos como "Shout", "Head Over Heels" y "Everybody Wants To Rule The World".

 

El tema insignia del disco nació de una sencilla secuencia de dos acordes que Orzabal tocó con una guitarra acústica. Chris Hughes reconoció las posibilidades artísticas de ese patrón y lo trasladó a un entorno de programación rítmica. Orzabal terminó la composición junto con Hughes e Ian Stanley, y la canción quedó lista en aproximadamente una semana. En un principio, la pista se llamó "Everybody Wants To Go To War", pero el título cambió cuando la letra evolucionó hacia una reflexión más amplia sobre la ambición, el control y el deseo de poder.

 

La grabación combinó programación electrónica, bajo sintetizado, guitarras acústicas y eléctricas, y voces cuidadosamente registradas. El guitarrista Neil Taylor aportó el solo final, que le dio a la canción una identidad más orgánica y melódica.

 

Una obra maestra que nos regaló "Shout", una exigencia de expresión y liberación emocional; "Everybody Wants To Rule The World", un tema que sintetizó el espíritu de los ochenta gracias a su accesibilidad pop, su precisión electrónica y su reflexión social; "Head Over Heels", un sencillo que equilibró romanticismo, incertidumbre y una melodía expansiva; "The Working Hour", una joyita que transmite una sensación de tensión y desgaste; "I Believe", un tema bellamente introspectivo; y "Mother's Talk", una canción que representó una transición en el sonido de Tears For Fears.

 

Pese a su tibia recepción inicial, "Songs From The Big Chair" es uno de esos discos que trascienden el paso del tiempo. Sorprendente.

Two Vines


 

Por Oscar Fernández Herrera

                                                                                                                

 

 

El dúo australiano Empire of the Sun es, sin lugar a dudas, una de las propuestas artísticas más originales, visionarias y fascinantes de los últimos años. Reconocidos internacionalmente por "Walking On A Dream", su álbum debut de 2008, los músicos presentaron "Two Vines", su tercer trabajo discográfico, una obra que dio continuidad a sus predecesores con una producción más orgánica, colaboraciones destacadas y una historia centrada en la naturaleza.

 

La idea central del álbum surgió de una imagen que Nick Littlemore describió en entrevistas: una ciudad moderna completamente cubierta de plantas y enredaderas. No se trató simplemente de añadir referencias a la naturaleza a unas canciones electrónicas. La intención fue imaginar qué ocurriría si el mundo natural recuperara los espacios que la civilización había ocupado durante mucho tiempo.

 

En una entrevista con Rolling Stone Australia, Littlemore explicó que el concepto se le presentó en forma de sueño. El grupo también comentó esta idea durante la promoción del álbum, según Pitchfork. En esa visión, los edificios colapsaban y el paisaje urbano se integraba con el entorno natural.

 

El título "Two Vines" sintetizó esa imagen. Las plantas no aparecieron como una decoración agradable, sino como una fuerza capaz de transformar el mundo humano. El concepto se desarrolló como una fantasía ecológica: una invitación a imaginar un planeta en el que la naturaleza no está subordinada a las necesidades de las ciudades.

 

Las grabaciones se desarrollaron entre 2015 y 2016, con sesiones en Hawái y Los Ángeles. El trabajo pasó por distintos estudios, entre ellos Henson Recording Studios, en Hollywood. "Two Vines" fue coproducido por los propios Nick Littlemore y Luke Steele, junto con Peter Mayes, productor relacionado con artistas como Sia y The Killers. El equipo quiso recuperar la espontaneidad, el color y la calidez que asociaba con "Walking On A Dream", en lugar de repetir mecánicamente su fórmula comercial.

 

Uno de los aspectos más importantes de este discazo fue su lista de colaboradores: Lindsey Buckingham; Wendy Melvoin, integrante de The Revolution, la banda asociada con Prince; Henry Hey y Tim Lefebvre, músicos que participaron en la grabación de "Blackstar", el último álbum de estudio que David Bowie publicó en vida.

