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sábado, 6 de septiembre de 2025

Horses a 50 años


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

Este 2025 se cumplen 50 años de uno de los discos que me enseñaron a ser libre; todo un ícono del rock y, particularmente, del punk neoyorquino, nacido en el mítico club CBGB. Me refiero al monumental “Horses” de la poetisa Patti Smith.

 

La primera vez que escuché este disco fue hace muchos años. Solía reunirme con un grupo de amigos con los que teníamos charlas interminables sobre música, cine y libros. Cada quien tenía su momento para poner música: compartir, recomendar y, por supuesto, presumir los discos que teníamos, jejeje. En una de esas sesiones, una amiga puso un compact disc que comenzó con un piano íntimo, y luego una voz que no cantaba, declamaba: Jesus died for somebody's sins, but not mine... Me levanté de mi lugar y pregunté quién cantaba. Me respondieron: “Patti Smith”. Me acerqué al estéreo, tomé la caja del disco y sonaba “Gloria”, el clásico de Van Morrison, pero en una versión más agresiva, más ruda. Si la música ya me había impactado, la portada me impresionó aún más. En ese momento, me volaron el cerebro. Quedé hipnotizado y enamorado de Patti Smith.

 

Grabado en los míticos Electric Lady Studios, el disco fue editado en 1975 por el sello Arista. Patti Smith, además de su maravillosa voz, también tocó la guitarra, acompañada por Lenny Kaye (guitarra y bajo), Jay Dee Daugherty (batería), Ivan Kral (guitarra) y Richard Sohl (teclados). Juntos gestaron toda una revolución. Pero esto no fue producto de un golpe de suerte; ya llevaban tiempo trabajando en el proyecto. Además, Patti Smith no era ninguna improvisada. Tenía ya siete años en la escena artística y musical de Nueva York. Era joven, aunque no tanto: en ese año tenía 28 años. Era muy conocida, sobre todo por su papel como poeta, hasta que se topó con Lenny Kaye. Juntos empezaron a musicalizar sus poemas. No fue complicado: la ex empleada de librería tenía una pasión inmensa por la música.

 

Cuando entraron a los Electric Lady Studios, tenían muy claro lo que querían lograr con este disco: combinar poesía con el sonido garagero que tanto amaban. Al principio fue complicado, ya que el productor —el legendario John Cale (sí, el músico vanguardista que fue miembro de The Velvet Underground)— quería un álbum más arreglado. Sin embargo, a pesar de esas diferencias, la banda y Cale lograron un sonido crudo, potente, pero sin perder la rabia ni el salvajismo.

 

El disco abre con una de las declaraciones artísticas más fuertes e impactantes: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”, una línea de un poema titulado «Juramento», que Smith había escrito años antes. Vaya forma de comenzar un disco. La frase es provocadora, pero encaja perfectamente con la versión del clásico de Them, me refiero a “Gloria”. Una canción que no le pide nada a la original, incluso superior a la versión de The Doors. La siguiente pista es un lindo reggae, aunque con una letra trágica: narra un suicidio posterior a una discusión. Hablamos de “Redondo Beach”.

 

“Birdland” tiene su origen en otro poema de Smith, influenciado fuertemente por A Book of Dreams de Peter Reich, y acompañado por una tormenta musical. Luego viene “Land”, una canción de más de nueve minutos que es pura improvisación, casi una epopeya, donde se menciona al poeta Arthur Rimbaud y se alude al consumo de cocaína. “Land” es salvaje e inteligente, pero muchos punks más recalcitrantes (saludos, Johnny Lydon) no la toleraban. No la consideraban punk, porque era sofisticada, extensa, y no hablaba de la cultura de los años 70. Al contrario: era un puente que conectaba distintas generaciones culturales.

 

Y estas son solo algunas razones por las cuales este álbum está incluido en el Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, además de la enorme influencia que ha tenido sobre generaciones enteras de músicos y artistas.

 

La portada del disco es arte puro. Fue tomada por el también legendario Robert Mapplethorpe. Es un retrato en blanco y negro de Smith, vestida con una camisa blanca, corbata y un saco colgado sobre el hombro. Fue idea de Mapplethorpe: quitarse el saco y cargarlo con naturalidad, creando una imagen andrógina que se convirtió en un símbolo de libertad, rebeldía y emancipación femenina.

