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sábado, 10 de octubre de 2026

Homogenic


 

Por Oscar Fernández Herrera

                                                                                                                

 

 

Escribir sobre Björk Guðmundsdóttir es siempre un placer y, al mismo tiempo, un reto, porque difícilmente podría ser imparcial. Su música me ha acompañado durante más de tres décadas, así que imaginen la cantidad de sentimientos que ha despertado en mí a lo largo de todo este tiempo. Dueña de una voz etérea, versátil y llena de matices, capaz de transitar entre la dulzura y la intensidad con un timbre único e inconfundible, la islandesa es una artista intrépida y vanguardista que explora constantemente los límites de la música, la moda y la expresión artística con una autenticidad inquebrantable.

 

Después del ataque perpetrado en su contra por Ricardo López, Björk se trasladó a España para trabajar en El Cortijo, un estudio instalado en una casa en las montañas del sur de la península ibérica. Allí trabajó con Mark Bell, Howie B, Guy Sigsworth, Markus Dravs y Mark «Spike» Stent, además de Eumir Deodato, quien se encargó de los arreglos orquestales.

 

“Homogenic”, lanzado en 1997, cuyo título original iba a ser “Homogeneous”, fue la contraparte de la pluralidad de “Post”, pues representó, en palabras de Björk, “un estado mental y un período de obsesiones concreto”. La islandesa llegó a describir el álbum como una especie de anatomía musical: las cuerdas representarían el sistema nervioso; la voz, los pulmones y el oxígeno; y el ritmo, el corazón. Pese a su estética definida, el disco fue el resultado de un proceso de prueba, error y descubrimiento.

 

Resulta imposible destacar solo un puñado de temas, pues todos son increíbles, pero me quedo con “Hunter”, una canción sobre la búsqueda, la independencia y la transformación; “Jóga”, dedicada a su amiga Jóhanna Jóhannsdóttir y relacionada con Islandia y la sensación de pertenencia a un territorio; “Unravel”, una composición vulnerable y casi susurrante; “Bachelorette”, un sencillo dramático, teatral y profundamente emocional; “5 Years”, que representa la faceta más agresiva y amarga del álbum; “Pluto”, un temazo de electrónica abrasiva y ritmo frenético, en el que Björk parece querer destruir la versión anterior de sí misma para comenzar de nuevo; y “All Is Full Of Love”, un himno sublime.

 

De aquellas sesiones también surgieron canciones destacadas como “So Broken”, “Scary”, “Sod Off” y “My Snare”, publicadas como lados B, así como outtakes como “Oxygen” y “You Only Live Twice”, además de numerosos remixes disponibles en las distintas versiones de los sencillos.

 

El disco fue recibido por la prensa con entusiasmo, aunque también con cierta sorpresa ante su sonido más oscuro y experimental. Los críticos destacaron la manera en que Björk combinó la electrónica, las cuerdas y una enorme carga emocional. Aunque algunos consideraron que “Homogenic” era menos accesible que Post, con el tiempo se consolidó como una de las obras más importantes y arriesgadas de su carrera. Sus seguidores más incondicionales lo amaron desde el principio.

 

La portada del álbum es tan importante como sus canciones. Para conseguir un gran impacto visual, Björk contactó al diseñador Alexander McQueen y al fotógrafo Nick Knight, pues quería aparecer como una especie de criatura procedente del fondo del mar, sometida a la presión del agua y con rasgos que recordaran a los de un pez gato.

 

El resultado fue deliberadamente incómodo: Björk apareció como una criatura de otro mundo, con el rostro transformado en una máscara y el cuerpo envuelto en un kimono diseñado por McQueen. No se presentó como una estrella pop accesible. Mostró a alguien que se transformó en otra cosa para sobrevivir.

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