Por Oscar
Fernández Herrera
Cada tanto me da por escuchar
música y, en el proceso, descubrir artistas originales y sorprendentes. Un día,
mientras curioseaba en los anaqueles de Mix Up, la legendaria tienda de discos
de la Colonia Juárez, en la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX, me topé con
“Nuevo”, de Kronos Quartet, un cuarteto de cuerdas estadounidense con un
formato abierto prácticamente a cualquier música.
Quizá fue su portada, que emulaba
el papel picado que tanto se usa en el Día de Muertos, o quizá porque en él
podías escuchar un tema llamado “Gallardo: Chavosuite”, que homenajeaba y
reinterpretaba las melodías que muchos latinoamericanos disfrutamos cuando nos
sentábamos a ver “El Chavo del 8”, pero compré el disco sin titubear. ¡Vaya sorpresa
que me llevé al escucharlo por primera vez!
Fundado en 1973 por el violinista
David Harrington, Kronos Quartet ha trabajado con compositores contemporáneos
como Philip Glass, Steve Reich, Terry Riley, Osvaldo Golijov y muchos otros,
pero también ha llevado a su propio lenguaje obras de jazz, rock, música
tradicional de diferentes países, bandas sonoras y repertorios populares.
Después del sensible fallecimiento
de su hijo, Harrington encontró en México un refugio y un lugar donde cohabitan
muchísimas capas culturales y musicales en un mismo espacio. Fascinado, escuchó
el incontable repertorio sonoro capitalino, que le despertó una sensación de
superposición. Al violinista le emocionó que en este país coincidieran pasado y
presente, tradición y modernidad, lo solemne y lo popular. De esta percepción
nació “Nuevo”.
El propio Harrington explicó que le
fascinaba caminar por México y no saber qué iba a escuchar a continuación. Esta
frase prácticamente funcionó como la perfecta definición del álbum, pues Kronos
Quartet no quiso representar a México mediante una selección predecible de
mariachis, rancheras y boleros. Su intención fue mucho más amplia: mostrar casi
un siglo de música mexicana como un territorio lleno de contradicciones.
Como resultado, en el disco
escuchamos música tradicional, son huasteco, bolero, música clásica, el lounge
futurista del gran Juan García Esquivel, composiciones del maestro Silvestre
Revueltas, rock de Café Tacuba, sonidos de la calle y electrónica experimental,
entre otros estilos y géneros. La prensa especializada percibió esa intención.
Los Angeles Times calificó el proyecto como un retrato impresionista e
innovador de la música mexicana que abarcaba desde el corrido hasta la música
clásica.
Las sesiones principales de “Nuevo”
ocurrieron entre agosto de 2000 y agosto de 2001 en Skywalker Sound, en
Nicasio, California. Algunas piezas y sesiones adicionales se realizaron en
O'Henry Studios, en Burbank, y posteriormente hubo grabaciones directamente en
México y trabajo adicional en Los Ángeles.
Osvaldo Golijov realizó la mayor
parte de los arreglos; también participaron Stephen Prutsman y Ricardo
Gallardo. Gustavo Santaolalla, Judith Sherman y David Harrington produjeron el
álbum, con Aníbal Kerpel como coproductor.
El público y la crítica
reaccionaron con entusiasmo frente al lanzamiento de “Nuevo”, aunque un sector
de algunos críticos de música clásica consideró al álbum poco más que una
colección de gestos kitsch. Es necesario señalar que esta producción no fue un
fenómeno de ventas multimillonarias, pero sí consiguió llevar a Kronos a un
público interesado en músicas del mundo, música mexicana y crossover, y recibió
reconocimiento institucional.
“Nuevo” se disfruta de principio a
fin, aunque yo destacaría “El Sinaloense”, “Mini Skirt”, “Sensemayá”,
“Chavosuite”, “Tabú”, “Perfidia” y “12/12”. Súper recomendable.

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