Por Oscar Fernández Herrera
Frank Zappa, el indiscutible sacerdote de la antiestupidez,
siempre ha sido una especie de semidiós, capaz de hechizar a cualquiera que lo
escuche. Conocí a la Madre de la Invención cuando, para no perder la costumbre,
mi hermano llegó a la casa con “Strictly Commercial”, una colección de éxitos
que se editó después de su muerte. Escucharlo por primera vez fue como
experimentar un torbellino de emociones indescriptibles. Desde entonces me
considero un fiel seguidor de su obra.
Reseñar la obra completa de Zappa es una tarea casi
imposible cuando tenemos 134 discos en la lista; sin embargo, me gustan los
retos y amo escribir para “Escombros Cósmicos”, el blog de mi hermano que
siguen y leen, mis queridos lectores, así que hoy les escribiré sobre
“Hammersmith Odeon”, una edición póstuma de 2010 construida a partir de
grabaciones profesionales realizadas durante varios conciertos de 1978.
El disco no registró un solo concierto. La documentación
oficial de Zappa señala que el material fue registrado originalmente por el
ingeniero Peter Henderson, quien utilizó la unidad móvil de Basing Street
Mobile durante las actuaciones del 25 al 27 de enero y Manor Mobile para el
concierto del 28 de febrero. En 2010, Frank Filipetti realizó la nueva mezcla
en The Living Room, Nueva York. Recordemos que Frank grabó muchísimos de sus
conciertos porque las presentaciones en vivo fueron una parte esencial de su
método de trabajo. Constituyeron un material compositivo valiosísimo.
Las cintas del Hammersmith Odeon tuvieron una importancia
enorme porque proporcionaron buena parte de las pistas básicas de “Sheik
Yerbouti”, el álbum que Zappa publicó en 1979. La propia organización del
catálogo de Zappa reconoció que esas grabaciones fueron la base de muchas de
las canciones de aquel disco, aunque “Sheik Yerbouti” no fue simplemente una
grabación en vivo del Hammersmith Odeon. Zappa tomó esas interpretaciones y las
llevó al estudio, donde añadió overdubs, voces, instrumentos y otros elementos.
“Hammersmith Odeon”, una obra dividida en tres volúmenes,
reunió las mejores interpretaciones de las diferentes fechas y las unió en una
secuencia que conservó la sensación de un espectáculo continuo. Lo mejor de
esta obra es la banda que acompañó a Zappa en aquel entonces: Terry Bozzio tocó
con una violencia controlada que empujó muchas de las canciones hacia el hard
rock. Patrick O'Hearn mantuvo el centro rítmico, mientras Adrian Belew aportó
una segunda personalidad guitarrística. Tommy Mars y Peter Wolf ampliaron el
espectro armónico y Ed Mann añadió una capa de percusión que permitió a Zappa
jugar con ritmos mucho más complejos.
Destacan enormemente “The Torture Never Stops”, una de las
grandes rolas de Zappa, con un desarrollo instrumental muy amplio; “City Of
Tiny Lites”, que nos permite apreciar el tema en una etapa de desarrollo
inmediatamente anterior a su aparición en “Sheik Yerbouti”; “Punky’s Whips”,
una pieza teatral y deliberadamente provocadora; “The Black Page #2”, un
rolololón con una complejidad rítmica extrema; “King Kong”, uno de los grandes
artificios instrumentales de Zappa; y “Watermelon In Easter Hay”, una versión
temprana, más rápida y todavía en proceso de encontrar su forma definitiva.
La recepción de la crítica especializada hacia este discazo
fue muy favorable. John Kelman, en All
About Jazz, lo consideró una oportunidad extraordinariamente cercana a
“estar allí, en un concierto de Frank, con todos sus arrojos y audacia”. Ken
Dryden, de AllMusic, fue igualmente
entusiasta. Destacó la calidad de la banda, la precisión de los ensayos y la
variedad del material, y concluyó que los seguidores de Zappa tuvieron razones
para estar muy satisfechos de que aquellos tesoros del archivo finalmente
vieran la luz.
El público lo amó, aunque no fue un álbum que despachara
millones de copias. El éxito de “Hammersmith Odeon” fue principalmente crítico
y documental. ¿Necesitan, amigos, más recomendaciones? ¡Corran a escucharlo
inmediatamente!

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