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sábado, 21 de marzo de 2026

Bedtime Stories / The Untold Chapter


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Madonna es una de las figuras más importantes de la música pop contemporánea. Desde su ascenso a la fama internacional en la década de los ochenta con álbumes como “Like A Virgin”, “True Blue” y “Like A Prayer”, ha logrado un enorme éxito comercial y cultural y se ha consolidado como una de las artistas más influyentes. A lo largo de su carrera ha superado constantemente sus propios límites mediante la innovación estética y musical, además de la exploración de temas sociales y culturales que generan debate público, rasgos que la distinguen dentro del ámbito artístico. Por ello, muchos la consideran una figura clave en la historia de la música pop mundial y una influencia directa para numerosos artistas posteriores.

 

Como complemento del su exitosísimo “Bedtime Stories”, de 1994, Madonna lanzó “Bedtime Stories / The Untold Chapter”, un EP fiel al espíritu del sonido R&B del disco original y que presenta una colección de remezclas y descartes. Quizá emocione más a los fanáticos más acérrimos, pero no puede ignorarse su gran aporte histórico, pues documenta el proceso de grabación de unos de sus discos más aclamados.

 

Si bien medios como Hot Press lo catalogaron como “interesante, pero difícilmente esencial”, hay temas bastante interesantes como “Love Won’t Wait”, compuesta por Shep Pettibone y que juega con el sonido pop/R&B que Madonna exploraba en esa época, y “Freedom”, con un mensaje claro de autoafirmación, muy alineado con la narrativa post – “Erotica”.

 

Destacan también las remezclas de “Survival”, “Human Nature” y “Secret”. No, no se trata de un imprescindible, pero sí se trata del testimonio de cómo Madonna gestó uno de sus álbumes más interesantes y aclamados por el público y la crítica en general.

Bicho


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Caetano Veloso es uno de los músicos más influyentes de Brasil: intérprete, compositor y pensador cultural que fue figura central del movimiento Tropicália a finales de los años sesenta. Su obra fusiona bossa nova, rock, samba y música experimental, con letras poéticas y conscientes sobre política, identidad y cultura brasilera. A lo largo de décadas ha lanzado álbumes icónicos y se ha consolidado como una voz clave de la música latinoamericana. Fue el primer gran artista brasileño que conocí cuando estudiaba la universidad.

 

Después de pasar una temporada un Lagos, Nigeria, donde participó en el Segundo Festival Mundial de las Artes y las Culturas Negras y Africanas, un encuentro internacional que celebró las artes y las culturas africanas, Caetano lanzó “Bicho”, un álbum que incorporó ritmos africanos, funk, disco y música popular brasileña.

 

Comercializado en 1977 por la discográfica Philips, el disco mostró una increíble fascinación de Veloso por sus raíces afrobrasileñas y por la música africana contemporánea. Su energía se describió como generosa y contagiosa. Pese a su dinamismo, recibió críticas porque “Bicho” representó una supuesta “alienación” política, pues el público esperaba a un artista más reaccionario frente a la dictadura militar.

 

Con los años, y gracias a temazos como “Odara”, “Tigresa”, “Um Índio”, “Two Naira Fifty Kobo”, “O Leãozinho” y “Gente”, el álbum fue revalorado como un trabajo que convirtió la celebración, el cuerpo y el ritmo en una forma de expresión cultural y política.

 

En lo personal, son tres canciones las que brillan como auténticos clásicos de la música popular brasileña: “Odara”, palabra que Caetano tomó del yoruba para encomiar el goce carnal; “Two Naira Fifty Kobo”, cuya letra alude al dinero y reproduce ritmos africanos como el jùjú; y “O Leãozinho”, una preciosa balada dedicada al bajista Dadi Carvalho.

 

Otra pista destacadísima es “A Grande Borboleta”, que describe a una gran mariposa que lleva la luna en un ala y el sol en la otra.

 

Con una portada minimalista, “Bicho” es, sin lugar a dudas, uno de los mejores discos del maestro Caetano Veloso. Imperecedero, majestuoso y alegre.

Flux


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Mientras se encuentran en una pausa indefinida, Alison Goldfrapp ha lanzado “Flux”, su segundo disco de estudio, un trabajo estético y coherente, con una producción elegante. Con mezclas de synth - pop etéreo y ambient electrónico, este álbum representa, sin lugar a dudas, una obra de “propiedad creativa y narrativa personal”.

