Por Oscar Fernández Herrera
“Mina ‘71” es uno de los más grandes álbumes de Mina
Mazzini, la Tigresa de Cremona, ya que marcó su consolidación artística gracias
al control creativo que logró después de separarse de Augusto Martelli, su
director y arreglista por varios años. Distinguido por un carácter clásico y
elegante, este “reinicio” logró crear una atmósfera particularmente homogénea y
refinada.
Lanzado por PDU, sello que fundó junto a Martelli, “Mina
‘71” fue producido por Pino Presti, quién le imprimió un sonido mucho más
sofisticado, alineado con las tendencias internacionales del pop internacional
y el soul blanco.
En aquel entonces, Mina estaba embarazada, lo que la llevó
a tomar algunas decisiones artísticas como el uso de un mono para que
apareciera en la carátula del disco, un gesto que adelantó su progresivo
distanciamiento de la exposición mediática.
De acuerdo con críticos como Ezio Guaitamacchi y Mattia
Marzi, este disco ratificó el salto artístico que Mazzini ya había dado desde
finales de los años sesenta gracias a que permitió su lucimiento vocal, aunque
no supuso una ruptura con su pasado o estilo.
Original de Alberto Testa y Tony Renis, “Grande, Grande,
Grande” es una balada dramática con crescendo orquestal que se convirtió en uno de los
mayores clásicos de Mina y en una canción de amplísima proyección
internacional. En algunas colecciones está disponible su versión en español.
“Something”, compuesta por George Harrison para “Abbey
Road”, de The Beatles, es otra de las pistas más interesantes del disco, pues
respetó la letra original, pero transformó el enfoque emocional. Con arreglos
que se inclinaron más al pop teatral, la canción destacó por su control del
fraseo y los matices.
De la inspiración del maestro Lucio Battisti tenemos “Amor
Mío”, que resumió muy bien el espíritu de “Mina ‘71”: elegancia, control
emocional y protagonismo absoluto de la voz.
Un discazo que, cincuenta años después, aún suena refinado,
poderoso y agradable. Uno de los mejores trabajos de la más grande de las divas
italianas.
Con relación a la “portada del mono", se sustituyó el
rostro de la cantante por una fotografía en primer plano de un primate, un
gesto a la vez accidental y simbólico. Se cree que esta decisión fue
principalmente práctica: debido al embarazo de Mina, no disponía de material
fotográfico reciente. No obstante, dentro de la lógica visual de su carrera,
esta sustitución conlleva un significado más profundo: eliminar el cuerpo de la
diva refuerza un proceso de automitificación basado en máscaras, sustituciones
y una imagen pública distorsionada.
La imagen del mono, a la vez desconocida e inquietante,
rompe la expectativa de reconocimiento instantáneo, centrando la atención en
una presencia anónima. Esto refuerza la sensación de ausencia de Mina y, al
mismo tiempo, demuestra su control sobre su propia imagen.

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