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sábado, 25 de abril de 2026

Mina ‘71


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

“Mina ‘71” es uno de los más grandes álbumes de Mina Mazzini, la Tigresa de Cremona, ya que marcó su consolidación artística gracias al control creativo que logró después de separarse de Augusto Martelli, su director y arreglista por varios años. Distinguido por un carácter clásico y elegante, este “reinicio” logró crear una atmósfera particularmente homogénea y refinada.

 

Lanzado por PDU, sello que fundó junto a Martelli, “Mina ‘71” fue producido por Pino Presti, quién le imprimió un sonido mucho más sofisticado, alineado con las tendencias internacionales del pop internacional y el soul blanco.

 

En aquel entonces, Mina estaba embarazada, lo que la llevó a tomar algunas decisiones artísticas como el uso de un mono para que apareciera en la carátula del disco, un gesto que adelantó su progresivo distanciamiento de la exposición mediática.

 

De acuerdo con críticos como Ezio Guaitamacchi y Mattia Marzi, este disco ratificó el salto artístico que Mazzini ya había dado desde finales de los años sesenta gracias a que permitió su lucimiento vocal, aunque no supuso una ruptura con su pasado o estilo.

 

Original de Alberto Testa y Tony Renis, “Grande, Grande, Grande” es una balada dramática con crescendo orquestal que se convirtió en uno de los mayores clásicos de Mina y en una canción de amplísima proyección internacional. En algunas colecciones está disponible su versión en español.

 

“Something”, compuesta por George Harrison para “Abbey Road”, de The Beatles, es otra de las pistas más interesantes del disco, pues respetó la letra original, pero transformó el enfoque emocional. Con arreglos que se inclinaron más al pop teatral, la canción destacó por su control del fraseo y los matices.

 

De la inspiración del maestro Lucio Battisti tenemos “Amor Mío”, que resumió muy bien el espíritu de “Mina ‘71”: elegancia, control emocional y protagonismo absoluto de la voz.

 

Un discazo que, cincuenta años después, aún suena refinado, poderoso y agradable. Uno de los mejores trabajos de la más grande de las divas italianas.

 

Con relación a la “portada del mono", se sustituyó el rostro de la cantante por una fotografía en primer plano de un primate, un gesto a la vez accidental y simbólico. Se cree que esta decisión fue principalmente práctica: debido al embarazo de Mina, no disponía de material fotográfico reciente. No obstante, dentro de la lógica visual de su carrera, esta sustitución conlleva un significado más profundo: eliminar el cuerpo de la diva refuerza un proceso de automitificación basado en máscaras, sustituciones y una imagen pública distorsionada.

 

La imagen del mono, a la vez desconocida e inquietante, rompe la expectativa de reconocimiento instantáneo, centrando la atención en una presencia anónima. Esto refuerza la sensación de ausencia de Mina y, al mismo tiempo, demuestra su control sobre su propia imagen.

With This Tear


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Qué difícil me resulta escribir sobre Prince, el hombre, el genio, el héroe… ¡mi héroe! Fue en 1994 cuando, por insistencia de mi hermano, compré el segundo volumen de “The Hits” con pocas atenciones, pues sólo le conocía “The Batdance”. Esa primera escucha fue como sufrir una conmoción sonora sin tratamiento o medicación. ¡Tantas resonancias y emociones en un solo disco! Ese falsete y esas guitarras me conquistaron inmediatamente. Rápidamente me dispuse a conseguir y juntar todo lo que aquel artista lanzara al mercado.

 

Después llegaron otros intereses musicales, algunos tan dinámicos y enteros como él, pero ninguno ha llegado a reemplazarlo. Mi admiración no ha disminuido en lo más mínimo, pues siempre descubro algo insólito cada vez que lo escucho. Su repentina muerte fue un golpe para mí; uno que no he logrado superar.

