Por Oscar Fernández Herrera
Escribir sobre Björk Guðmundsdóttir es siempre un placer y,
al mismo tiempo, un reto, porque difícilmente podría ser imparcial. Su música
me ha acompañado durante más de tres décadas, así que imaginen la cantidad de
sentimientos que ha despertado en mí a lo largo de todo este tiempo. Dueña de
una voz etérea, versátil y llena de matices, capaz de transitar entre la
dulzura y la intensidad con un timbre único e inconfundible, la islandesa es
una artista intrépida y vanguardista que explora constantemente los límites de
la música, la moda y la expresión artística con una autenticidad
inquebrantable.
Después del ataque perpetrado en su contra por Ricardo
López, Björk se trasladó a España para trabajar en El Cortijo, un estudio
instalado en una casa en las montañas del sur de la península ibérica. Allí
trabajó con Mark Bell, Howie B, Guy Sigsworth, Markus Dravs y Mark «Spike»
Stent, además de Eumir Deodato, quien se encargó de los arreglos orquestales.
“Homogenic”, lanzado en 1997, cuyo título original iba a
ser “Homogeneous”, fue la contraparte de la pluralidad de “Post”, pues
representó, en palabras de Björk, “un estado mental y un período de obsesiones
concreto”. La islandesa llegó a describir el álbum como una especie de anatomía
musical: las cuerdas representarían el sistema nervioso; la voz, los pulmones y
el oxígeno; y el ritmo, el corazón. Pese a su estética definida, el disco fue
el resultado de un proceso de prueba, error y descubrimiento.
Resulta imposible destacar solo un puñado de temas, pues
todos son increíbles, pero me quedo con “Hunter”, una canción sobre la
búsqueda, la independencia y la transformación; “Jóga”, dedicada a su amiga
Jóhanna Jóhannsdóttir y relacionada con Islandia y la sensación de pertenencia
a un territorio; “Unravel”, una composición vulnerable y casi susurrante; “Bachelorette”,
un sencillo dramático, teatral y profundamente emocional; “5 Years”, que
representa la faceta más agresiva y amarga del álbum; “Pluto”, un temazo de
electrónica abrasiva y ritmo frenético, en el que Björk parece querer destruir
la versión anterior de sí misma para comenzar de nuevo; y “All Is Full Of Love”,
un himno sublime.
De aquellas sesiones también surgieron canciones destacadas
como “So Broken”, “Scary”, “Sod Off” y “My Snare”, publicadas como lados B, así
como outtakes como “Oxygen” y “You
Only Live Twice”, además de numerosos remixes disponibles en las distintas
versiones de los sencillos.
El disco fue recibido por la prensa con entusiasmo, aunque
también con cierta sorpresa ante su sonido más oscuro y experimental. Los
críticos destacaron la manera en que Björk combinó la electrónica, las cuerdas
y una enorme carga emocional. Aunque algunos consideraron que “Homogenic” era
menos accesible que Post, con el tiempo se consolidó como una de las obras más
importantes y arriesgadas de su carrera. Sus seguidores más incondicionales lo
amaron desde el principio.
La portada del álbum es tan importante como sus canciones.
Para conseguir un gran impacto visual, Björk contactó al diseñador Alexander
McQueen y al fotógrafo Nick Knight, pues quería aparecer como una especie de
criatura procedente del fondo del mar, sometida a la presión del agua y con
rasgos que recordaran a los de un pez gato.
El resultado fue deliberadamente incómodo: Björk apareció
como una criatura de otro mundo, con el rostro transformado en una máscara y el
cuerpo envuelto en un kimono diseñado por McQueen. No se presentó como una
estrella pop accesible. Mostró a alguien que se transformó en otra cosa para
sobrevivir.

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