Por Edgar Fernández Herrera
Hace 85 años, un 8 de septiembre de 1941,
comenzó uno de los enfrentamientos más sangrientos y crueles de la Segunda
Guerra Mundial. Como parte de la “Operación Barbarroja”, las fuerzas alemanas
nazis y finlandesas atacaron y sitiaron la mítica ciudad de Leningrado, de la
entonces Unión Soviética.
Leningrado, además de representar un símbolo
cultural e histórico del comunismo, era también un centro industrial
importante, con fábricas de armas, astilleros y plantas siderúrgicas.
Casi un año después de comenzar el sitio, un
9 de agosto de 1942, se estrenó la Sinfonía n.º 7 en Do mayor, Op. 60, conocida
mundialmente como la Sinfonía de Leningrado y compuesta por Dmitri
Shostakóvich.
Shostakóvich le dedicó su obra a su natal
Leningrado, ciudad devastada después de 872 días de sitio por las fuerzas
alemanas. Su idea siempre fue que esta icónica pieza la interpretara por
primera vez la Orquesta Filarmónica de Leningrado; sin embargo, esto fue
imposible, ya que los miembros de la orquesta fueron evacuados a la ciudad de
Novosibirsk. Contra lo que se cree, la pieza fue estrenada el 5 de marzo de
1942 por la Orquesta del Bolshói, en la ciudad de Kúibyshev. Por cierto, la
partitura se envió a Teherán en formato de microfilm en abril para poder
difundirse en Occidente.
Sin embargo, ese 9 de agosto, una orquesta
disminuida por las enfermedades, el hambre y el fallecimiento de algunos de sus
miembros, la Orquesta de la Radio de Leningrado, se presentó en el recinto de
la Filarmónica. El edificio se construyó durante los tiempos de gloria, cuando
la ciudad era conocida como San Petersburgo.
Los 14 sobrevivientes de la orquesta
interpretaron la obra ante la plana mayor del ejército, autoridades del Partido
y gente civil. La música se transmitió por la radio y por altavoces.
Para evitar un ataque directo al teatro, la
artillería soviética había barrido los puestos alemanes, a fin de que no
interrumpieran la ejecución de esta obra, que enardeció el espíritu patriótico
de los defensores.
La Sinfonía de
Leningrado, como se le conoce popularmente, tuvo un gran impacto y se convirtió
en el símbolo de la lucha contra el nazismo. Por cierto, el sitio se levantó el
27 de enero de 1944.
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