Por Edgar Fernández Herrera
Quizás fue el primer disco que escuché de The
Cure; debió ser a finales de la década de los 80, por ahí del 89. Un vecino lo
tenía en elepé. No recuerdo que haya sido un gran fan de la banda, pero pues lo
tenía, y es fácil de deducir: es una de las pocas compilaciones que hay. Hay
que aclarar que, contrario a lo que la gran mayoría de la gente piensa, no se
trata de una recopilación de grandes éxitos, sino que es un compilado de los
singles o sencillos que publicó la banda desde 1979 hasta 1985, y se trata de
uno de los pocos discos de ese tipo que encontrarás en las listas de
publicaciones especializadas en música. Es prácticamente la entrada al mundo de
Robert Smith y compañía; casi puedo asegurar que la gran mayoría de los que hoy
gustan del sonido de The Cure los conocieron por este disco.
Y yo no fui la excepción. Como decía líneas
arriba, un vecino tenía el acetato. Escarbando en su colección encontré “Standing
On A Beach”; me llamó poderosamente la atención por la portada: es un hombre de
tercera edad que está sobre un paisaje desolado, frío y nublado. Me preguntó:
“¿Los conoces?”. Respondí que no, a lo que de inmediato mi amigo lo puso en el
tocadiscos y sonó “Boys Don’t Cry”, y pues desde ahí empezó mi amor por The
Cure.
Con el paso de los años fui adquiriendo
discos, casetes, bootlegs, posters,
recortes de revistas (tenía amigas que compraban revistas y, si había una
noticia o reportaje de la banda, me lo mostraban y en muchas ocasiones me
regalaban las fotografías que traía la revista), playeras, películas y, obvio,
ir a conciertos. Pero además de eso, el gusto por la música de The Cure ha
ocasionado conocer gente lindísima que también aprecia y gusta de la banda
oriunda de Crawley, Inglaterra.
Este mítico disco salió publicado en mayo de
1986. En ese momento se podía conseguir en dos formatos: elepé y casete, y con
el paso de los años pasaría al formato CD. El elepé o acetato es la versión más
sencilla; su versión en disco compacto incluye cuatro temas que no se
incluyeron en el LP y, por cierto, salió con un nombre distinto: “Staring At The
Sea”.
Pero la verdadera joya, y casi diría el Santo
Grial, hoy en día prácticamente no se puede conseguir: es el formato casete,
porque además de contener las canciones del elepé incluía doce caras B que,
hasta 2004, con la publicación del box set “Join The Dots: B - Sides &
Rarities”, no se conseguían tan fácilmente. Por cierto, en este formato se titulaba
“Standing On A Beach – The Singles (And Unavailable B - Sides)”. Esta
presentación la compré alrededor de 1993 o 1994 y fue un golpe de suerte: fue
en Mixup de Plaza Lindavista. Fui de cacería de discos con mi amigo Ademir
Villalobos, otro fan de La Cura, y pues al estar revisando los estantes lo
encontré. No recuerdo el precio, pero aún lo sigo conservando.
Aparte de la buena selección de temas que
tiene el disco, también posee una de las portadas más icónicas. Contrario a lo
que se cree o se piensa, el señor que aparece en la portada no es el padre de
Robert Smith; se trata de un pescador de nombre John Button, ya un hombre
jubilado que accedió a prestar su imagen para “ayudar a estos jóvenes”, y
también accedió a salir en el videoclip de “Killing an Arab”. La fotografía y
el video tuvieron como escenario un día gris en la playa de Budleigh Beach, en
Devon, Inglaterra.
El disco se publicó
para conmemorar los diez años de fundación de la banda. Es, por excelencia, el
disco que uno debe escuchar para poder sumergirse en los sonidos de The Cure;
muy recomendable.

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