 

Esta obra monumental cumple, este año, medio siglo de vida. Un disco obligatorio que debe escuchar —y tener— cualquier melómano que se respete.

Cinco discos que cumplen 30 años


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

El mundo, en 1995, observaba con horror el atentado en el metro de Tokio con gas sarín, que dejó un saldo de ocho muertos y miles de intoxicados. Pero no todo fue tragedia: por fin, después de largas negociaciones, se logró un acuerdo de paz en la guerra de Bosnia-Herzegovina. También ese año se celebró la tercera edición de la Copa del Mundo de Fútbol Femenino, ganada por Estados Unidos. En el campo de la ciencia y la tecnología, Microsoft lanzó el sistema operativo Windows 95, que significó una auténtica revolución digital, acompañado por su navegador web: Internet Explorer.

 

En México sufríamos, una vez más, una crisis económica profunda, que provocó inestabilidad e incertidumbre. Para salir del bache, el país tuvo que recurrir a la intervención del Fondo Monetario Internacional y del gobierno de Estados Unidos. Esta fue una de las primeras pruebas difíciles que enfrentó Ernesto Zedillo Ponce de León, a tan solo unas semanas de haber iniciado su controversial sexenio. A un año del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el Estado mexicano emprendió una ofensiva militar contra la guerrilla zapatista. Se emitieron órdenes de arresto contra el Subcomandante Marcos y otros líderes. La acción fue duramente criticada por la comunidad internacional, y el presidente tuvo que recular: abandonó la vía militar y optó, al menos en el discurso, por la diplomacia.

 

El 31 de marzo de ese mismo año fallece la “Reina de la música texana”: Selena Quintanilla, asesinada tras recibir varios disparos de Yolanda Saldívar. La noticia conmocionó a todo México y a la comunidad latina en Estados Unidos.

 

En la música, más de dos décadas después de su separación, The Beatles irrumpieron nuevamente en las listas de popularidad con un nuevo sencillo: “Free As A Bird”. Pero también sonaron otros grandes artistas y, en esta ocasión, recordamos cinco discos que se publicaron ese año y que, en 2025, cumplen ya 30 años.

 

1. “Post” (Björk)

Segundo álbum de la ARTISTA (sí, así, con mayúsculas) islandesa, y la confirmación de su inmenso talento. No hay ningún desperdicio en este disco: una fascinante combinación entre la electrónica y el pop. Aunque es cierto que la electrónica predomina, “Post” es, sin duda, mi disco favorito de Björk. Se nota la influencia del naciente Trip Hop, ecos del sonido Madchester y hasta pinceladas de Acid House. “Desde que rompimos, me pinto los labios otra vez, y me chupo la lengua para recordarte”, canta en la preciosa “Possibly Maybe”, quizás la mejor canción de la islandesa. Una joya.

 

2. “Sueño Stereo” (Soda Stereo)

Aunque en ese momento no lo sabíamos, “Sueño Stereo” fue el último álbum de esta icónica banda argentina. Podría considerarse el sucesor natural de Dynamo, una continuación de esa exploración sonora, aderezada con la música que se hacía en Inglaterra. Estos elementos lo convirtieron en la obra maestra del trío argentino. No en balde, a 30 años de distancia, sigue siendo elogiado por críticos y público en general. Fue —y es— la cereza del pastel en una discografía impresionante.

 

3. “The Bends” (Radiohead)

Segundo álbum de Radiohead. Con un sonido tenso, compasivo y hasta violentamente perturbador, representa el cansancio y el estado de ánimo de la banda tras una monstruosa gira y el hartazgo provocado por su mega-hit “Creep”. Sin embargo, “The Bends” es un paso hacia adelante. De hecho, es la antesala a su obra cumbre, aunque este disco no desmerece en absoluto. Además, marca el inicio de la fructífera relación de la banda con el productor Nigel Godrich.

 

4. “The Great Escape” (Blur)

Cuarto álbum de Blur y uno de los protagonistas de aquel cruento capítulo de la “batalla del Britpop”, librada con Oasis. Pero más allá del morbo mediático, “The Great Escape” es un álbum con profundas influencias de The Beatles, David Bowie y, sobre todo, de The Kinks. El resultado: un disco notable. Vaya paradoja: a pesar de ser considerado uno de sus mejores trabajos, quedó por debajo del insuperable Parklife. Por momentos se siente disperso e irregular, pero tiene joyas como la monumental “The Universal”.

