Por Oscar Fernández Herrera
Mientras se encuentran en una pausa indefinida, Alison
Goldfrapp ha lanzado “Flux”, su segundo disco de estudio, un trabajo estético y
coherente, con una producción elegante. Con mezclas de synth - pop etéreo y ambient
electrónico, este álbum representa, sin lugar a dudas, una obra de “propiedad
creativa y narrativa personal”.
Pese a sus bondades, “Flux” demuestra menos fuerza que lo
hecho por el dúo Goldfrapp, pues se extraña la autoridad sonora de “Seventh
Tree” y “Tales Of Us”. Sí, hay que reconocer que es bueno, pero menos innovador
y memorable que los mejores trabajos de su carrera.
Sus texturas electrónicas meticulosamente elaboradas han
recibido elogios de medios como Pitchfork, mientras que publicaciones como The
Independent han enfatizado sus cualidades introspectivas pero coherentes, que
giran en torno a temas de transformación e identidad.
Con todo, algunos críticos lo han tachado como su álbum
menos impresionante. En general, “Flux” es una obra elegante y muy personal que
consolida su expresión artística independiente, pero no alcanza el impacto
creativo de su período de mayor esplendor.
“Reverberotic”, “Play It (Shine
Like a Nova Star)” y “Cinnamon Light” son temazos. Súper recomendables.

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