Por Oscar Fernández Herrera
Cada vez que escucho "Everybody Wants To Rule The
World", la piel se me eriza. Me transporta inmediatamente a mi infancia,
cuando las cosas parecían más sencillas y prometedoras. Su batería programada y
su movimiento rítmico constante poseen una precisión casi hipnótica; los
teclados dialogan con la voz y la guitarra, elementos que caracterizaron buena
parte de una década marcada por las tendencias absurdas, la Guerra Fría y las
superestrellas del pop.
Lanzado en febrero de 1985, "Songs From The Big
Chair" convirtió a Tears For Fears, un dúo británico integrado por Roland
Orzabal y Curt Smith, en uno de los nombres más importantes del pop
internacional de los ochenta. El disco incorporó sintetizadores, guitarras,
ritmos electrónicos, arreglos ambiciosos y letras que abordaron el poder, los
conflictos sociales y las contradicciones personales para definir el sonido de
toda una década.
Después de la buena recepción que Orzabal y Smith
obtuvieron con "The Hurting", su carta de presentación, el dúo no
quiso repetir las fórmulas para su siguiente álbum, pese a las presiones del
público y de su discográfica, que anhelaban una continuidad segura. Los músicos
interrumpieron los procesos de composición y grabación para experimentar y
explorar nuevas ideas.
El productor Chris Hughes defendió una propuesta que
establecía una correspondencia entre las guitarras y una electrónica dominada
por los sintetizadores. El resultado fue un sonido que combinó máquinas e instrumentos
reales, ritmos precisos, arreglos expansivos, melodías accesibles y letras que
invitaban a la reflexión. El uso de sintetizadores como el Prophet 5, el
Jupiter 8, el DX7 y el PPG Wave, además de la caja de ritmos LinnDrum y el
sistema de muestreo Fairlight CMI, fue decisivo para crear temazos como
"Shout", "Head Over Heels" y "Everybody Wants To Rule
The World".
El tema insignia del disco nació de una sencilla secuencia
de dos acordes que Orzabal tocó con una guitarra acústica. Chris Hughes reconoció
las posibilidades artísticas de ese patrón y lo trasladó a un entorno de
programación rítmica. Orzabal terminó la composición junto con Hughes e Ian
Stanley, y la canción quedó lista en aproximadamente una semana. En un
principio, la pista se llamó "Everybody Wants To Go To War", pero el
título cambió cuando la letra evolucionó hacia una reflexión más amplia sobre
la ambición, el control y el deseo de poder.
La grabación combinó programación electrónica, bajo
sintetizado, guitarras acústicas y eléctricas, y voces cuidadosamente
registradas. El guitarrista Neil Taylor aportó el solo final, que le dio a la
canción una identidad más orgánica y melódica.
Una obra maestra que nos regaló "Shout", una
exigencia de expresión y liberación emocional; "Everybody Wants To Rule
The World", un tema que sintetizó el espíritu de los ochenta gracias a su
accesibilidad pop, su precisión electrónica y su reflexión social; "Head
Over Heels", un sencillo que equilibró romanticismo, incertidumbre y una
melodía expansiva; "The Working Hour", una joyita que transmite una
sensación de tensión y desgaste; "I Believe", un tema bellamente
introspectivo; y "Mother's Talk", una canción que representó una
transición en el sonido de Tears For Fears.
Pese a su tibia recepción inicial, "Songs From The Big
Chair" es uno de esos discos que trascienden el paso del tiempo.
Sorprendente.
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