 

5. “Hello! MTV Unplugged” (Charly García)

El 4 de mayo, Charly García se presentó en los estudios de MTV, en Miami, para grabar un unplugged junto a un grupo de músicos extraordinarios, entre ellos la sensacional y guapa María Gabriel Epumer. El resultado fue un concierto impecable, con arreglos acústicos a clásicos de la discografía de García. Hasta una Barbie aportó sonidos durante la presentación. “Rezo por vos” y “Ojos de videotape” fueron puntos altísimos en un setlist que también incluyó un medley de Serú Girán simplemente imperdible.

 

Cinco discos que se publicaron hace ya tres décadas y que, afortunadamente —gracias a su calidad—, han superado las fronteras del tiempo.

Cónclave


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

Con el deceso de mi papá en 2000, experimenté una profunda tristeza que me apartó de la iglesia católica por más de dos décadas. Sí, ocasionalmente asistía a una homilía porque algo se celebraba y, curiosamente, nunca dejé de persignarme si me hallaba frente a un templo o a una imagen religiosa. Renuncié a la fe que me inculcaron mis padres pese a que de niño quise ser sacerdote, y la suplí con insinceros actos (como el santiguarme), críticas mordaces contra el clero y el enojo que la muerte de mi padre me dejó.

 

Mi mamá, con esa asombrosa sabiduría que tienen casi todas las madres, supo esperar y, en el momento indicado, me preguntó si querría regresar a la iglesia. Mi respuesta no fue inmediata, pero accedí gracias a que algo en mi corazón me lo pidió. La he acompañado desde entonces con fervor y mucho cariño.

 

Fueron estas circunstancias (sin considerar mi afinidad por el séptimo arte) las que me llevaron a ver “Cónclave”, una cinta hollywoodense dirigida por Edward Berger que, pese a los clichés que suponemos para estas películas donde el clero es el protagonista, es una obra maestra (que no está libre de algunos errores).

 

Basada en una novela homónima de Robert Harris, esta película se centra en el minucioso proceso para elegir a un nuevo papa, lleno de religiosidad, duda y mucha intriga política, pues el poder es tan codiciado que muchos conspirarán para obtenerlo.

 

La curiosidad es el primer gancho para acercarnos a “Cónclave”, pues mucho se ha especulado con relación a los procedimientos cardenalicios que se siguen para elegir al máximo dirigente de la iglesia católica: las puertas de roble macizo que se cierran con un arcaico rugido, y el cerrojo que suena como una sentencia. Dentro, los rostros son sombras bajo capuchas pesadas; sólo los ojos —hundidos, inquisitivos— brillan con la luz vacilante de los cirios. El aire huele a incienso, humedad y secretos. Cada susurro es un puñal envuelto en terciopelo, cada mirada, un conjuro apenas contenido. En la parte exterior, el mundo contiene el aliento. Dentro, algo más que un nombre será elegido: una voluntad se teje en silencio, y no todos saldrán indemnes de ella.

 

Ralph Fiennes nos da una increíble cátedra de actuación como el vacilante Cardenal Lawrence. El segundo gancho lo da un guion que, si bien no está libre de ciertos absurdos, resulta inteligente, original y fascinante si se le mira con detenimiento. Los detalles están en cada cuadro y las maquinaciones políticas pueden saltar en cualquier momento, sin ninguna advertencia. Ese misticismo la hace muy recomendable.

 

John Lithgow, Lucian Msamati, Stanley Tucci y Sergio Castellitto completan un reparto de lujo.

 

El paralelismo (el componente eclesiástico y los ardides políticos) se entretejen de forma que ninguno predomina claramente. Hay un equilibrio. La humanidad de los cardenales queda expuesta sin disimulos, son como nosotros y ellos también ambicionan y pecan.

 

La dirección de Berger logra un ritmo contenido y tenso, como si cada plano fuera una oración murmurada en medio de la incertidumbre. El diseño de producción es impecable: el mármol de El Vaticano, los trajes litúrgicos, las frases en latín y los espacios cerrados refuerzan la sensación de sacralidad y encierro que impregna todo el filme. Técnicamente, “Cónclave” despliega solemnidad sin caer en el vacío pomposo y consigue hacer sentir al público el simbolismo de cada decisión tomada tras el muro.