 

El lanzamiento de “With This Tear” representa tanto como rescate histórico como gesto conmemorativo: una balada íntima al piano, grabada originalmente en 1991 en Paisley Park y mantenida inédita durante décadas, que ahora ve la luz con motivo del décimo aniversario de su muerte. La canción —compuesta, producida e interpretada íntegramente por el geniecillo de Minneapolis— dejar ver su faceta más vulnerable y minimalista, oponiéndose a la versión que años atrás cedió a Céline Dion.

 

Más que una simple curiosidad de archivo, esta edición oficial, restaurada por el ingeniero Chris James, se escucha como una balada emocionalmente cargada que refuerza el legado creativo de Prince y abre la puerta a futuros lanzamientos inéditos de su vasto catálogo.

 

 

The Mountain


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Después de pasar una larga temporada en Francia, mi buen amigo Roberto regresó a tierras aztecas cargado de música que, ni por asomo, se escuchaba en Latinoamérica. Fue así que, en una suerte de primicia, conocí a Muse, Röyksopp y Gorillaz, un proyecto musical creado en 1998 por Damon Albarn y Jamie Hewlett, caracterizado por ser una “banda virtual” cuyos integrantes son personajes animados. “Tomorrow Comes Today”, lo primero que les escuché, me sorprendió muchísimo.

 

Mi entusiasmo creció, pues pronto llegaron álbumes como “Demon Days”, “Plastic Beach” y “Humanz”; todos ellos grandiosos. Sin embargo, por alguna extraña razón, mi interés declinó con “The Now Now”, “Song Machine” y “Cracker Island”. No son malos trabajos; simplemente no los escuché.

 

De esta suerte, cuando supe del lanzamiento de “The Mountain”, mi fascinación se encontraba en un punto realmente bajo, pero “The Happy Dictator”, una colaboración con Sparks, resonó fortísimo en mi interior, lo que me hizo recordar lo grande que es Gorillaz. Y es que, sí, estamos frente a una “gran aventura musical” y un álbum más cohesivo que trabajos recientes, incluso podemos considerarlo un punto alto tardío en la carrera del grupo. Su arriesgada mezcla de géneros, su exploración del duelo y su capacidad para transformar temas melancólicos en algo esperanzador son sus grandes cualidades.

 

Potentísimo y emocional, Damon Albarn canalizó el duelo en un disco que, por momentos, redunda en ideas. Los sitares, las flautas indias y las guitarras acústicas resuenan con tal poderío que resulta imposible no enamorarse. Se trata de un regreso espiritual, casi religioso. “The Mountain” está lleno de mensajes emocionantes y enternecedores con una cubierta pop/hip hop difíciles de no tomar en cuenta.

 

Con un aire cinematográfico, este álbum es una labor de amor en el mejor de los sentidos, pues rastrea comentarios políticos, miedos y trampas de una sociedad rehén de la tecnología, vida y muerte con innegable autenticidad. Las participaciones y/o colaboraciones del pasado y presente son fluidas y necesarias.

 

Temas como “The Mountain”, “The Moon Cave”, “The Happy Dictator”, “The Manifesto”, “The God Of Lying”, “Damascus” y “The Plastic Guru” sobresalen en este clásico instantáneo.

“Zombie”, a cincuenta años del afrobeat anti-militar


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

“Zombie”, no, no, querido lector, no confundir con la canción de la banda irlandesa The Cranberries. En esta ocasión nos referimos a esa gran pieza compuesta e interpretada por el enorme Fela Kuti.

 

Fela Anikulapo Kuti nació en Abeokuta, Nigeria, cuando este país africano seguía siendo colonia del Reino Unido, un 15 de octubre de 1938, y murió en Lagos, Nigeria, el 2 de agosto de 1997. Cantautor y multiinstrumentista.

 

Muy joven se traslada a Londres en 1958 para estudiar Medicina, pero, en un cambio trascendental y casi de último momento, optó por matricularse en el Trinity College of Music. A raíz de esto formó la banda Koola Lobitos, con la que comenzó a definir el estilo afrobeat.

 

Es en este periodo londinense que Fela adquiere una clara visión de la situación que sufre y ha sufrido Nigeria y África en general, pero el punto de inflexión ocurre durante una gira con su banda en territorio estadounidense, donde conoce a las radicales Panteras Negras y el movimiento Poder Negro, lo que será determinante e influirá en su pensamiento político, reflejándolo en su música. Es entonces cuando decide cambiar el nombre de la banda a Africa 70.

 

Su mensaje se politiza y se radicaliza a tal grado que “crea” la nación de Kalakuta, un claro ejemplo de cooperativa. Gana la simpatía y admiración de los activistas y de la gente que anhelaba la independencia de Nigeria; esto ocasionó que el artista empezara a sufrir persecuciones por parte de las autoridades.

 

Pero, lejos de amedrentarse, Fela Kuti y Africa 70 publican en 1976 uno de sus discos más exitosos y aclamados: “Zombie”, una joya de la música que provocó que los ataques del gobierno nigeriano se incrementaran, no solamente contra él, sino contra toda la banda, así como familiares y amigos. Además de las habituales redadas, llegó a sufrir ataques armados a la República de Kalakuta; en uno de ellos, Fela fue gravemente herido. Incluso los soldados asesinaron a la madre del cantante, lanzándola desde una ventana, lo que ocasionó la muerte de Funmilayo Ransome-Kuti, quien tenía 77 años de edad.

 

Dentro del disco se incluye una canción de 12 minutos titulada “Zombie”, un tema antigobierno/militar que utiliza la metáfora del zombi para describir los métodos del ejército nigeriano. El mensaje central de la canción es un ataque feroz contra la brutalidad y la tiranía del gobierno. Presenta al ejército nigeriano como una fuerza ciega y obediente, que lleva a cabo órdenes sin preguntar ni comprender. “Zombie” es una gran canción, apoteósica a nivel rítmico, pero con un mensaje brutal.

 

Fela Kuti fue un artista muy prolífico; falleció en 1997 por complicaciones del VIH. Un gran legado: ritmo y mensaje. Creador del movimiento afrobeat, acercarse a su obra no solo es interesante, es muy disfrutable.

sábado, 18 de abril de 2026

The Truth


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Prince fue un músico revolucionario que redefinió la música contemporánea al fusionar funk, rock, pop y R&B con una creatividad sin límites. Su maestría instrumental, sus innovadores métodos de producción y sus audaces exploraciones de la identidad y la sexualidad influyeron profundamente en generaciones de artistas, consolidándose así como una de las figuras más influyentes y visionarias de la historia de la música.

 

Concebido como un álbum acústico, “The Truth”, grabado en diferentes sesiones durante 1996 y 1997, y lanzado oficialmente en 1998, no recibió una comercialización individual, pues sólo se le consiguió como uno de los cinco discos del paquete Crystal Ball, que además incluyó “Kamasutra”, de The NPG Orchestra. Pese a su etiqueta, éste ocupó instrumentos electrónicos, samples, distorsiones y efectos de sonido.

 

“The Truth” se grabó en un momento de fuerte transición personal y artística debido a sus conflictos con la industria, su cambio de nombre y su búsqueda de independencia creativa. Tremendamente íntimo y personal, por él supimos de su dolor debido a la muerte del pequeño Amiir, su único hijo.

 

Pese a su producción austera y minimalista, este es un trabajo único en todo el catálogo de Prince debido a su lírica, emoción y sinceridad. Son doce baladas que, con todo y su sencillez, sobresalen asombrosamente. “Don’t Play Me”, en la que asume una postura artística frente a sus batallas legales con Warner Bros.; “Comeback”, una pieza enternecedora y dolorosa que se tocó en su funeral; “The Other Side Of The Pillow”, interpretada completamente en falsete; “One Of Your Tears”, maliciosa, pero muy seductora; “Circle Of Amour”, una historia única de lujuria y arrepentimiento”; “Man In A Uniform”, una fantasía sexual ligada a figuras de autoridad”; y “Dionne”, basada en la cantante Dionne Farris y que presenta un amor no correspondido e idealizado.