 

Pese a sus bondades, “Flux” demuestra menos fuerza que lo hecho por el dúo Goldfrapp, pues se extraña la autoridad sonora de “Seventh Tree” y “Tales Of Us”. Sí, hay que reconocer que es bueno, pero menos innovador y memorable que los mejores trabajos de su carrera.

 

Sus texturas electrónicas meticulosamente elaboradas han recibido elogios de medios como Pitchfork, mientras que publicaciones como The Independent han enfatizado sus cualidades introspectivas pero coherentes, que giran en torno a temas de transformación e identidad.

 

Con todo, algunos críticos lo han tachado como su álbum menos impresionante. En general, “Flux” es una obra elegante y muy personal que consolida su expresión artística independiente, pero no alcanza el impacto creativo de su período de mayor esplendor.

 

“Reverberotic”, “Play It (Shine Like a Nova Star)” y “Cinnamon Light” son temazos. Súper recomendables.

La Revolución de Emiliano Zapata


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Queridos lectores, pues continuando con bandas mexicanas que son parte de la historia del rock producido aquí en México, hoy platicaremos de una agrupación oriunda de Guadalajara, Jalisco, que fue un verdadero revuelo porque tuvo un inusitado éxito fuera de las fronteras de nuestro país; nos referimos a La Revolución de Emiliano Zapata.

 

La Revolución de Emiliano Zapata tiene sus orígenes en Guadalajara, Jalisco, y se conformó con Óscar Rojas, Carlos Valle, Francisco Martínez Ornelas, Antonio Cruz y Javier Martín del Campo, todo esto a finales de los 60.

 

La banda acudió a un concurso en la radio local y resultaron ganadores, lo que les proporcionó un contrato discográfico con Polydor. Para esto se trasladaron al entonces Distrito Federal, donde grabaron su primer sencillo, “Nasty Sex”, que rápidamente se popularizó y llegó a lo más alto de las listas; esto ocasionó que Polydor les grabara un disco que, de manera muy sorpresiva, resultó muy exitoso e incluso tuvo una excelente acogida en Europa. Llegaron a ser tan populares que fueron invitados al Festival de Rock y Ruedas de Avándaro en 1971, y los muy mamoncitos se negaron a ir, porque según ellos la paga no era justificable para una banda como ellos; supongo que se arrepintieron después los muy tontos, porque Avándaro es un hito dentro de la historia de México, no solo artística, sino social, cultural y hasta política.

 

Su disco, en sus primeras tres ediciones, pero sobre todo la primera, es considerado un santo grial dentro del rock mexicano. La razón es muy sencilla: los elepés están enumerados con una estampilla en la portada; la primera edición va del número 01 al 5000, la segunda del 5001 hasta el 10 000 y la última edición en ser enumerada continúa donde se quedó la anterior y culmina en el número 15 000. Esto ha ocasionado que sean objetos muy buscados. Después de la tercera edición no se enumeró ningún acetato.

 

La canción insignia de la agrupación y la que provocó el éxito tanto nacional como mundial fue “Nasty Sex”. El segundo sencillo del disco “Ciudad Perdida” no tuvo tanto éxito, e inclusive pienso que es mejor canción que la primera.

 

En 1972 participaron en la película “La verdadera vocación de Magdalena”, con la cantante y actriz Angélica María como protagonista, con un argumento que a grandes rasgos contaba que Magdalena quiere ser estrella musical y está dispuesta a todo con tal de lograrlo. La banda aportó música para la película y aparece en ella.

 

Pero también, como a todos los grupos de la época, los alcanzó la censura, la represión y la moralina del gobierno, y la inevitable decadencia llegó. Al contrario de varios de sus colegas, la banda continuó tratando de tener nuevos éxitos que no llegaron en el rock, sino en la balada romántica que dominó la escena nacional en los setenta.

 

Ignoro qué haya sido de la agrupación. En los 90, el sello Discos Manicomio lanzó una remasterización del disco original, pero le cambió la portada y posteriormente realizó una regrabación de sus viejos éxitos, ahora con el nombre de “La Revo”.