 

Desde una perspectiva cultural, la película no sólo puso en tela de juicio la fe, la obediencia y el poder dentro de la iglesia, sino que también expuso la fragilidad humana de quienes ostentan el poder. En una época en la que la espiritualidad coexiste con la desconfianza institucional, invita a reflexionar sobre el papel que todavía desempeña la religión en nuestro enramado social. Más allá del catolicismo, es una meditación cinematográfica sobre lo sagrado y lo profano, sobre el alma y su diálogo continuo con el mundo.

 

No se la pierda en plataformas digitales.

Madera: un crimen impune desde hace 60 años


 

Por Edgar Fernández Herrera

 

Este 2025 se cumplen 60 años de la que es, posiblemente, la primera acción insurreccional de la guerrilla mexicana. La gran mayoría de la gente desconoce este pasaje de la historia de México, así como sus consecuencias futuras.

 

El asalto al cuartel de Madera, Chihuahua, fue una acción llevada a cabo por el grupo insurgente Grupo Popular Guerrillero durante la madrugada del 23 de septiembre de 1965. El objetivo era tomar el cuartel militar ubicado en esa ciudad. La idea surgió como respuesta a las violaciones de derechos humanos que sufría la población, así como a la profunda desigualdad social que imperaba en la región. Inspirados en el asalto al Cuartel Moncada, encabezado por Fidel Castro en Cuba —recordemos que en aquellos años la Revolución Cubana aún ejercía una fuerte influencia en América Latina y no había perdido credibilidad—, el movimiento buscaba replicar ese modelo de lucha.

 

La propuesta de una insurrección socialista tenía como finalidad acabar con las injusticias y los abusos cometidos por los terratenientes chihuahuenses. El Grupo Popular Guerrillero se fundó en 1964 en Chihuahua, y estuvo integrado por campesinos, maestros y personas afines al Partido Popular Socialista. Inicialmente, intentaron mejorar las condiciones del pueblo mediante el diálogo, pero al no recibir respuesta a sus demandas, optaron por tomar las armas.

 

Uno de sus principales líderes fue el profesor Arturo Gámiz García, quien encabezó las denuncias contra los caciques locales y exigía el reparto agrario de las tierras, basado en los principios de la Revolución Mexicana. Ante la indiferencia oficial, se propuso atacar el cuartel militar de la zona. El plan era ejecutarlo en la mañana del 23 de septiembre de 1965, aprovechando el factor sorpresa para neutralizar a los 125 soldados que allí se encontraban. Sin embargo, el operativo no salió como se esperaba: los militares, con mejor armamento, lograron repeler el ataque. El enfrentamiento terminó con un saldo de seis soldados y ocho guerrilleros muertos, entre ellos Gámiz.

 

Aunque en apariencia fue un fracaso total, este hecho tuvo una gran relevancia histórica, ya que marcó el inicio del movimiento guerrillero en México. Su impacto se intensificó posteriormente con las matanzas de Tlatelolco en 1968 y el Halconazo en 1971, eventos que abonaron el terreno para la creación de la Liga Comunista 23 de Septiembre en 1973.

 

No se trata de exaltar el uso de las armas. La intención de este escrito es que se conozca, aunque sea un poco, la historia de los movimientos sociales que han surgido en México. Es parte de nuestra memoria como nación, y —nos guste o no— han contribuido a construir la limitada, pero valiosa democracia que hoy vivimos.

Cómo ganar millones antes de que muera la abuela


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

“Lahn Mah”, una cinta tailandesa dirigida por Pat Boonnitipat y que podemos disfrutar en Netflix con el título de “Cómo ganar millones antes de que muera la abuela”, es un relato cargado de angustias, desconciertos y mucho amor. En ella podemos distinguir el admirable vínculo entre una abuela y su nieto (uno del que desconfiaremos en un principio debido a sus intenciones).

 

Como algunas películas del género, la relación de nuestros protagonistas es, en un principio, distante y brusca, pues M, el nieto interpretado por el actor e intérprete de música pop Putthipong Assaratanakul, es apático, frío y muy codicioso. Consciente de que la herencia de la abuela puede ocurrir en cualquier momento debido a su enfermedad, él tratará de llamar la atención de su nana para congraciarse y participar así de la repartición de bienes.

