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sábado, 15 de agosto de 2026

Ray Of Light


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

 

Estudiaba la universidad cuando, por situaciones estrictamente académicas, frecuentaba muchísimo la casa de Rubén, uno de mis compañeros; ahí escuché “Ray Of Light”, el álbum con el que Madonna se reinventó en 1998, después de años marcados por la controversia mediática, el desgaste de la fama y los cambios personales. Oírlo fue como entrar a un mundo sonoro completamente diferente de lo que estaba acostumbrado.

 

Este disco no fue producto de la casualidad, pues Madge vivió un periodo de amplias transformaciones, entre ellas la espiritualidad, el yoga, la energía, el hinduismo y la maternidad. Por primera vez, la intérprete estadounidense se interesó más en reflexionar sobre el paso del tiempo, la identidad, la pérdida y la búsqueda de significado.

 

Después de una intensa búsqueda y varios fracasos, apareció William Orbit, un músico y productor británico que trabajaba con la electrónica ambiental, el techno melódico y las texturas experimentales. Madonna quedó fascinada por su capacidad para combinar sonidos futuristas con influencias espirituales. Lo que comenzó como una colaboración puntual terminó convirtiéndose en una asociación creativa total.

 

Muchos de los temas de Ray of Light nacieron a partir de secuencias electrónicas, capas de sintetizadores y largas horas de experimentación en el estudio. El reto principal consistió en equilibrar la sensibilidad pop de Madonna con la electrónica sofisticada de Orbit.

 

Fue así como temas como “Frozen”, “Ray Of Light”, “The Power Of Goodbye” y “Nothing Really Matters” mostraron a una artista más susceptible y meditativa. La prensa especializada reaccionó con entusiasmo casi unánime. Numerosos críticos destacaron la profundidad de sus letras y, especialmente, la fusión de la electrónica de vanguardia con las estructuras del pop más comercial.

 

Más allá de sus millonarias ganancias, para Madonna “Ray Of Light” significó algo más valioso que las ventas: reafirmó su relevancia artística en una industria que comenzaba a girar hacia una nueva generación de estrellas pop.

 

Comentar este álbum tan exitoso también implica hablar de William Orbit. Su fallecimiento, anunciado en agosto de 2026, ha provocado una oleada de homenajes en toda la industria musical. Orbit murió el 23 de julio de 2026, a los 69 años, y dejó un legado extraordinario como productor, compositor y músico innovador.

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