 

No es un disco que recomiende, no es de mi total agrado, pero debo confesar que su portada siempre me ha gustado y el nombre de la banda me parece sensacional; pero, aun así, vale la pena para conocer la historia del rock hecho en nuestro país y saber el contexto de una época convulsa en México.

sábado, 14 de marzo de 2026

Maria Fumaça


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Banda Black Rio es una prestigiosa banda brasileña de samba, funk, soul y jazz, fundada en Río de Janeiro en 1976 por el saxofonista Oberdan Magalhães. Nacida dentro del movimiento cultural Black Rio, que celebraba la identidad afrobrasileña y con una fuerte influencia del soul y el funk estadounidenses, su música se caracteriza por una fusión de ritmos cariocas, como la samba, con el funk y el jazz, para crear un sonido instrumental innovador que ha impactado profundamente la música afrobrasileña.

 

La primera etapa de la banda finalizó en 1984 tras la muerte del fundador. Sin embargo, en 1999, su hijo, el tecladista William Magalhães, reformó la banda y reclutó nuevos miembros. Desde entonces, Banda Black Rio se ha mantenido activa, grabando álbumes y ofreciendo conciertos, manteniendo siempre su compromiso de fusionar las tradiciones musicales brasileñas con el funk y el jazz.

 

“Maria Fumaça”, lanzado en 1977, es quizá el álbum más notorio de esta agrupación, pues simbolizó una brillante esencia entre la samba y el funk gracias a los arreglos de metales, las percusiones y los solos instrumentales. Pese a sus etiquetas, es un categórico representante del soul brasileño, pues en él se escuchan las influencias de Robson Jorge y Lincoln Olivetti.

 

Bailable y dinámico, “Maria Fumaça” fue todo un imprescindible de aquella época porque celebró, como pocos discos, la cultura afrobrasileña.

 

“Maria Fumaça”, “Na Baixa Do Sapateiro”, “Casa Forte”, “Leblon Via Vaz Lôbo” y “Mr. Funky Samba” son clásicos imperecederos de Banda Black Rio. Escúchelo, sorpréndase y póngase a bailar al compás de sus ritmos.

Águas de Março


 Por Edgar Fernández Herrera

 

A mi hermano Oscar

 

 

El mundo de la música brasileña lo conocí más a fondo por mi hermano Oscar; se clavó gruesísimo en el movimiento Tropicalia, jóvenes brasileños que a mediados de los 60 iban en contra del Bossa Nova, pero sí gustaban de sus raíces, no las ignoraban; las conjugaron con un poco de psicodelia y de rock, pero sobre todo con mensaje. ¿A qué me refiero? A que grandes artistas como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa y Os Mutantes le agregaron a su movimiento cultural letras políticas, sociales y culturales.

 

Generacionalmente, la gran Elis Regina creo que no la consideran en este movimiento cultural; ella comenzó su carrera en 1959. Sin embargo, ideológicamente estaba acorde al Tropicalismo, ya que estuvo en contra de la idea de que Brasil era diversión, playa, mujeres y hombres atractivos. Brasil era mucho más, y lo que, en su música, y sobre todo en su arte, denunciaba Elis —al igual que Caetano y Gilberto— era que había represión política, censura, pobreza y desigualdad social. Elis era una mujer muy politizada.

 

Por el contrario, el gran Tom Jobim, a pesar de ser un gran artista —nadie pone en juicio su genialidad—, a diferencia de los músicos antes mencionados, en su música sí recurría o explotaba el Brasil paradisíaco: el de las hermosas playas y, sobre todo, las mujeres hermosas. Basta con escuchar esa canción hermosa que es “Garota de Ipanema”.

 

Difícil haber pensado en una colaboración entre Elis Regina y Tom Jobim; sin embargo, sí se dio, por increíble que pueda pensarse, y la verdad fue un gran trabajo. Pero esta mítica colaboración la pueden leer en “Escombros Cósmicos”, que hace una semana nos relató Oscar Fernández.

 

Hoy quisiera concentrarme en una sola canción, quizás la mejor del disco, o mejor dicho, mi favorita: me refiero a la sensacional Águas de Março.

 

Águas de Março fue compuesta por Jobim en el año de 1972, pero alcanzó la gloria, notoriedad e inmortalidad con Elis Regina, una de las grandes glorias de la música brasileña, en 1974 con la publicación del disco Elis & Tom.

 

Cuenta la leyenda que, al momento de grabarla, le recriminó al maestro Jobim cómo le pedía que debía cantarla. Él siempre sugirió susurrar; Elis era de voz fuerte, no se contenía, y sin embargo al final se logró una gran canción.

