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sábado, 15 de agosto de 2026

Let It Bleed


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

En mi casa siempre se escuchó música, pues mis padres se aseguraron de que mis hermanos y yo creciéramos en un mundo sonoro tan diverso como entretenido. The Rolling Stones fue una de las bandas que conocí y disfruté a corta edad, a pesar de que no comprendía sus letras. Con el tiempo, Sus Satánicas Majestades se han vuelto un grupo imprescindible en mis listas de música de grandísimo calibre. De entre sus trabajos más celebrados, “Let It Bleed” ocupa un lugar muy especial.

 

Resulta gracioso, pero me acerqué a este disco gracias a Caetano Veloso, quien le rindió homenaje al tema “Let It Bleed” para el recopilatorio “Palco Corpo E Alma”, de 1976, aunque yo la escuché en “Língua”, otra colección publicada en 2004. Pese a lo anterior, ya conocía esta obra maestra de principio a fin debido a que Edgar, mi hermano mayor, la escuchaba con cierta periodicidad.

 

Let It Bleed, lanzado oficialmente el 5 de diciembre de 1969, llegó en un momento algo tumultuoso para la agrupación británica y para la cultura popular en general. Los sesenta finalizaban entre tensiones sociales, protestas, violencia política y el progresivo desmoronamiento del idealismo hippie. Esa incertidumbre quedó reflejada en la obra. Temazos como “Gimme Shelter”, “Midnight Rambler” o “You Can’t Always Get What You Want” transmitieron una sensación de desencanto que chocó con el optimismo que había caracterizado gran parte de la década.

 

La producción no fue nada sencilla, pues Brian Jones, fundador de la banda y una de sus figuras más importantes durante los primeros años, enfrentó serios problemas de salud, adicciones y estabilidad emocional. Su participación en las sesiones fue mínima, por lo que Mick Jagger y Keith Richards asumieron por completo el liderazgo creativo. Durante las grabaciones de “Let It Bleed”, Jones abandonó oficialmente el grupo y falleció pocas semanas después, en julio de 1969. Su salida coincidió con la llegada del joven guitarrista Mick Taylor, quien participó en algunas grabaciones cuando el disco aún no estaba finalizado.

 

Producido por Jimmy Miller, el álbum fusionó elementos del blues, el country, el góspel y el rock. Su recepción fue asombrosa, ya que la prensa destacó la fuerza de las interpretaciones y la oscuridad emocional del repertorio. Numerosos críticos lo reconocieron como un dignísimo sucesor de “Beggars Banquet”, publicado un año antes.

 

Resulta imposible recomendar solo un par de canciones porque este monstruo sonoro debe escucharse completo, pero elegiré “Gimme Shelter”, un himno que capturó el clima de finales de los sesenta mejor que casi cualquier otra canción: el fin del idealismo hippie, la guerra de Vietnam y la sensación de que el mundo se estaba volviendo más oscuro; “You Can't Always Get What You Want”, un tema aparentemente sencillo que destaca por un coro que le da un aire casi solemne antes de transformarse en una mezcla de rock, folk y góspel; “Midnight Rambler”, un blues rock que mostró a The Rolling Stones en su faceta más teatral y sombría; y “Monkey Man”, una rola arrogante, divertida, sucia y elegante al mismo tiempo.

 

La portada, diseñada por Robert Brownjohn, es una pieza de arte que merece el reconocimiento unánime del público, pues muestra una estructura imposible formada por un disco de vinilo, una base de tocadiscos, una pizza, una lata de película, un reloj, una llanta y una enorme tarta cubierta de glaseado, coronada por pequeñas figuras de los integrantes de la banda. La imagen fue deliberadamente surrealista y se inspiró en el título provisional del álbum: “Automatic Changer”, una referencia a los tocadiscos automáticos capaces de reproducir varios discos apilados uno sobre otro.

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