Por Oscar
Fernández Herrera
En mi casa siempre se escuchó música, pues mis padres se
aseguraron de que mis hermanos y yo creciéramos en un mundo sonoro tan diverso
como entretenido. The Rolling Stones fue una de las bandas que conocí y disfruté
a corta edad, a pesar de que no comprendía sus letras. Con el tiempo, Sus
Satánicas Majestades se han vuelto un grupo imprescindible en mis listas de
música de grandísimo calibre. De entre sus trabajos más celebrados, “Let It
Bleed” ocupa un lugar muy especial.
Resulta gracioso, pero me acerqué a este disco gracias a
Caetano Veloso, quien le rindió homenaje al tema “Let It Bleed” para el
recopilatorio “Palco Corpo E Alma”, de 1976, aunque yo la escuché en “Língua”,
otra colección publicada en 2004. Pese a lo anterior, ya conocía esta obra
maestra de principio a fin debido a que Edgar, mi hermano mayor, la escuchaba
con cierta periodicidad.
Let It Bleed, lanzado oficialmente el 5 de diciembre de
1969, llegó en un momento algo tumultuoso para la agrupación británica y para
la cultura popular en general. Los sesenta finalizaban entre tensiones
sociales, protestas, violencia política y el progresivo desmoronamiento del
idealismo hippie. Esa incertidumbre quedó reflejada en la obra. Temazos como
“Gimme Shelter”, “Midnight Rambler” o “You Can’t Always Get What You Want”
transmitieron una sensación de desencanto que chocó con el optimismo que había
caracterizado gran parte de la década.
La producción no fue nada sencilla, pues Brian Jones,
fundador de la banda y una de sus figuras más importantes durante los primeros
años, enfrentó serios problemas de salud, adicciones y estabilidad emocional.
Su participación en las sesiones fue mínima, por lo que Mick Jagger y Keith
Richards asumieron por completo el liderazgo creativo. Durante las grabaciones
de “Let It Bleed”, Jones abandonó oficialmente el grupo y falleció pocas
semanas después, en julio de 1969. Su salida coincidió con la llegada del joven
guitarrista Mick Taylor, quien participó en algunas grabaciones cuando el disco
aún no estaba finalizado.
Producido por Jimmy Miller, el álbum fusionó elementos del
blues, el country, el góspel y el rock. Su recepción fue asombrosa, ya que la
prensa destacó la fuerza de las interpretaciones y la oscuridad emocional del
repertorio. Numerosos críticos lo reconocieron como un dignísimo sucesor de “Beggars
Banquet”, publicado un año antes.
Resulta imposible recomendar solo un par de canciones
porque este monstruo sonoro debe escucharse completo, pero elegiré “Gimme Shelter”,
un himno que capturó el clima de finales de los sesenta mejor que casi
cualquier otra canción: el fin del idealismo hippie, la guerra de Vietnam y la
sensación de que el mundo se estaba volviendo más oscuro; “You Can't Always Get
What You Want”, un tema aparentemente sencillo que destaca por un coro que le
da un aire casi solemne antes de transformarse en una mezcla de rock, folk y
góspel; “Midnight Rambler”, un blues rock que mostró a The Rolling Stones en su
faceta más teatral y sombría; y “Monkey Man”, una rola arrogante, divertida,
sucia y elegante al mismo tiempo.
La portada, diseñada por Robert Brownjohn, es una pieza de
arte que merece el reconocimiento unánime del público, pues muestra una
estructura imposible formada por un disco de vinilo, una base de tocadiscos,
una pizza, una lata de película, un reloj, una llanta y una enorme tarta
cubierta de glaseado, coronada por pequeñas figuras de los integrantes de la
banda. La imagen fue deliberadamente surrealista y se inspiró en el título
provisional del álbum: “Automatic Changer”, una referencia a los tocadiscos
automáticos capaces de reproducir varios discos apilados uno sobre otro.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario