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sábado, 13 de junio de 2026

Marilyn Monroe a cien años de su nacimiento


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

 

 

Hablar o escribir de Marilyn Monroe es casi referirse al símbolo sexual por excelencia del cine. Error fatal: detrás de esa mujer hermosa hubo una mente inteligente que se esforzó, desde sus orígenes humildes, por llegar a ser un ícono de Hollywood y que fue una luchadora incansable contra las injusticias que le tocó vivir y presenciar en su tiempo.

 

Marilyn Monroe nació en Los Ángeles el 1.º de junio de 1926. Tuvo una infancia inestable que transcurrió entre orfanatos y hogares temporales, y se casó por primera vez a los 16 años. Fue descubierta accidentalmente por un fotógrafo mientras trabajaba en una fábrica. A partir de ahí comenzó a modelar como chica pin-up. Hubo que hacer sacrificios: se divorció y cambió su cabello castaño por el rubio platinado con el que saltó al estrellato. Su primer contrato llegó con Fox y, antes de cumplir los treinta años, ya era una estrella mundial.

 

En un mundo misógino que intentó demeritar su trabajo, en 1950 se negó rotundamente a trabajar en el musical The Girl in Pink Tights por considerar mediocres sus líneas en el guion. Además, ganaba mucho menos que el protagonista masculino, que era nada más y nada menos que Frank Sinatra. También, medio siglo antes del movimiento #MeToo, denunció a productores, representantes y otras figuras de la industria por abusar de su estatus y poder al ofrecer oportunidades de trabajo a jóvenes a cambio de favores sexuales.

 

Monroe era consciente de su atractivo físico. Odiaba la forma en que era catalogada y estereotipada, pero supo aprovechar esa tipificación de manera muy inteligente. Su enorme popularidad también contribuyó a ello, y citó la siguiente anécdota para ejemplificarlo. En 1954 obligó a los dueños del club nocturno Mocambo, en Hollywood, a cumplir un contrato con la cantante Ella Fitzgerald que amenazaban con romper. Ella llamó personalmente al propietario del local y le pidió que no anulara el contrato, sino que contratara de inmediato a la cantante. Además, le aseguró que, si lo hacía, ella ocuparía una mesa en primera fila todas las noches. Y eso fue exactamente lo que sucedió. Vaya paradoja: una mujer rubia enfrentándose al racismo, pero sobre todo al sexismo y al clasismo. Eso era tener empatía, conciencia social y feminismo. Recordemos que hablamos de los años cincuenta y de un contexto social muy diferente al actual.

 

¿Cómo hubiera sido la participación de Monroe en los años sesenta, una década agitada y de grandes cambios? No le tocó presenciar plenamente la lucha por los derechos civiles; posiblemente hubiera participado activamente en el movimiento. ¿O qué postura habría tomado ante la infame guerra en el sudeste asiático? Jamás lo sabremos.

 

La artista, que enamoró a la leyenda del béisbol Joe DiMaggio y cantó el "Feliz cumpleaños" al presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden, falleció el 4 de agosto de 1962, a los 36 años, por una sobredosis de barbitúricos.

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