Por Oscar Fernández Herrera
Michael Jackson fue el responsable de mi amor desmedido por
la música, pues gracias a él aprendí a estimar una obra sonora, atesorarla y,
si era posible, compartirla. ¿Quién lograría resistirse a genialidades como
“Thriller” o “Dangerous”? Yo no; y si bien mi curiosidad por este arte creció
al punto de descubrir a otros genios, le guardo un lugar muy especial en mi
corazón.
Con el fatídico deceso de El Rey del Pop en 2009, apareció
“The Stripped Mixes”, una colección de éxitos “desnudos” de la era Motown que
confrontó a críticos y a fanáticos por su infortunada notabilidad. Las críticas
se centraron en la eliminación de las instrumentaciones, lo que dejó a grandes
clásicos, como “I Want You Back” y “ABC” con una sensación “incompleta” y algo
simplona.
El oportunismo también fue un aspecto que numeraron tanto
la prensa como el público, pues calificaron de mal gusto su comercialización poco
tiempo después de la muerte del gran Michael Jackson.
Pese a lo anterior, hubo un amplio grupo de comentaristas
que se mostró entusiasmado con este álbum debido a que en él se puede apreciar
con creces la aptitud vocal y emocional del pequeño Michael. PR Newswire elogió
“The Stripped Mixes” por “arrojar una luz fresca” sobre sus primeras
interpretaciones, mientras que críticos como Jeff Dorgay, de Tone Publications,
señalaron que el material ofreció una mirada poco común a clásicos de los
Jackson 5 y recomendaron el disco incluso a oyentes no fanáticos.
Una colección agradable, con reinvenciones tan placenteras
como las de “I’ll Be There”, “Never Can Say Goodbye”, “Got To Be There”, “ABC”
y, por supuesto, “I Want You Back”.

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