Por Oscar Fernández Herrera
Después de algunos intentos fallidos para hacerse notar en el caprichoso mundo de la música, David Bowie grabó “Hunky Dory” luego de relacionarse con personajes como Andy Warhol y Lou Reed. El disco, que apareció públicamente en 1971, significó una afirmación de principios mucho más juiciosa del camaleónico artista inglés frente a un público que aún lo recibía con tibieza. “Divine Symmetry… an alternative journey through Hunky Dory” celebra más de cinco décadas de este asombroso álbum, tan ingenioso como desordenado.
“Divine Symmetry”, a diferencia de “Conversation Piece” y “The Width Of A Circle”, es un recopilatorio mucho más personal e íntimo, quizá porque delimita el ciclo anterior al fenómeno “Ziggy Stardust”. En él escuchamos cómo Bowie acomodó los cimientos de su genialidad gracias a letras incompletas, arreglos seccionados y demostraciones llenas de experimentos y errores que, al final, germinarían en el primer gran disco del camaleón. Del mismo modo, encontramos aquí los nacientes guiños del formidable “The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”.
Llama la atención la instrumentación tan rudimentaria de los demos, pues se diferencian de la guitarra que apreciamos en “Space Oddity” y “The man who sold the world”. El piano impera en la mayoría de las pistas, ofreciendo resultados delicados y fascinantes. Las aptitudes de David Bowie como letrista ya se asoman con ese dramatismo que tanto le extrañamos.
Las pistas en directo también son una agradable sorpresa, pues descubren a un intérprete juguetón pero intranquilo, sugiriendo apenas el torbellino que vendría después. La inclusión de temas inéditos añade más valor a la obra. El álbum promocional “BOWPROMO”, incluido en el volumen cuatro, redime el sonido original de “Hunky Dory”, más sucio y menos profesional.
Al final, “Divine Symmetry” nos muestra una transición de Bowie hacia terrenos más fértiles y turbulentos, aunque quizá el público ocasional lo encuentre fastidioso (“Amsterdam”, por ejemplo, aparece en cada uno de los discos que totalizan esta colección). Tampoco se engañe, queridísimo lector, esta recopilación bellamente empaquetada es mucho más que una suma de canciones sin notable afinidad. Se trata del comienzo de una revolución sin precedentes en la historia del arte popular.
Como apunte final: sorpréndase con “Tired of my life” y “King of the city”, que poco a poco se reconocerán como “It’s no game” y “Ashes to ashes” una década después.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario