Por Oscar Fernández Herrera
Conocí a los Babasónicos gracias a que mi amigo Roberto,
responsable de mucho del conocimiento que tengo sobre la música en general, me
regaló “Miami” en 1999, un discazo que consolidó la transformación de la banda
argentina y preparó el terreno para la explosión popular de “Jessico” en 2001,
pues representó un símbolo de la época menemista: consumo, shopping,
apariencia, aspiración a parecerse a Estados Unidos y una cierta frivolidad
asociada a la cultura de aquella época.
Relacionados con el Nuevo Rock Argentino, esta agrupación
produjo uno de sus álbumes más célebres con una de sus alineaciones más
sólidas: Adrián Dárgelos, Diego “Uma” Rodríguez, Mariano “Roger” Domínguez,
Diego “Uma - T” Tuñón, Gabriel “Gabo” Manelli y Diego “Panza” Castellano.
Ninguno era un improvisado, pues presumían más de una década de trabajo
conjunto, pero aún no habían transformado su prestigio acumulado dentro de la
escena alternativa en una popularidad realmente masiva.
Después de abandonar Sony al término de su contrato
discográfico, Dárgelos y compañía firmaron con Popart Discos, un sello bastante
menor en estructura y capacidad de distribución. Reunidos en Tortuguitas, un
pequeño estudio propio, los Babasónicos experimentaron con canciones, sonidos y
arreglos con mayor libertad. Después de años de cargar sus álbumes de ideas y
capas instrumentales, pensaron en el camino opuesto: quitar en lugar de
agregar.
Esa decisión fue fundamental, pues “Miami” fue
deliberadamente extenso y recargado; “Jessico”, en cambio, buscó canciones más
directas, rítmicas y concentradas. Mariano Roger declaró mucho después que el
procedimiento fue “sustractivo”: no simplificaron su música para vender más,
sino que quisieron descubrir cuánto podían retirar de una canción sin destruir
su personalidad.
Cuando “Jessico” salió al mercado, la respuesta fue
inmediata, aunque la distribución fue limitadísima debido a la situación
económica que sacudió a la nación sudamericana. “Los Calientes”, “El Loco”,
“Deléctrico”, “Fizz” y “Rubí” son las joyitas del disco, aunque el resto de los
temas es igualmente disfrutable.
Gracias a la enorme cantidad de temas que se trabajaron,
once años después apareció “Carolo”, presentado como el “segundo disco” o
conjunto de lados B de “Jessico”. Los dos proyectos son súper recomendables.

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