 

La canción, que en apariencia solo plasma los cambios estacionales, en realidad nos hace ver lo fugaz que es el paso por este mundo terrenal. Un tema muy profundo que Jobim supo plasmar en esta hermosa composición. Hacia el final de la canción se puede apreciar una divertida improvisación entre Regina y Jobim, muy al estilo de los grandes vocalistas de jazz, un “scat” delicioso.

 

Jobim era un gran letrista, y en esta pieza lo demuestra con creces. La metáfora de utilizar las grandes lluvias torrenciales que inician en marzo nos indica que se está preparando la tierra para un nuevo florecimiento. Esto resulta muy inspirador: son los ciclos de la naturaleza y de la vida humana, todo tiene relación. Jobim lo muestra de una manera muy poética: hay que estar preparados para los cambios o los momentos de transición.

 

Se cuenta que la intención del sello discográfico Philips era acercar el Bossa Nova al público de ella, con la intención de que el radicalismo de las ideas políticas de Elis y sus seguidores bajara. Recuerden que en esos años Brasil vivía una dura dictadura militar, pero Elis era intocable: tenía una popularidad enorme y el gobierno tenía miedo a las reacciones.

 

Hace muchos años escuchaba un podcast llamado “El soundtrack de una vida”; en el, la gran cantante Jaramar decía que, para no olvidarse de qué es cantar, qué es disfrutar el canto y, sobre todo, recordar las grandes voces, siempre se remitía a Elis Regina y a sus Águas de Março.

Disco Fizz


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

El italodisco es un género de música electrónica de baile que surgió en Italia a finales de los años setenta y se popularizó enormemente en los ochenta. Se caracterizó por el frecuente uso de sintetizadores, cajas de ritmos y vocoders, junto con ritmos dinámicos y melodías sencillas. El término comenzó a extenderse en los ochenta, especialmente en Alemania, para promover la música disco italiana, que fusionaba elementos del disco, el synth pop y el post disco, música que posteriormente influyó en otros estilos de música electrónica europea.

 

El proyecto musical Azoto, en colaboración con el productor italiano Celso Valli, lanzó “Disco Fizz” en 1979. Este álbum se consideró una de las primeras obras de lo que posteriormente se conocería como italodisco, ya que incorporó las estructuras de la música disco de los años setenta y utilizó muchísimos sintetizadores y ritmos electrónicos. Destacó "San Salvador", la canción más famosa del proyecto, que consolidó la posición del disco italiano en las pistas de baile occidentales.

 

Reconocida como un clásico del italodisco, “San Salvador”, compuesta y producida por Celso Valli, con letra de Julie Scott, describió un lugar imaginario y festivo —“San Salvador”— presentado como un espacio de escape donde la gente cantó, bailó y dejó atrás sus preocupaciones. Repetitiva e hipnótica, fue toda una celebración en los clubes nocturnos.

 

Con el tiempo, “San Salvador” se convirtió en la pieza más conocida de Azoto. La canción circuló ampliamente en Europa y llegó a figurar en listas musicales en países como Bélgica y Países Bajos a comienzos de los años ochenta, además de inspirar remezclas, versiones y numerosas reutilizaciones de sus elementos musicales en otras producciones de música electrónica. Por ello, suele considerarse un tema temprano que anticipó el desarrollo posterior del italodisco y de la música electrónica de baile occidental.

 

“Soft Emotion” fue otro de los grandes éxitos de Azoto. Con un pulso típico de la música de club —alrededor de 126 BPM en compás 4/4—, narró una experiencia emocional y sensual asociada al deseo y a la intimidad. Pese a su elegancia y cadencia, nunca fue tan popular como su predecesora.

 

El italodisco logró gran notoriedad gracias a artistas como Charlie, Ryan Paris, P. Lion, Gazebo, Raf, Baltimora, Righeira, My Mine, y muchos otros; sin embargo, obras tempranas como “Disco Fizz”, de Azoto, ayudaron a sentar algunas de las bases del sonido que más tarde caracterizaría al género.

 

Un trabajo alegre, dinámico y fresco, ideal para una noche de fiesta con algunas pinceladas de nostalgia.

 

Bedtime Stories / The Untold Chapter

  Por Oscar Fernández Herrera       Madonna es una de las figuras más importantes de la música pop contemporánea. Desde su ascenso a...