 

De este modo, M renunciará, momentáneamente, a su sueño de ser streamer, para mudarse a casa de Amah, la abuela personificada por la actriz no profesional Usha Seamkhum, ayudar en lo que sea posible y asegurar la merced. Pese a todo, la competencia es fuerte e intensa.

 

Los familiares de M (sus tíos y su madre) pronto manifestarán sus intenciones para desnudar su podredumbre moral y sus despreciables intereses. De esta suerte, nuestro protagonista tendrá que emplear nuevas estrategias que le permitan estar en la jugada; sin embargo, no imagina que sus sentimientos por la abuela podrían cambiar para mal… ¿o no?

 

Sí, “Cómo ganar millones antes de que muera la abuela” es filme cínicamente enternecedor, de esos cuyo fin es que, como espectadores, sollocemos de principio a fin. Pese a esto, es muy recomendable porque vemos cómo dos personas tan desemejantes (él, inmaduro y miserable; ella, solitaria y testaruda) van construyendo una relación tan bonita como piadosa. Sí, vale la pena echarse una chillada por un largo rato.

 

Desde el punto de vista interpretativo, la autenticidad de Usha Seamkhum destaca y su actuación, sin ninguna formación profesional, aporta una naturalidad conmovedora que contrasta marcadamente con la moderación expresiva de Putthipong Assaratanakul.

 

A nivel técnico, la dirección de Boonnitipat ofrece una narración visual íntima que intensifica el impacto emocional a través de una cinematografía cálida y una sobria edición. Desde una perspectiva cultural, “Cómo ganar millones…” ofrece una mirada crítica y humana a las estructuras familiares tailandesas contemporáneas, pues destaca la tensión entre tradición y modernidad y ofrece una reflexión universal sobre el valor de los vínculos emocionales frente a la codicia material.

 

¡Véala sí o sí!

Esos Ojitos Mentirosos

Por Edgar Fernández Herrera

 

Este 2025, particularmente en agosto, apareció en redes sociales un trend donde personas, maquilladas como payasos, muestran su lugar de origen mientras de fondo suena una cumbia: la de “Ojitos Mentirosos”. Quizás, para cuando esto se publique, ese video viral ya haya desaparecido del radar digital.

 

Debo confesar que los primeros videos que vi de esta tendencia me gustaron, a pesar de que, en un principio, no entendía del todo el motivo del maquillaje. No tardé mucho en averiguarlo: los videos mostraban los lugares de origen de los protagonistas, hacían un recorrido por el barrio. Al inicio, la mayoría de los clips provenían de colonias de la Ciudad de México, pero rápidamente comenzaron a aparecer desde otros estados de la república. El maquillaje es una referencia a la película mexicana Chicuarotes, estrenada en 2019 (no haré ninguna reseña sobre ella, porque, desde mi punto de vista, es una pérdida de tiempo: es una cinta mala, sin mucho que rescatar).

 

Y ahí empezaron los problemas, al menos para mí. Aunque el maquillaje ya estaba “justificado” y hasta el mostrar lugares humildes tenía sentido —considerando que la película se desarrolla en San Gregorio Atlapulco, en la alcaldía Xochimilco—, el mensaje que transmitían los primeros videos parecía claro: mostrar con orgullo lo difícil que es crecer y sobrevivir en el barrio. Sin embargo, la canción no tiene ninguna relación directa con la película. Uno pensaría que “Ojitos Mentirosos” forma parte del soundtrack, pero no es así. Aun así, la cumbia es sumamente representativa de los “Sonidos” y de los bailes callejeros, los cuales casi siempre se celebran en zonas populares. Es decir, aunque no sea parte de la película, sí conecta con el entorno.

 

Como todo trend de cualquier red social, más allá del afán de monetizar o ganar likes, hay que reconocer que muchos de estos videos buscan resaltar aspectos culturales y la idiosincrasia mexicana: sus barrios, sus colores, incluso sus sabores. Muestran el orgullo de ser de donde uno viene, de crecer en el barrio, de resistir. Pero también hay quienes aprovechan para visibilizar las desigualdades que se viven todos los días en el país.