 

Cuando la prensa especializada reseñó el álbum, las opiniones fueron diversas. Algunos críticos no quedaron convencidos por el concepto ecológico ni por la capacidad del dúo para ofrecer algo nuevo. Pese a su sonido agradable, su cuidada producción y su coherencia con la identidad musical del grupo, esperaban una propuesta más radical.

 

Con todo, aquí escuchamos "High & Low", la faceta más inmediata y bailable del grupo, con un estribillo luminoso y una producción electrónica pensada para conectar con una audiencia amplia; "Way To Go", una increíble fusión entre el pop y lo indie; "Two Vines", el núcleo ecológico de este trabajo; "First Crush", una propuesta retro que resulta especialmente atractiva; y "Before", un temazo que combina sintetizadores, voces tratadas y melodías expansivas. Para mí, esta última es de lo mejor del álbum.

 

Pero hay más: "Ride", "Digital Life", "ZZZ", "There's No Need" y "Friends" son canciones muy recomendables, aunque no todas destacaron en la radio más comercial.

 

Según Rolling Stone Australia, la imagen de una ciudad cubierta de vegetación que aparece en la portada se le ocurrió a Littlemore mientras él y Steele viajaban por Europa durante la promoción de "Ice On The Dune". El músico también relacionó la canción "Two Vines" con otra imagen onírica: una luz que surge de la cabeza y unas piernas que se prolongan hasta las raíces de la naturaleza.

 

Sí, quizá esta no sea la obra maestra de Empire of the Sun, pero sí reafirma la habilidad del dúo para combinar melodías accesibles, una producción electrónica elaborada y un universo visual reconocible. Para mí, es un disco recomendadísimo.

Así sonaba el mundo hace 70 años


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

1956 fue un año clave para el rock and roll, con canciones que dominaron las listas y se convirtieron en éxitos de Elvis Presley, Chuck Berry, Carl Perkins, Little Richard, entre otros. Repasemos algunos hits que se escuchaban hace 70 años y que hoy en día seguimos disfrutando.

 

Heartbreak Hotel

 

Publicada el 27 de enero de 1956 por Elvis Presley, ya bajo el sello RCA Victor, la canción se convirtió en su primer gran éxito millonario en ventas. Se inspiró en una nota periodística sobre un hombre que saltó desde la ventana de un hotel a causa de su soledad. Con una clásica progresión de blues de ocho compases, la canción fue escrita por Mae Boren Axton, una maestra de secundaria. Sin embargo, tanto la nota que sirvió de inspiración como la autoría de la composición han sido objeto de debate. Independientemente de ello, la canción fue un éxito y hoy en día sigue siendo venerada por millones de oyentes en todo el mundo.

 

Blue Suede Shoes

 

Publicada en 1956 y grabada durante 1955 en los míticos Sun Studios, en Memphis, Tennessee, esta canción nació, según contaba Carl Perkins, de una experiencia que le llamó la atención: observó a una pareja en la que el hombre le exigía a la mujer que no le pisara los zapatos mientras bailaban. Perkins se desconcertó, pues notó que el hombre prestaba más atención y cuidado a sus zapatos que a su pareja.

 

La canción compitió en lo más alto de las listas con Heartbreak Hotel, de Elvis Presley. Por cierto, Elvis haría una versión de la canción de Perkins, pero, a mi gusto, bastante flojita. Prefiero mil veces la de Carl Perkins.

 

Be-Bop-A-Lula

 

Esta canción de Gene Vincent, quien la interpretó junto con sus Blue Caps, fue publicada en 1956 por Capitol Records y se convirtió en un clásico absoluto del rock and roll. La sesión de grabación tuvo lugar en los Bradley Studios de Nashville, Tennessee, el 4 de mayo de 1956. Junto a Gene Vincent participaron Cliff Gallup (guitarra solista), Willie Williams (guitarra rítmica), Jack Neal (contrabajo) y Dickie Harrell (batería).

 

El sencillo debut de Gene salió al mercado el 2 de junio de 1956. Su velocidad moderada, un ligero ritmo de blues y una voz sugerente la convirtieron en una de las favoritas de aquel año. En 1973, John Lennon haría una versión extraordinaria de Be-Bop-A-Lula.

 

Long Tall Sally

 

Escrita y grabada por el gran Richard Penniman, mundialmente conocido como Little Richard, esta canción se lanzó en marzo de 1956. Posee una energía desenfrenada y su letra narra las "correrías" del tío John con Sally, aunque todo se le complica cuando corre el riesgo de que la tía Mary lo descubra.

 

La canción se grabó en el legendario estudio J&M de Nueva Orleans el 10 de febrero de 1956. Alcanzó el número uno de las listas de R&B y, diría yo, de la eternidad. Es un clásico inmortal de todos los tiempos que ha sido versionado por Elvis Presley, The Beatles, The Kinks, Wanda Jackson, The 5.6.7.8's y, obvio, nuestros entrañables Teen Tops, con el mamoncito de Enrique Guzmán como voz principal.

 

Smokestack Lightning

 

Escrita por ese gigante del blues llamado Chester Burnett, mejor conocido como Howlin' Wolf, esta canción es una obra maestra del género que encapsula el profundo dolor emocional y la angustia que pueden experimentarse en las relaciones. Publicada en 1956, se convirtió en un clásico del blues gracias a su potente interpretación vocal y su letra evocadora.

 

La canción tiene sus orígenes en la década de 1930. El gran "Lobo Aullador" ya la interpretaba durante sus presentaciones, que compartía con otro monstruo del blues, Charley Patton. Sin embargo, fue hasta 1956, en los míticos estudios Chess, cuando Wolf, junto con Hubert Sumlin, Lee Kennard, Willie Johnson, Earl Phillips y la eminencia gris del blues de Chicago, el gran Willie Dixon, en el bajo, grabó este tema clásico, no solo del blues, sino de la música del siglo XX.

 

Este es un pequeño ejemplo de lo que se escuchaba en aquel mágico 1956, un año clave para el nacimiento y el desarrollo del rock.

Rejuvenate


 

Por Oscar Fernández Herrera

                                                                                                                

 

 

Paul White es uno de esos músicos que prefieren reinventarse antes que repetir una fórmula exitosa. Conocido por su trabajo como productor de Danny Brown y por sus exploraciones dentro del hip hop instrumental, el británico sorprendió en 2018 con “Rejuvenate”, un álbum que marcó un giro importante en su trayectoria. Aquí dejó atrás los samples que definieron buena parte de su obra para componer, interpretar y producir música original, con una fascinante mezcla de psicodelia, soul, pop electrónico, jazz y sonidos ambientales. El resultado fue un disco luminoso, íntimo y de una riqueza sonora que merece escucharse con atención.

 

La transformación no fue solamente musical. White construyó un universo en el que las melodías parecen navegar sobre ritmos sinuosos, sintetizadores circundantes y arreglos que crecen sin perder su naturalidad. Para lograrlo, contó con las voces de Denai Moore, Shungudzo y Sarah Williams White, su hermana, quienes aportaron distintas personalidades a una producción que privilegió las emociones por encima de los artificios.

 

Entre las piezas más sobresalientes están “Returning”, una joyita instrumental que resume buena parte de las virtudes del álbum. Sus cuerdas delicadas, las voces que se diluyen en el fondo y un ritmo que se construye progresivamente crearon una atmósfera contemplativa, casi hipnótica. No necesitó grandes despliegues para atrapar al oyente; su fuerza radicó en los pequeños detalles. No por nada, Pitchfork la destacó como uno de los momentos más reveladores del disco.

 

Por otra parte, “Spare Gold”, con la participación de Shungudzo, representó la faceta más rítmica y contagiosa de esta propuesta. Su voz, de cadencia casi hipnótica, se integró con sintetizadores juguetones y una base polirrítmica que transformó las preocupaciones cotidianas en una experiencia sonora luminosa. Fue uno de esos temas en los que la producción de White brilló sin necesidad de imponerse sobre la interpretación vocal.

