Por Oscar
Fernández Herrera
Presentado el 19 de octubre de
1973, apenas seis meses después del majestuoso “Aladdin Sane”, “Pin Ups” fue un
extrañísimo lanzamiento en la trayectoria de David Bowie, después de que
anunciara la separación de Las Arañas de Marte en julio de ese mismo año. Pese
al enorme éxito de Ziggy Stardust, el camaleón no quiso aferrarse a él para
apretarlo económica y artísticamente; así que decidió matarlo en todas las
formas posibles. Su siguiente movimiento sería una adaptación de la novela
“1984”, de George Orwell, aunque no prosperó como él hubiera deseado.
Por ello, decidió grabar un álbum
con las canciones que respetaba y festejaba, por lo que se trató de un trabajo
extremadamente personal. No escogió canciones al azar. Seleccionó canciones
asociadas con la escena londinense que descubrió cuando era joven: The
Yardbirds, The Who, The Kinks, The Pretty Things, Pink Floyd, Them, The Merseys
y The Easybeats, entre otros. “Pin Ups” puede escucharse como una especie de colección
de recuerdos.
Lo más especial de este disco fue
que Bowie homenajeó a sus contemporáneos, músicos que llegaron antes que él a
lugares que el Delgado Duque Blanco soñaba con alcanzar. En el proyecto
participaron Mick Ronson, Trevor Bolder, Aynsley Dunbar, Mike Garson y Ken
Fordham. De cierto modo, David Bowie afirmó: “antes de ser Ziggy Stardust,
también fui uno de esos chicos que miraba desde abajo del escenario”.
Las sesiones comenzaron en julio de
1973, poco después del final de la gira de Ziggy, en el Château d'Hérouville,
cerca de París, Francia. El mismo estudio ocuparía años después un lugar
importante para el Hombre que cayó a la Tierra durante las sesiones de “Low”,
en 1977. El productor fue Ken Scott, colaborador fundamental de Bowie durante
su primera gran etapa de los setenta. “Pin Ups” fue la última colaboración de
Bowie y Scott como productor.
Como ya estaban familiarizados con
las selecciones, el proceso fue mucho más directo que el de otros álbumes de
Major Tom. De este modo, el resultado fue un álbum rápido, visceral y mucho más
espontáneo que varias de las obras más elaboradas de Bowie, si bien se mantuvo
deliberadamente cerca de las estructuras originales.
Cuando por fin apareció en las
tiendas de discos, la recepción inicial fue considerablemente más fría de lo
que se esperaba para un artista que estaba en pleno apogeo. Greg Shaw escribió
para Rolling Stone que las canciones originales eran superiores y que las
interpretaciones de David no aportaron suficiente personalidad. Con todo, el
público respondió positivamente. Tan solo el sencillo “Sorrow”, una versión de
The Merseys, registró un desempeño extraordinario al posicionarse en el número
tres en Reino Unido.
Pese a sus insuficiencias, en este
álbum sobresalieron “Sorrow”, la rola más célebre; “I Can’t Explain”, una
reinterpretación del clásico de The Who con una energía extraordinariamente
directa; “See Emily Play”, la versión más interesante conceptualmente; “Friday
On My Mind”, con su tono juguetón y rozagante; y “Rosalyn”, una excelente
declaración de intenciones.
Conjuntamente, la portada de “Pin
Ups” fue tan famosa que hoy puede resultar difícil imaginar que no fue
concebida originalmente para el álbum. La fotografía fue tomada en París por
Justin de Villeneuve, entonces representante y antiguo compañero sentimental de
la modelo británica Twiggy, pues el intérprete de “Jean Genie” deseaba aparecer
junto a ella en la portada de British Vogue.
A pesar de que todo se arregló para
capturar una imagen perfecta, Twiggy apareció en el lugar con un bronceado
notable, mientras que Bowie tenía la piel muy pálida. Para solucionar la
diferencia visual, el maquillador Pierre LaRoche creó esas máscaras de
maquillaje que terminaron convirtiéndose en uno de los rasgos más
característicos del retrato. Como los editores de Vogue rechazaron la
fotografía, David decidió entonces usarla en “Pin Ups”.
No se trató de uno de los álbumes
esenciales de Bowie en términos de composición. No logró la importancia
histórica de “Ziggy Stardust”, la sofisticación de “Station To Station”, la
experimentación de “Low” ni el impacto cultural de “Let's Dance”, uno de los
discos del duque que menos me gustan. La crítica tuvo razón en señalar que
varias de las versiones no superaron a las originales.
Pero juzgarlo únicamente con esos
parámetros sería injusto. “Pin Ups” capturó un momento irrepetible: el instante
exacto en que una de las mayores estrellas del rock de los setenta se detuvo
para rendir homenaje a los músicos que habían alimentado sus sueños cuando aún no
era famoso.
Si ya has explorado los discos más
célebres de este artista inglés, este trabajo es disfrutable de principio a
fin, con todo y sus altibajos.

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