 

“The Truth” se distinguió rápidamente de la obra habitual de su Prince: minimalista, acústico y profundamente introspectivo, se alejó de sus característicos estilos funk y pop para explorar temas como la identidad, la espiritualidad y la vulnerabilidad. Si bien el disco no tuvo éxito comercial y su calidad fue algo irregular, su importancia radicó en que mostró el estado creativo libre y sin pretensiones de su intérprete, anticipándose de esta manera a los enfoques creativos más íntimos de sus trabajos posteriores.

 

Para mí, no fue una obra fácil de escuchar; sin embargo, con el paso de los años, se ha transformado en un indispensable dentro de mi colección.

Red Rose Speedway


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Paul McCartney siempre ha sido mi beatle favorito gracias a su talento melódico, su versatilidad y su indiscutible carisma. Pese a sus tropiezos artísticos, le reconozco su habilidad para crear música de primerísima categoría, perpetua e irremplazable. “Red Rose Speedway”, su cuarto álbum en solitario y el segundo acreditado a Wings, es una muestra de por qué me gusta tanto Macca.

 

Después del irregular “Wild Life”, de 1971, que fue duramente criticado por su sonido en extremo básico y poco pulido, Sir Paul se dispuso a grabar uno de sus discos más célebres gracias a temazos como “My Love”, “Little Lamb Dragonfly” y “When The Night”.

 

Pese a sus bondades, una buena parte de la crítica se mostró fraccionada al acusarlo de ligero y cursi. La exclusión de temas compuestos por Denny Laine y McCullough robusteció la idea de que en “Red Rose Speedway” únicamente se incluyeron canciones de relleno, a pesar de los experimentos “Loup” y “Hold Me Tight/Lazy Dynamite/Hands Of Love/Power Cut”, que replicaba lo hecho por los Beatles en el lado b de “Abbey Road”.

 

Concebido originalmente como un álbum doble, “Red Rose Speedway” fue un disco suave y melódico, que reflejó su faceta más romántica y accesible tras la disolución de The Beatles. Destacó por sus baladas elegantes y arreglos pulidos, con el éxito “My Love” como sencillo principal.

 

La versión ampliada contiene muchísimas joyas como “Mary Had A Little Lamb”, “Hi, Hi, Hi”, “C Moon”, “I Would Only Smile”, “Tragedy”, “Live And Let Die”, y una increíble versión en directo de “1882”, entre otras muchas tomas y curiosidades.

 

Un trabajo cálido, sencillo y pasional, a pesar de las lapidarias palabras de jueces como Robert Christgau, quien lo calificó como “posiblemente el peor álbum” de un gran rockero.

 

“Red Rose Speedway” se disfruta sin mayores pretensiones.

 

Niños De Plomo


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Hace unas semanas recordaba con mi familia lo asombrosa que es “Chernobyl”, la miniserie de drama histórico creada y escrita por Craig Mazin y dirigida por Johan Renck. Las sensaciones que nos produjo fueron tan enérgicas y poderosas que rápidamente buscamos algún “contamination drama” similar. Lo encontramos con el título de “Niños De Plomo”, otra historia llena de tragedias y que se inspiró en hechos reales.

 

“Ołowiane dzieci”, su título original, es un drama histórico que relata la desgarradora historia de la doctora Jolanta Wadowska - Król, quien en la década de los setenta descubrió una gran epidemia de intoxicación por plomo entre los niños que vivían cerca de una fundición en Katowice, Polonia. La serie sigue su valiente lucha contra el sistema comunista, que intentó encubrir el desastre ambiental para proteger sus intereses industriales, lo que puso en riesgo la vida de miles de familias.

 

En cuanto a su desarrollo, la serie destaca por una dirección sobria y contenida, que apuesta más por la atmósfera opresiva que por el dramatismo explícito, pues construye una tensión constante que se siente casi asfixiante. Las actuaciones, particularmente la de la actriz Joanna Kulig, quien encarna a la doctora, transmiten una mezcla muy lograda de determinación y vulnerabilidad. Esta combinación entre dirección precisa y actuaciones enérgicas logra que el horror de la situación no solo se entienda, sino que se sienta de forma persistente, lo que deja una impresión duradera.

 

Súper recomendable.

 

 

Mina ‘71

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