 

Pero hay más. “Ice Cream Man”, también junto a Shungudzo, recordó la libertad y la imaginación de la infancia gracias a una interpretación vocal cálida y una instrumentación envolvente. La canción tuvo un encanto particular: se sintió sencilla en su superficie, aunque escondió una construcción sonora minuciosa. En otro registro, “Laugh With Me”, con Sarah Williams White, recuperó esa misma alegría espontánea desde una perspectiva más familiar y nostálgica. Su interpretación delicada y su atmósfera juguetona convirtieron el tema en uno de los pasajes más entrañables de esta obra. Mi favorita, por mucho.

 

Aunque “Rejuvenate” no se construyó alrededor de grandes éxitos comerciales, su valor artístico se manifestó en la coherencia de su propuesta y en la capacidad de White para convertir influencias diversas en una identidad propia. La recepción crítica fue favorable, aunque no unánime: mientras algunas reseñas celebraron su versatilidad y su riqueza sonora, otras consideraron que ciertos pasajes no alcanzaban toda la profundidad emocional que prometían.

 

Para mí, fue una obra cálida, psicodélica y sorprendentemente humana; un trabajo que recompensa a quienes se toman el tiempo de escucharlo de principio a fin. Muy recomendable.

sábado, 10 de octubre de 2026

La Maldición De La Malinche


 

Por Oscar Fernández Herrera

A mi Poncita, mi eterna compañera

                                                                                                                

 

 

Conocí a Gabino Palomares gracias a mi mamá, quien, en su momento, no paró de escuchar su participación en “El Soundtrack de una Vida”, una producción del Instituto Mexicano de la Radio conducida por la periodista cultural Laura Barrera. La propuesta consistió en reconstruir la vida del cantautor a partir de las canciones que marcaron distintos momentos de su existencia. El episodio resulta sumamente entretenido gracias al talento y la simpatía de Palomares.

 

Originario de Comonfort, Guanajuato, Palomares pasó buena parte de su juventud en San Luis Potosí. Si bien estudió Ingeniería Química, la música y la poesía ocuparon el centro de su vida. En 1972 y 1973 ganó festivales de la canción universitaria y presentó su espectáculo “Poemas y Canciones”. En 1975 se trasladó a la Ciudad de México, donde encontró el ambiente de las peñas, universidades, sindicatos, plazas y organizaciones sociales que dieron forma al Canto Nuevo Mexicano. Allí se relacionó estrechamente con Amparo Ochoa, Óscar Chávez y Los Folkloristas.

 

Frente a una industria musical que privilegiaba las propuestas más asimilables y facilonas, Discos Pueblo, fundado por José Ávila en 1973, fue precisamente una de las pequeñas compañías que permitieron grabar y difundir “La Maldición De La Malinche”. Su propósito era crear un espacio alternativo frente al predominio de las grandes empresas y los medios comerciales. En el disco, Palomares habló de pobreza, explotación, trabajadores, pueblos indígenas, desigualdad y poder político; es decir, de asuntos que no encajaban fácilmente en la lógica de la radio comercial.

 

En esta obra participaron Grupo Canek, José Ávila, Gerardo Tamez, Ramón Sánchez y otros músicos vinculados al movimiento, mientras que Fernando Martín aparece relacionado con la grabación y el diseño. El resultado fue un disco bastante breve: nueve canciones, todas compuestas por Palomares, con una duración total cercana a la media hora. Y eso también dice algo de la época: no era un álbum construido alrededor de sencillos comerciales, sino una especie de declaración artística y política.

 

El repertorio nos acercó a distintas preocupaciones del cantautor. Desde “Mi desierto” y “Nicaragua” hasta “La Letanía De Los poderosos” y “Son Del Obrero”, el álbum estableció una relación directa entre la canción y la realidad social. No hay demasiados rodeos ni metáforas que oculten sus intenciones: Palomares habló de las desigualdades, de quienes trabajan y sostienen al país, de los abusos del poder y de los pueblos que han tenido que defender su identidad frente a distintas formas de dominación.

