Por Oscar Fernández Herrera
Kate Bush es una cantante, compositora y productora inglesa
que ha revolucionado la industria musical desde su debut en la década de los
setenta. Es mundialmente conocida por su estilo único, dramático y expresivo
que agrupa el arte pop con influencias de la literatura, la mitología y la
experimentación.
Con tan solo 19 años logró el éxito con “Wuthering Heights”
y encabezó las listas británicas con una canción que ella misma compuso. Su voz
única, su enfoque innovador en la creación musical y su actitud poco
convencional la colocaron en una posición influyente y enigmática en la
historia de la música moderna.
Después de seis sorprendentes álbumes, Kate se mostró
completamente libre y desafiante, dispuesta a grabar la música que deseaba,
algo que ya había demostrado en el magnífico “The Sensual World”, de 1989. Pese
a las libertadas conquistadas, “The Red Shoes”, comercializado en 1993,
apareció después de una ruptura amorosa y de los decesos de su madre y de Alan
Murphy, su guitarrista, lo que influyó en la lírica y el sentimiento general
del disco.
Por otra parte, éste fue grabado para interpretarse en
directo, lo que orientó a un estilo menos complicado y sí más accesible, según
sus detractores, y se integró con el filme “The Line, The Cross & The Curve”.
Enternecedor pero incómodo, la lírica es quizá menos
arriesgada que en sus primeros discos. Con todo, “The Red Shoes” nos regaló
auténticos clásicos: “Moments Of Pleasure”, “Rubberband Girl” y “The Song Of Salomon”,
entre otras muchas. Llegué a escucharlo gracias Prince, pues en aquella época
buscaba todas las colaboraciones del geniecillo de Minneapolis para añadirlas a
mi colección de música. Sí, lo sé, qué pena que no la haya descubierto antes.
Pese a lo sobreproducidas que están algunas de las pistas, amo a este álbum
como a ningún otro.
“The Red Shoes” se disfraza de tristeza y rabia casi
abrumadoras. Los retrasos y cambios de dirección lo arrastraron a un lugar nada
acertado: la decepción, el intenso dolor y la crítica brutal. Pero aun así fue
un disco de Kate Bush, y eso significa que en él encontramos resplandor y
talento desbordados. ¿Cómo abominar “Eat The Music”,
“You’re The One”, “Lily”, “Why Should I Love You?”, o “And So Is Love”? Todas fueron (son) magnificas,
aunque no “funcionaran” en conjunto.
La recepción fue mala en Estados Unidos, donde Kate había
logrado popularidad gracias a “The Sensual World”. La prensa lo catalogó de
raro y desarticulado (sin separar su lado más “pop” hasta el momento).
Uno de los mayores problemas de “The Red Shoes” fue su
largo y turbulento proceso de desarrollo. Proclamado originalmente para su
lanzamiento en verano, éste se pospuso repetidamente a medida que la vida
personal de Kate se complicaba cada vez más. Pasaron tantos años entre el
anuncio y el lanzamiento que muchos asumieron que nunca se publicaría, e
incluso que Kate podría no volver a publicar música.
Cuando finalmente se reveló que estaba regrabando y
reelaborando gran parte del material, no fue de extrañar que muchas canciones
sonaran recargadas y sobrecargadas, carentes de la espontaneidad característica
de sus trabajos anteriores. Esto se nota especialmente en temas como “Eat the
Music”, donde la producción suena forzada, como si la canción no pudiera
decidir qué quería ser.
Por otra parte, el concepto original del álbum, inspirado
en la película de 1948 “Las Zapatillas Rojas”, se transformó en algo más
difuso. Comenzó como un álbum conceptual sobre la creación artística, luego se
convirtió en una colección de canciones basadas en cuentos y libros, y
finalmente, reflejó los traumas personales de la artista, desde relaciones
rotas hasta la muerte de su madre, de una manera cruda y directa.
Sin embargo, “The Red Shoes” es un recorrido lleno de
desconsuelo, honestidad y liberación. Eso lo hace único y diferente a otros
álbumes. Sí, es quizá el más controvertido, pero nadie podrá cuestionar sus
pinceladas de tragedia y ludicidad.
Un disco incómodo, caótico, desgarrador, y a veces incluso
frustrante. Pero también honesto, arriesgado y lleno de momentos brillantes. No
fue lo que muchos fans querían, y en eso radica parte de su historia y su
conflicto.

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