Vistas a la página totales

viernes, 1 de mayo de 2026

Michael


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Michael Jackson es el responsable de mi gusto desmedido por la música. Sí, era un adolescente cuando “El Rey del Pop” visitó México como parte de su gira “Dangerous”. Resultó casi imposible no escucharlo y enamorarse de sus canciones, monumentales clásicos que aún podemos disfrutar en diferentes formatos.

 

Gracias a ese fanatismo, pronto me interesé en otros géneros y creadores, lo que causó que me alejara de la música de Jackson, aunque, cada tanto, siempre regresaba para escucharlo con mucha emoción y nostalgia, sobre todo sus discos de la Motown, donde puede apreciársele una voz francamente sorprendente. Con todo, el anuncio de su película autobiográfica no me emocionó en lo absoluto porque este tipo de filmes me decepcionan por lo superficiales e insípidos que son. Por desgracia no me equivoqué.

 

La ambiciosa “Michael”, dirigida por Antoine Fuqua, se presentó como el retrato definitivo de Michael Jackson, pero terminó por quedarse en una versión cuidadosamente “perfecta” de su figura. Lejos de ofrecer un acercamiento honesto, la película optó por una narrativa que sorteó de la forma más despreciable los episodios más controvertidos de su vida, lo que resultó en una biografía incompleta y, por momentos, complaciente. Esta decisión no solo redujo su alcance dramático, sino que también limitó cualquier intento de adentrarse en la complejidad psicológica del artista, cuya personalidad aparece apenas esbozada entre viñetas superficiales de éxito y genialidad.

 

El guion, estructurado bajo los códigos más convencionales del biopic musical, prosperó sin riesgos ni hallazgos formales para acumular momentos emblemáticos sin una verdadera cohesión emocional. En lugar de construir un arco narrativo sólido, el filme se percibe como una sucesión de estampas que dependen en exceso del poder de canciones icónicas como “Billie Jean” o “Thriller”, utilizadas más como sostén que como una parte sistémica del discurso cinematográfico. Ni siquiera estas recreaciones lograron el impacto esperado: muchísimas secuencias carecen de la energía y el magnetismo que definieron al artista en su mejor momento.

 

A ello se sumó un desarrollo débil de los personajes secundarios, que orbitaron alrededor de Jackson sin aportar matices ni conflictos reales, y una sensación persistente de relato recortado, como si la historia se negara a completarse. Me dio la impresión de que sólo se trató de una interminable secuencia de cómo se filmaron sus célebres videoclips y ya.

 

El resultado es una obra técnicamente complaciente, pero dramáticamente inofensiva, que beneficia el homenaje por encima de la introspección. En última instancia, “Michael” funciona como un espectáculo pulido y accesible, pero renuncia a la profundidad y al riesgo que exige un personaje de tal magnitud: mucho brillo, sí, pero sorprendentemente poca verdad.

 

Eso sí, los fanáticos más conformes la amaran porque, para ellos, es impensable reconocer que Michael fue la suma de éxitos y fracasos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Michael

  Por Oscar Fernández Herrera       Michael Jackson es el responsable de mi gusto desmedido por la música. Sí, era un adolescente cu...