 

Hasta ahí, yo no tenía ningún problema. Entendí el objetivo de este nuevo video viral. Sin embargo, la sobreexposición trajo consigo un hartazgo, que podría considerarse una molestia menor. El verdadero problema de la tendencia de “Ojitos Mentirosos” es que algunos influencers están romantizando la pobreza. Se les olvida que el objetivo inicial era mostrar las dificultades cotidianas que enfrentan millones de personas, especialmente en la Ciudad de México. Pero, en su afán por ganar seguidores, monetizar contenido y conseguir fama, trivializan esas realidades duras, sumándose a la moda sin ningún respeto hacia quienes verdaderamente viven en condiciones precarias, aquellos que deben salir cada día a buscar el sustento para sus familias.

 

En un tema más trivial, debo admitir que, de tanto ver videos, terminé harto de la canción “Ojitos Mentirosos”. Es una cumbia hermosa, que narra una historia de amor marcada por la traición y el dolor, aunque todo eso se disimula gracias a su ritmo bailable y pegajoso. Confieso también que, hasta hace poco, desconocía totalmente el origen de la canción. La he escuchado durante años, pero nunca supe quién la interpretaba. Recientemente descubrí que los créditos se los lleva una banda llamada Tropicalísimo Apache, que la publicó hace más de 30 años. Aún ignoro muchos detalles, pero prometo investigar.

 

Como toda moda, ésta también desaparecerá pronto, y vendrán otras, y muchas más. Pero por ahora, ¿ustedes qué opinan del trend de “Ojitos Mentirosos”? ¿Creen que tiene un trasfondo político y social o solo es una moda más que romantiza la pobreza?

 

Los leemos con gusto.

 

Ah!!


 

Por Oscar Fernández Herrera

 

 

Con una trayectoria que ya rebasa las tres décadas, algo bastante inusual para los artistas japoneses, el DJ y productor Towa Tei nos ha regalado prodigios sonoros como “Last Century Modern”, “Mach2012” y “Flash”, sólo por mencionar los más populares. Su capacidad para adaptarse y transformarse frente a las modas es, quizá, su mayor virtud. Una que le ayudó a forjar una carrera musical tan apasionante como radical.

 

“Ah!!”, su más reciente producción, se dio a conocer como “su último disco”, algo que, en un principio, no disparó las alarmas porque Tei se encuentra en un retiro continuo (con sus vaivenes), lo que le ha permitido la grabación de algunos álbumes en solitario y con Sweet Robots Against The Machine, su proyecto alterno.

 

Como en otros de sus apasionantes episodios musicales, este álbum es un coctel de ritmos que se pasean del lounge al pop más experimental, sin olvidar la electrónica que tanto impulsa el DJ. En las once canciones que lo integran apreciamos a un artista tremendamente habilidoso y feliz de hacer música. Para este grandioso “Ah!!”, la lista de colaboradores es sorprendente, pues incluye a figuras destacadas como Takkyu Ishino, Yukihiro Takahashi, Haruomi Hosono, Chappo, Verbal y muchos otros.

 

“The Finest”, el track inicial, con su guiño a Kraftwerk (que ya había hecho en “Consumer Electronics”, de “LP”, publicado cuatro años antes) redefine la nostalgia para que no iguale a un simple chantaje. Sus sampleos me transportaron inmediatamente a aquellos días cuando escuchaba sus discos en bucle. “Typical!” es un enorme gancho para atraer a un público que, por desgracia, no lo conoce.

 

“B4GP4B”, una reinterpretación de “Blue For Girls, Pink For Boys”, de “Lucky”, es diferente a pesar de las reminiscencias sonoras a la original. Esto demuestra el talento de Towa para reconstruirse a partir de sus grandes clásicos.

 

Para referirme con términos técnicos, “Ah!!” demuestra una sofisticación sónica que combina el dominio del sampling con una curaduría precisa de texturas electrónicas, donde cada pista parece estar minuciosamente ensamblada para sorprender y deleitar. En lo cultural, el disco funciona como un archivo viviente de la música japonesa contemporánea, en el que colisionan generaciones, estilos y visiones sin perder el pulso lúdico que siempre ha caracterizado a Towa Tei.

 

Si este fuera verdaderamente su último álbum, sería una despedida vibrante y elegante, tan fiel a su esencia como generosa con su legado. Espero que nuevos discos se publique próximamente.

Antes de tiempo: músicos que el rock perdió demasiado pronto

  Por Edgar Fernández Herrera     Hablar de muertes muy prematuras en el mundo del rock implica remitirse casi obligatoriamente al cél...