Por Oscar
Fernández Herrera
Después de una pausa de más de diez años, “Tour De France”
fue el glorioso regreso de Kraftwerk a los escenarios y a las listas de
popularidad. Lanzado en 2003, este ambicioso proyecto comenzó inmediatamente
después de “Computerwelt”, en 1981, cuando Ralf Hütter y Florian Schneider
idearon un álbum que, en un principio, llevaría por título “Technopop”. La
pieza central de ese proyecto fue “Tour De France”, un sencillo publicado en
1983 como homenaje a la carrera ciclista francesa.
Si bien la intención original fue construir un disco
completo alrededor del ciclismo, el proyecto quedó suspendido y nunca llegó a
completarse en aquella época. Las razones de este aplazamiento fueron el
accidente de bicicleta que Hütter sufrió en 1982 y la modernización de los
estudios Kling Klang, proceso que tomó varios años. Finalmente, gran parte del
material previsto para “Technopop” terminó transformándose en “Electric Café”,
de 1986, mientras que la idea de “Tour De France” quedó archivada durante más
de dos décadas.
Fue hasta inicios del milenio que Kraftwerk recuperó aquel
concepto musical inconcluso, aunque reescribió buena parte del material desde
cero. Su intención fue que “Tour De France” coincidiera con el centenario de la
competencia ciclista más famosa del mundo. El resultado final no solo retrató
la carrera, sino también la relación entre el cuerpo humano, la tecnología, el
ritmo cardiaco y el movimiento, temas que ya formaban parte del universo
creativo de los teutones.
Pese a las opiniones divididas, el álbum logró despuntar
gracias a su capacidad para sonar contemporáneo sin renunciar a su identidad
minimalista. Los críticos destacaron la manera en que el disco dialogó con
corrientes modernas como el microhouse sin perder la esencia mecánica y
sofisticada del grupo. Del mismo modo, es necesario reconocer que “Tour De
France” no puede compararse con “Autobahn”, “Die Mensch - Maschine” o “Trans
Europa Express”, sus más grandes obras.
De este discazo puedo recomendar “Tour De France, Étape 1,
2, 3”, el corazón del proyecto, una pieza que funciona como una sola composición
continua, igual que un recorrido ciclista; “Aéro Dynamik”, con su base rítmica
casi hipnótica, donde cada sonido parece colocado con una precisión casi
quirúrgica; “Vitamin”, tan memorable gracias a sus sintetizadores; y “Elektro
Kardiogramm”, que traduce literalmente el funcionamiento del cuerpo al lenguaje
electrónico.
Escuchar este álbum nos regala una experiencia sonora donde
cada pedalazo, cada respiración y cada latido del corazón tienen un equivalente
musical. Es un trabajo que no busca impresionar con grandes explosiones
sonoras; su fuerza radica en los pequeños detalles, en la repetición hipnótica
y en la sensación de movimiento constante. ¡Un lujo!

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