 

Por supuesto, el momento cumbre llegó con “La Maldición De La Malinche”, una canción que trasciende el disco y se convirtió en una de las composiciones más reconocidas del Canto Nuevo Mexicano. A través de una mirada crítica sobre la conquista española y sus consecuencias, Palomares cuestionó una mentalidad que desprecia lo propio y admira lo extranjero, una contradicción que sigue presente en distintos ámbitos de la sociedad mexicana. La canción no se limitó a recordar un episodio histórico: señaló una herida cultural que permanece abierta.

 

Lo interesante es que el tema no se quedó únicamente en los espacios alternativos donde nació y circuló buena parte de esta música. Amparo Ochoa y Los Folkloristas contribuyeron a su difusión, y la canción llegó a convertirse en una referencia del repertorio latinoamericano comprometido con las causas sociales. Su permanencia demostró que una composición puede superar las circunstancias que le dieron origen y encontrar nuevos significados con el paso del tiempo.

 

No estamos ante una obra que deba medirse con los mismos criterios que una producción comercial ni que necesite cifras de ventas extraordinarias para justificar su importancia. Su legado se encuentra en las canciones, en los espacios donde encontraron resonancia y en la manera en que algunas de ellas se incorporaron a la memoria colectiva. La canción que da título al disco es el ejemplo más evidente, pero el resto del repertorio permite comprender mejor las preocupaciones artísticas y políticas de su autor.

 

“La Maldición De La Malinche” fue, en definitiva, un testimonio de una época en la que la música también servía para tomar posición, cuestionar el orden establecido y dar voz a quienes pocas veces encontraban un lugar en los medios comerciales. ¡Discazo!

Pop Bueno, Pop Malo


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

Hace dos años compré un libro por mera curiosidad y, casi diría, por gastar por gastar: Pop bueno, pop malo, de Jarvis Cocker.

 

Para quien no lo sepa, Jarvis Cocker es uno de los frontmen de una de las grandes bandas inglesas de todos los tiempos: Pulp, de la que es líder.

 

Pues este año tomé el libro y me puse a leerlo. ¡Gran libro, muy entretenido! No me arrepiento para nada de haberlo comprado; me la he pasado muy bien y lo he disfrutado con creces.

 

Cocker se da a la tarea de limpiar y, diría, hasta depurar un viejo cuarto donde guarda objetos que conserva desde su niñez. Sin embargo, ha llegado el momento de revisar qué conservar y qué desechar. El resultado es entrañable y muy divertido. A medida que revisamos los objetos junto con Cocker, conocemos la historia de cada uno y el entorno en el que vivía cuando los adquirió. Todo esto es un viaje personal, pero, además, hay momentos en los que descubrimos la génesis de esa increíble banda llamada Pulp. Sorprende que, desde muy joven, casi diría que desde niño, Jarvis Cocker ya tuviera muy claro que quería formar un grupo de rock, cómo tendría que sonar y hasta qué nombre le pondría.

 

Bolsas de supermercado, envoltorios de dulces, ropa, boletos de conciertos, libretas donde anotaba la vestimenta y el nombre de su futura banda, etcétera. Son diferentes objetos que marcaron su vida y que, con mucho ánimo y trabajo, lo llevarían a formar una banda muy importante. Sin embargo, el éxito y el reconocimiento no llegaron tan rápido como uno supondría. Los orígenes de Pulp se remontan a 1978. La banda grabó su primer disco en 1983, pero no fue sino hasta diez años después cuando alcanzó el éxito y el reconocimiento con la publicación del magistral His ’n’ Hers (1994), que se consolidaron con el gran Different Class (1995).

 

Un gran libro con varias anécdotas muy interesantes. Pop bueno, pop malo es una lectura muy entretenida, publicada por la editorial Sexto Piso.

Antes de tiempo: músicos que el rock perdió demasiado pronto

  Por Edgar Fernández Herrera     Hablar de muertes muy prematuras en el mundo del rock implica remitirse casi obligatoriamente al cél...