Por Oscar
Fernández Herrera
Oriunda de Arklow, Irlanda, Róisín
Murphy es una de las intérpretes más audaces de la música contemporánea.
Después del lanzamiento de “Mi Senti”, un EP repleto de clásicos italianos,
Murphy se encerró con Eddie Stevens, músico y productor que ya había colaborado
con ella en Moloko, su proyecto anterior, para concebir “Hairless Toys”,
presentado en 2015.
El proceso de grabación fue muy
prolífico, ya que la irlandesa y Stevens llegaron a escribir y grabar alrededor
de treinta y cinco temas. De todo ese material, solamente ocho terminaron en
“Hairless Toys”. Esto, sin lugar a dudas, contribuyó a darle al álbum una
sensación muy particular. No parece un trabajo construido alrededor de tres o
cuatro sencillos y luego completado con canciones secundarias. Es más bien un
mundo sonoro completo, donde cada pieza parece tener la autonomía suficiente
para desarrollarse a su propio ritmo.
El dúo logró una conexión
tremendamente especial. Murphy describió a Eddie como alguien muy disciplinado
y creativo, una combinación que permitió que las sesiones fueran intensas sin
volverse una experiencia rígida. En cuanto al título, este surgió cuando
Stevens escuchó una guía vocal y creyó que Murphy cantaba “hairless toys”, cuando en realidad decía “careless talk”. La frase le gustó a Murphy precisamente por lo
extraña que era.
Se trató de una obra completamente
humana, pues Róisín no quiso recuperar a la Róisín de “Overpowered”. Al
contrario: aceptó que aquella mujer ya no existía de la misma manera. Por ello,
aquí encontramos susurros, medias voces, respiraciones y una vulnerabilidad que
no aparecía en sus trabajos anteriores.
Inspirado por la construcción de
mundos alternativos frente a una realidad que puede resultar dolorosa,
frustrante o alienante, “Hairless Toys” no es un disco conceptual. La
influencia más clara fue el documental “Paris Is Burning”, de 1990, que retrató
la cultura de los balls de Nueva York y las comunidades negras y latinas LGBT
que construyeron allí familias, identidades y espacios de pertenencia. Murphy
quedó fascinada con la idea de crear una realidad propia cuando la realidad
exterior no ofrece necesariamente un lugar seguro.
Esta asombrosa producción se nutrió
del house, el disco oscuro, el funk, el jazz, el country, el soul, el gospel y
la electrónica experimental. Con todo, Murphy no buscó con “Hairless Toys” la
aceptación comercial, si bien tanto la prensa especializada como el público en
general reaccionaron con un fenomenal entusiasmo después de su lanzamiento.
Sobresalieron bellezas como “Gone
Fishing”, una fusión de electrónica, disco, house y elementos casi teatrales;
“Evil Eyes”, una melodía sensual con un tratamiento disco que mantuvo el
carácter sofisticado de Murphy; “Exploitation”, un sencillo que gira alrededor
de la explotación, la manipulación, las relaciones y el propio proceso
creativo; y “Unputdownable”, un temazo que usa la metáfora de un libro que uno
no puede dejar de leer para hablar de una persona fascinante y difícil de
comprender.
La portada de “Hairless Toys”
también merece un comentario, pues en ella Murphy aparece con el cabello corto
y rubio, vestida de rojo, sobre un fondo gris oscuro, mientras el título se
superpone a su cuerpo. Está muy lejos de la extravagancia visual de
“Overpowered”, cuyas portadas y fotografías convirtieron a Murphy en una
especie de personaje de alta costura absurda. En este álbum, la intención fue
prácticamente la contraria.
Para mí, esta obra sonora puede
definirse como sofisticada, experimental e introspectiva. ¡Un discazo que les
recomiendo a gritos!

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