Por Edgar Fernández Herrera
En este 2026, como bien se sabe, es año
mundialista. México es coanfitrión de la justa futbolera y, pues, esto ocasionó
hace algunos días recordar un partido de hace 40 años, celebrado en el mítico
estadio Jalisco, en la ciudad de Guadalajara: eran cuartos de final, Brasil y
Francia se enfrentaban.
Seré sincero: el recuerdo es vago; sin
embargo, hay momentos que se me quedaron grabados y nunca los olvidé. Era un
lunes 21 de junio, y aunque no fui ni he sido un gran fan del futbol, hay
partidos que uno no puede perderse; según eso pensaba, hasta que la vida
laboral, al momento de ingresar a ella, se encargó de restregarme en la cara
que me olvidara de ese tipo de distracciones.
Pero en 1986 tenía yo nueve años y no tenía
ningún impedimento más allá de la tarea o algún quehacer en la casa. Esa tarde
en particular estaba libre y me dispuse a ver ese partido que levantó una gran
expectativa. Creo que unos días antes, junto a mi padre, veíamos el programa
“Los Protagonistas”, en donde el Sr. José Ramón Fernández y los analistas
comentaban que era un auténtico duelo de titanes y que no podíamos perdernos la
actuación del gran Sócrates y de Michel Platini, estrellas de las selecciones
de Brasil y Francia, respectivamente.
En esos tiempos ancestrales, el mundo no
estaba tan comunicado ni globalizado. En nuestro país no se transmitían las
ligas europeas; lo único que se podía ver eran los resúmenes que daban programas
como Deportv o Acción, y solamente les dedicaban unos cinco minutos. Gracias a
estos mini resúmenes ya había oído y visto a esos grandes jugadores franceses:
Michel Platini, Alain Giresse y Jean Tigana. Y de Brasil, no importa el año ni
la tecnología, todo mundo sabe de lo que es capaz el “Scratch du Oro”. Además,
a Brasil, desde 1970, se le ha tenido un cariño especial en México, donde se
coronaron junto al gran Pelé; prácticamente, la selección sudamericana era la
local.
Brasil fue el primero en anotar, al minuto
17; pero antes de acabar la primera parte del cotejo, Michel Platini se
encargaría de empatar el marcador. El segundo tiempo se iría en ceros; nadie
pudo anotar. Sin embargo, el gran Zico tuvo la oportunidad de oro: le marcaron
un penal a favor, él mismo se encargó de ejecutarlo y, horror, lo falló; el
portero francés lo desvió. Por esto se prolongó el partido y se jugaron tiempos
extra, en los cuales no se hicieron daño, y vinieron los fatídicos penales.
El primer penal jamás se me ha olvidado:
empezó Brasil y lo ejecutó el gran Sócrates. Todo el estadio Jalisco,
expectante. “El Mago” se dirigió al área penal, acomodó el esférico y se
dispuso a cobrarlo, y pasó lo impensable: el también llamado “El Doctor”
(Sócrates tenía un doctorado en medicina) falló el penal. Su rostro se tornó
triste y decepcionado. No recuerdo con exactitud cómo se dio la tanda, pero sí
me acuerdo de que Zico tuvo la oportunidad de resarcir su penal errado del
segundo tiempo en la serie y no la falló. Un poco después, se disponía a tirar
su penal Platini y el crack francés lo falló: literalmente lo voló; pegó un
“cañonazo”, pero por encima del larguero. El Bleu se llevó las manos a la
cabeza.
El último penal para Francia era el
definitivo. Me acuerdo que el narrador casi gritaba que, con ese penal, Francia
podía pasar a la siguiente ronda, y para ejecutarlo se acercó el
español/francés Luis Fernández. Convirtió el penal de la clasificación y desató
una corrida, con el rostro tan desencajado por la emoción, que hizo recordar la
escena de cuatro años antes con el italiano Marco Tardelli, campeón mundial en
España. Fernández se fundió en un abrazo interminable con Platini. Francia mató
al “jogo bonito” de Brasil.
Un partido muy
emocionante, pero lo que nunca se me ha olvidado es la imagen de esos dos cracks que fallaron sus penales.

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