Por Oscar Fernández Herrera
Después de pasar una larga temporada en Francia, mi buen
amigo Roberto regresó a tierras aztecas cargado de música que, ni por asomo, se
escuchaba en Latinoamérica. Fue así que, en una suerte de primicia, conocí a
Muse, Röyksopp y Gorillaz, un proyecto musical creado en 1998 por Damon Albarn
y Jamie Hewlett, caracterizado por ser una “banda virtual” cuyos integrantes
son personajes animados. “Tomorrow Comes Today”, lo primero que les escuché, me
sorprendió muchísimo.
Mi entusiasmo creció, pues pronto llegaron álbumes como
“Demon Days”, “Plastic Beach” y “Humanz”; todos ellos grandiosos. Sin embargo,
por alguna extraña razón, mi interés declinó con “The Now Now”, “Song Machine”
y “Cracker Island”. No son malos trabajos; simplemente no los escuché.
De esta suerte, cuando supe del lanzamiento de “The
Mountain”, mi fascinación se encontraba en un punto realmente bajo, pero “The
Happy Dictator”, una colaboración con Sparks, resonó fortísimo en mi interior,
lo que me hizo recordar lo grande que es Gorillaz. Y es que, sí, estamos frente
a una “gran aventura musical” y un álbum más cohesivo que trabajos recientes,
incluso podemos considerarlo un punto alto tardío en la carrera del grupo. Su
arriesgada mezcla de géneros, su exploración del duelo y su capacidad para
transformar temas melancólicos en algo esperanzador son sus grandes cualidades.
Potentísimo y emocional, Damon Albarn canalizó el duelo en
un disco que, por momentos, redunda en ideas. Los sitares, las flautas indias y
las guitarras acústicas resuenan con tal poderío que resulta imposible no
enamorarse. Se trata de un regreso espiritual, casi religioso. “The Mountain”
está lleno de mensajes emocionantes y enternecedores con una cubierta pop/hip
hop difíciles de no tomar en cuenta.
Con un aire cinematográfico, este álbum es una labor de
amor en el mejor de los sentidos, pues rastrea comentarios políticos, miedos y
trampas de una sociedad rehén de la tecnología, vida y muerte con innegable
autenticidad. Las participaciones y/o colaboraciones del pasado y presente son
fluidas y necesarias.
Temas como “The Mountain”, “The
Moon Cave”, “The Happy Dictator”, “The Manifesto”, “The God Of Lying”,
“Damascus” y “The Plastic Guru” sobresalen en este clásico instantáneo.

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